Pepe Carvalho

Tratar de huir de la propia edad, de la propia condición social, lleva a la tragedia. Piensen en eso cada vez que tengan la tentación de marcharse a los mares del Sur.

Los mares del Sur (1979) narra el cuarto caso de Pepe Carvalho del gran Manuel Vázquez Montalbán (España 1939-2003), cuando lo contratan para investigar el último año de la vida de un muy rico inversionista, antes que su cuerpo fuera encontrado en un terreno a las afueras de Barcelona; había sido asesinado a navajazos.

Pero,  ¿se puede decir algo más de todo lo que se ha escrito sobre el muy querido Pepe Carvalho?:

Sí. La relectura de sus 24 casos nos vuelve a sorprender. Nos recuerda momentos de la vida de España (y de alguna manera del mundo) desde la década de los setenta.  Percibimos con más profundidad su carácter desenfadado, a veces sublime y a veces un tanto pedestre, astuto pero no siempre prudente, ocurrentemente irónico y sarcástico.

“Los detectives privados somos tan útiles como los traperos. Rescatamos de la basura lo que aún no es basura. O lo que bien visto podría dejar de ser considerado basura”.

Recordamos su excentricidad:

“Como si adivinara sus pensamientos, Fuster exclamó sin volver la espalda: “…—Cuidado, Sergio, que éste es un quemalibros. Los utiliza para encender la chimenea. Beser se enfrentó a Carvalho con los ojos iluminados. —¿ Es cierto? —Completamente cierto. —Ha de producir un placer extraordinario. —Incomparable. —Mañana empezaré a quemar aquella estantería. Sin mirar qué libros son. —Produce mucho más placer escogerlos. —Soy un sentimental y los indultaría”.

Y sus muy singulares relaciones: Charo, la prostituta de oficio, lo más parecido a su pareja sentimental. Biscúter, su viejo compañero de cárcel, más que empleado, su cómplice en la cocina

 “…la diferencia que había entre Biscuter y Bleda era que más o menos, mejor o peor, Bleda era de cierta raza y Biscuter no”.

El limpiabotas Bromuro, su informante y “soplón”con quien tiene aparentes prosaicas pláticas. Su vecino Fuster, tan solitario y gastrónomo como él

“…como dice Baudelaire, el dandy debe aspirar a ser sublime siempre. Debe vivir y dormir delante del espejo.”

Y sobre todo lo anterior, volvemos a disfrutar al irredento gastrónomo,  saboreamos las  descripciones de los platillos que él o Biscuter preparan y conocemos la cocina española a través de sus discusiones gastronómicas con Fuster.

“…Salió Carvalho con el paquete de queso del Casar, Cabrales, Idiazábal, chorizos de Jabugo, jamón de Salamanca para todo comer y una pequeña muestra de Jabugo para las depresiones”.

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Los mares del Sur es su cuarto caso y fue publicado por primera vez en 1979 cuando España vivía sus primeros años de democracia.  Carvalho está en sus cuarenta,

“…Cuando cumplí cuarenta años me hice un resumen de lo que me esperaba: pagar las deudas y enterrar a los muertos. He pagado esta casa y he enterrado a mis muertos. No puedes imaginarte lo cansado que estoy. Ahora descubro que ya no tengo tiempo de contraer deudas importantes. No podría pagarlas. El único muerto que me queda por enterrar soy yo mismo”.

En su oficina en Las Ramblas recibe a un nuevo cliente, un  prestigiado abogado de nombre Jaime Viladecans Riutorts y a la señora Stuart-Pedrell, “una mujer de cuarenta y cinco años que hizo daño en el pecho a Carvalho”.

El cuerpo de su esposo Carlos Stuart-Pedrell había sido encontrado en un terreno, asesinado a navajazos. Pero a la viuda no le interesa quién lo asesinó, le interesa saber qué hizo su esposo el año anterior a su muerte cuando había desaparecido después de decir que viajaría a Polinesia.

“ —Mi marido se fue en plena crisis. No era un hombre en sus cabales. Cuando estaba sereno, lo cual era un milagro, se colgaba de cualquiera para contarle la historia de Gauguin. También él quería ser Gauguin. Dejarlo todo y marcharse a los mares del Sur. Es decir, dejarme a mí, a sus hijos, sus negocios, su mundo social, lo que se dice todo”

La viuda le entrega a Carvalho una hoja de agenda arrugada que habían encontrado en su cuerpo y donde alguien había escrito: “…più nessuno mi porterà nel sud” « Ya nadie me llevará al sur».

Carvalho investiga a su familia y a sus negocios. Conoce a una muy desinhibida hija, revisa su biblioteca y encuentra entre unos poemas el subrayado “I read, much of the night, and go south in the winter”. “…Leo hasta entrada la noche y en invierno viajo hacia el sur.”

Sus pesquisas lo llevan a un barrio que el autor llama San Magín, levantado por una “banda de especuladores inmobiliarios”, prototipo de los barrios que se construyeron por los años sesenta destinados a un proletario inmigrante y que evidencian la mezquina especulación de los desarrolladores y urbanistas y la corrupción de las autoridades que autorizaban la construcción de viviendas sin los mínimos niveles de calidad, con ínfimos materiales, fallas en el alcantarillado y sin servicios asistenciales.

Un personaje sublime de la barriada de San Magín es la joven Ana Briongos, ejemplo “del miedo a ser todos víctimas de un mediocre y fatal viaje de la pobreza a la nada” quien lo conduce a una pandilla de navajeros.

“Un crimen a la navaja es más difícil de descubrir que un crimen de pistola. ¿Quién no tiene navaja? Es una muerte fría. Ves los ojos de la muerte”.

Manuel Vázquez Montalbán, España. 1939-2003.

Manuel Vázquez Montalbán, Los mares del Sur. España: Grupo Planeta. 2013. 220 págs. Kindle Edition.

Ir a la reseña de Galíndez.