Tokyo Express (1958)

Torigai y Mihari

Tokyo Express es una novela policial estructurada en torno a la red ferroviaria y de transportes del Japón de la posguerra. Sorprende que lo que podría parecer un asunto poco atractivo —horarios, andenes, distancias, recibos— se transforme en una extraordinaria narración de investigación criminal.

La trama es rigurosa, elegante, impecable, los ambientes y los personajes se presentan con brevedad, pero con gran contundencia. Los dos detectives —Torigai, el policía local, veterano y meticuloso, y Mihara, el inspector de Tokio, joven y analítico— combinan sus miradas para desmenuzar hasta los detalles más nimios y, con sus mentes, ir uniendo líneas que ya no son ferroviarias, sino las de la razón.

Tatsuo Yasuda era el presidente de una importante compañía de maquinaria industrial con numerosos contratos con el gobierno. Estaba casado. Su esposa vivía en Kamakura, a unas horas de Tokio, estaba enferma de tuberculosis.

En la tarde del 13 de enero de 1957 Tatsuo Yasuda invitó a un alto funcionario del Ministerio de gobierno, a comer al restaurante Koyuki en Tokio. Era habitual que Yasuda invitara a personas a ese restaurante y siempre era atendido por las jóvenes meseras Toki, Yaeko y Tomiko.

El 14 de enero, Tatsuo Yasuda invitó únicamente a Yaeko y a Tomiko a comer en un restaurante de moda; le dijo a Toki que la invitaría en otra ocasión. Al terminar, les pidió que lo acompañaran a la estación: su tren hacia Kamakura salía a las 6:12. Insistió en que fueran con él hasta la plataforma 13, desde donde partiría.

Desde ahí, Yasuda y las dos jóvenes podían ver las plataformas 14 y 15. En la 15 estaba detenido el Asakaze Express, con destino a Hakata, en Kyushu. Se sorprendieron al distinguir a Toki: conversaba con un joven y parecían disponerse a abordar ese tren. ¿Quién sería aquel hombre? se preguntaron Yaeko y Tomiko. Sabían poco de la vida privada de su amiga, pero últimamente recibía llamadas telefónicas y se comportaba de manera extraña; quizá tenía un amante secreto. De pronto, la llegada de otro tren a la plataforma 13 bloqueó por completo la vista de la 15.

El 21 de enero, hacia las seis de la mañana, en una fría playa de Kashii, aparecieron los cuerpos de un hombre y una mujer. La estación de Kashii era pequeña; se encontraba tres paradas antes de Hakata (hoy parte de la ciudad de Fukuoka, en la isla de Kyushu, en el sur de Japón). En los años cincuenta, el trayecto en tren desde Tokio hasta Hakata podía durar hasta 20 o 22 horas.

La policía local de Fukuoka concluyó que se trataba de un suicidio: ambos habían ingerido cianuro de potasio mezclado con jugo de naranja, según una pequeña botella hallada junto a los cadáveres.

En el saco del joven se encontró una tarjeta de presentación: Kenichi Sayama, Subjefe de Sección, Sección X, Ministerio X. Tenía 31 años. En el bolso de la mujer había otra tarjeta: Toki, Restaurante Koyuki, Akasaka, Tokio.

Para los detectives Torigai y Mihari había tres enigmas que contradecían el supuesto suicidio: los cuatro minutos durante los cuales se pudo observar la plataforma 15 desde la 13; un recibo del coche comedor que indicaba “un comensal”; una pareja (o dos) caminando desde la estación en Kashii la noche del supuesto suicidio.

No puedo dejar de advertir el extremo respeto, casi ceremonial, que proyectan los diálogos entre Jūtarō Torigai, el veterano en la Policía de Fukuoka, y Kiichi Mihara, el inspector de la Segunda División de Investigaciones del Departamento de Policía Metropolitana de Tokio.

Y el insólito ensayo de la Sra. Yasuda: “Paisaje con figuras”, inspirado en los horarios de trenes y en los nombres de las estaciones del horario ferroviario.

“I can picture to myself the mountains surrounding those villages and towns, the way the houses look, even the people walking to and fro. In his famous Essays on Idleness, Kenkō writes: “As soon as I hear someone’s name, I feel I can picture their face.” My mind works in much the same way. Whenever I find myself at a loose end, I can open the timetable at any page and enjoy traveling through San’in, Shikoku, or Hokuriku—wherever I please”.

 

El castillo de arena (1961)

Eitaro Imanishi

 

El escritor japonés Seicho Matsumoto (1909-1992) ubica su novela 砂の器  Suno no utsuwa, El castillo de arena (1961), en Tokyo, hacia 1960.

En la comisaría de Shinagawa de Tokio se instaló el equipo de investigación del asesinato de la primera víctima, de unos “cincuenta y cinco años y parecía un trabajador humilde…”. Se le había visto en el bar Tory, lo que “demostraba que no podía permitirse un sitio más refinado”. Las únicas pistas que tenían eran que había estado acompañado por un hombre más joven, de unos treinta años, que hablaban con un acento diferente al de Tokio, y que repetían un nombre, “Kameda”. Un apellido común en una región del mismo nombre en el noroeste de Japón. “Los inspectores iban de un lugar a otro día tras día haciendo pesquisas y regresaban a la comisaría agotados, sin poder disimular la frustración. Uno de ellos era Eitaro Imanishi”.

Eitaro Imanishi tenía cuarenta y cinco años. La estancia de su casa medía cuatro tatamis y medio. Tenía que ir a los baños públicos porque “para tener bañera, los Imanishi tendrían que ampliar la casa, y les resultaba difícil ahorrar el dinero suficiente”. Su esposa Yoshiko le preparaba el sake caliente, los cuencos de arroz, el sukiyaki, el sashimi de pescado salado, rodaballo o lubina. Su hijo Taro tenía diez años y su hermana, Oyuki alquilaba habitaciones. Escribía haikús* y ya no tenía más sitio para los bonsáis que cultivaba en su pequeño jardín.

La investigación policiaca estaba fracasando y tuvo que suspenderse semanas después. Pero Eitaro Imanashi era obstinado y con buen ojo para los detalles. Además, sucedieron otras muertes.

Eitaro Imanashi se movía en metro en la ciudad. En trenes, autobuses y taxis cuando viajaba para investigar en ciudades y pueblos por todo Japón. De norte a sur, y de este a oeste. En la región de Kameda, productora de fideos secos, investigó a un forastero que estuvo todo un día “…quieto frente al lugar donde secan los fideos”. Eitaro escribió el haikú “Los fideos secos se mecen entre los verdes brotes y resplandecen”. La costa del mar de Japón, que tiene un color más oscuro que el océano Pacífico, le inspiró otro haikú: “Viaje al norte. El mar, un azul oscuro, un verano aún joven”. En la región de Kamedake conoció a un fabricante de ábacos que le habló de la convención anual de poetas.

En la estación de tren de Iwaki vio a un grupo de cuatro jóvenes con maletas que eran asediados por reporteros y fotógrafos, “informalmente arreglados, al estilo de los intelectuales modernos” pensó Eitaro. Eran miembros del grupo “Nouveau”. “El de la camisa negra era Eiryo Waga, compositor. Junto a él estaban el dramaturgo Toyoichiro Takebe, el crítico Shigeo Sekigawa y el pintor Mutsuo Katazawa”. Todos menores de treinta años.

Eitaro era respetuoso al pedir favores a colegas y médicos forenses. Escribió innumerables cartas a otras comisarías, a los registros civiles, y a personas que iban apareciendo en su investigación.

Se conoció el nombre del primer hombre asesinado y se sucedieron otras muertes, que Eitaro fue relacionando con el grupo “Nouveau”: la camarera Emiko Miura que quería tener su bebé. Rieko Naruse “La chica de la ventisca de papel”, que esparció pequeños trozos de papel blanco desde las ventanillas de un tren, que era secretaria del teatro de Vanguardia, y que había robado el impermeable utilizado por el joven actor Kunio Miyata quien aparentemente había muerto por un infarto.

En un final clásico de las novelas policiacas, las muertes se explican por el timbre que se propaga por el espacio a través de las ondas sonoras, sonidos que si se emiten a ciertas frecuencias pueden ser desagradables para el oído humano. “Me gustaría destacar que se trata de un método que nunca habíamos visto”.

Seicho Matsumoto empezó a escribir a los cuarenta años. Hasta su muerte, a los ochenta años, escribió cerca de 450 textos. Sobresalen sus 推理小説, suiri shōsetsu, literalmente “ficción de razonamiento deductivo”.

*Haikú: poema breve de 17 “moras” o sílabas. Se compone de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas. “Moras”: unidad que mide la duración de los segmentos fonéticos que componen la sílaba.

ETIQUETAS: POLICIACO. ENIGMAS. TRENES.

Seicho Matsumoto (Kokura, Kitakyūshū, Japón, 1909-1992)

Seichō Matsumoto. Tokyo Express. The Modern Library/Penguin Random House. 1958. 159p. K.

Seicho Matsumoto. El castillo de arena. Barcelona: Libros del Asteroide. 2023. 373 págs. Edición Kindle.