“Recuerde, querido delincuente, por la boca muere el malo”.

Sheila Queralt (España, 1987) es la autora de Atrapados por la lengua. 50 casos resueltos por la lingüística forense (2020). Esta prestigiada especialista en Lingüística forense y perito judicial forense y en criminalística, nos introduce a una disciplina que actualmente es indispensable para la resolución de casos criminales reales.

Los lingüistas forenses se interesan por el “cómo se dice” y parten de las premisa de que  la escritura delata a la persona.  Cuando hablamos o escribimos, construimos sintagmas fragmentados en segmentos que contienen información sobre el hablante o el que escribe.   Los rasgos lingüísticos observados en esos segmentos son cuantificados, analizados y comparados con patrones estadísticos, mismos que se presentan en sus dictámenes periciales con las conclusiones más probables sobre   múltiples factores como origen, edad y/o nivel educativo.

Por ejemplo, analizan el uso: de ambigüedades y eufemismos; de la forma pasiva; de los pronombres indefinidos para referirse a actos; de las veces que un sujeto pronuncia una “te”  o la duración de las “enes”; miden la velocidad del habla de las personas (“…mi velocidad de habla se dispara por encima de la media nacional de 6,60 sílabas por segundo sin contar pausas. Ostento un récord personal de 7,96 en habla espontánea”, dice la autora); miden las veces que vibran las cuerdas del hablante en un segundo, diferente entre hombres y mujeres (“los hombres suelen tener un valor de F0 cercano a los 125 Hz, mientras que las mujeres suelen estar entre los 180 y los 220 Hz”).  Observan la utilización de las mismas palabras para los mismos referentes, su orden, o con qué otras palabras suelen conectarse (el método CUSUM, analiza estadísticamente la frecuencia de aparición de diferentes variables lingüísticas).  Y muy interesante, buscan lo singular, porque, citando a Sherlock Holmes, “La singularidad es casi siempre una pista. Cuanto más anodino y común es un crimen, más difícil es resolverlo».

Los lingüistas forenses también estudian cómo hablan los jueces y los abogados, analizan las traducciones que hacen los intérpretes durante procesos judiciales y “el lenguaje utilizado por los policías durante las entrevistas con los sospechosos, las víctimas o los testigos. Por cierto, la conversación que mantienen con personas de interés para la investigación ya no se llama «interrogatorio»””…¿Quién suele referirse a las personas solo por su apellido? Exacto, personas del ámbito forense, como abogados, jueces, peritos y, sí, policías”.

Entre otros temas, este fabuloso y fascinante libro trata las  “.. fake news. Aunque, la verdad, yo prefiero hablar en términos de «desinformación»” yde la aplicación de los principios de la lingüística forense a la Inteligencia artificial.  Al respecto informa que en 2017 se creó el Centro de Inteligencia Artificial en el Instituto Interregional de Investigación del Crimen y la Justicia de la ONU (UNICRI, por sus siglas en inglés) para explorar cómo esta tecnología puede utilizarse para prevenir los delitos y cómo pueden utilizarla los cuerpos de seguridad. Los expertos lingüistas pueden asesorar para mejorar los algoritmos de estas nuevas herramientas, ofreciendo patrones que puedan identificar si realmente un discurso concuerda con la cara de la persona que parece pronunciarlo.

Uno de los 50 casos que se revisan en este libro, es el de John Kaczyns el “Unabomber”, conocido así por las cartas-bombas que, entre 1978 hasta su detención en 1996, envió a personal de universidades y de compañías aéreas (UNABOM: University y Airline Bomber). El  “Unabomber” era un ávido lector y el autor de La sociedad industrial y su futuro, uno de los textos más famosos en el ámbito de la lingüística forense.

La Lingüística forense es una disciplina de reciente creación (fines de la década de los setenta del siglo pasado). Actualmente es una disciplina multifacética consolidada y aceptada internacionalmente que se sustenta en el lenguaje y el derecho, para realizar investigaciones científicas sobre el lenguaje, oral o escrito, que son aceptadas como pruebas periciales en procedimientos como los judiciales.  Sobre la formación los lingüistas forenses, Sheila Queralt nos habla de su formación: “para ser lingüista forense estudié un máster en Lingüística Forense, que complementé con otros cinco: Policía Científica e Inteligencia Criminal, Ciencias del Grafismo, Estadística Aplicada a la Investigación, Lingüística Teórica y Aplicada y, por último, Criminalística.”  También explica que los laboratorios de lingüística forense trabajan con “equipos formados por detectives, analistas de datos, expertos en cibercrimen, perfiladores criminales… A esta figura siempre se le formula una pregunta fundamental: «¿Qué tipo de persona puede haber hecho algo así?»”.

Actualmente, uno de los focos de trabajo más importantes para los lingüistas forenses es el cibercrimen y, en particular, las redes sociales. La autora da datos del Ministerio del Interior español de que los ciberdelitos suponen el crimen organizado más grande del siglo XXI. De hecho, el 80 % de los ciberataques los realizan bandas y redes con una extrema organización.

Sheila Queralt. España, 1987.

Sheila Queralt. Atrapados por la lengua. 50 casos resueltos por la lingüística forense. España: Larousse. 2021. 240 págs. Ed. Kindle.