*Ilustracion de la cubierta: detalle de un manuscrito iluminado bifolio armenio, siglo XV. The MET Museum, Nueva Yok.
El genocidio ocupa el primer lugar en el catálogo de las transgresiones: ocurre cuando el odio arrasa con la humanidad del “otro”. El genocidio se define como la “destrucción intencional de un grupo como tal”. El genocidio es la transgresión más grave en la jerarquía moral y jurídica: se le llama con frecuencia “el crimen de los crímenes”.
Katerina Poladjan nació en Moscú (1971), y vive en Alemania desde 1979. Su ascendencia armenia marca su obra literaria. Escribe en alemán y se nutre de las diferentes culturas, de la memoria familiar y de la colectiva.
Publicada originalmente en alemán como Hier sind Löwen (2019), apareció en español con el título Hic sunt leones —en latín, «Aquí hay leones»—: en los viejos mapamundis, esa leyenda marcaba los territorios desconocidos, inexplorados o peligrosos.
Hic sunt leones es un libro maravilloso y terrible: maravilloso por la minucia con que describe la restauración de manuscritos antiguos y por su recreación de la vida armenia contemporánea; terrible por la historia de los armenios.
En el primer capítulo del libro Hic et nunc, (“aquí y ahora”), Helen llega a Ereván
“«¿Helen Mazavián? Me llamo Levón Petrosián, bienvenida a Ereván», dijo el hombre en ruso. Le habían encargado llevarme al apartamento en el que iba a residir las próximas semanas”.
La protagonista y narradora es Helen Mazavian. Vive en Alemania, es restauradora y encuadernadora de manuscritos antiguos. Llega a Ereván, la capital armenia, gracias a un programa de intercambio científico para aprender las técnicas de restauración de libros en Instituto Mesrob Mashtóts y en el Archivo Central de manuscritos armenios.
Sara, la madre de Helen, le había entregado una fotografía en la que aparecían trece personas y en cuyo reverso podía leerse “Artashat 1957”,
“…esta foto proviene del legado de tus abuelos, no sé de dónde la sacaron. Ya sabes, tus abuelos no contaban mucho. Este de aquí es mi tío Antón Mazavián, el hermano de mi padre. Son miembros de la familia, no sé quién sigue vivo”.
La madre, Sara Mazavián, había llegado de Moscú a Bamberg, en Baviera.
La historia de Anahid y de Hrant transcurre en paralelo a la de Helen y la completa. “Ordu sonaba como el interior de una nuez, como cascos en la arena. Ardía en Ordu”. Ordu es una ciudad costera turca en el Mar Negro que durante siglos estuvo poblada mayoritariamente por armenios. En 1915, el narrador en tercera persona cuenta la historia de los niños Anahid y de Hrant. Anahid tenía catorce años, su hermano seis. “Algo terrible estaba ocurriendo”. Un día las autoridades anunciaron que los armenios debían trasladarse, que salieran, que sus casas y bienes habían sido confiscados. El padre le dio a Anahid una bolsa de cuero con el viejo libro de la familia dentro. Les dijo que huyeran, que no se detuvieran. Durante el genocidio del año de 1915, cerca de dos millones de armenios fueron ejecutados o deportados por las autoridades otomanas.
En el instituto le entregan a Helen el manuscrito en el que iba a trabajar
“Un evangeliario con milagros curativos de Jesús, levántate y anda, abre tus ojos y mira, datación estimable en torno a 1710, tripa ondulada por posibles daños de humedad, costuras deterioradas. Encuadernación en cuero integral, probablemente de ternera, decoración impresa en seco, quince centímetros de ancho y veintiún centímetros de alto. Mellas en los cantos y cabezadas, en la cubierta y la contracubierta arañazos y rozaduras. Había restos de la solapa trasera —la puertita característica de los manuscritos armenios— pegados en el interior de la contracubierta. De la puertita ya apenas quedaba un tercio, no se conservaban cierres. Lo pesé en la mano, un melón pequeño, una piedra mediana. Palpé el lomo, era liso como en los manuscritos orientales”.
Helen irá describiendo con detalle el proceso de la restauración previa a la encuadernación. No hablaba armenio y desconocía los treinta y seis signos para treinta y seis sonidos que tenía el alfabeto armenio que inventó Mesrob Mashtóts a comienzos del siglo quinto para que pudiera leerse la Biblia en armenio. “Los monjes entendían lo que copiaban, yo en cambio necesitaba comparar cada frase de las instrucciones con la traducción rusa y la inglesa”.
Helen se integra a la vida familiar de sus colegas, las comidas, las pláticas, las experiencias del genocidio y del destierro. Le sorprende la vista del Ararat durante sus paseos por la capital y por pueblos cercanos, ese monte donde encalló el arca de Noé, que históricamente pertenecía a Armenia, pero situado hoy en suelo turco. Con la misma paciencia con la que levantaba capas de polvo en las hojas del manuscrito para encontrarse con las imágenes y los textos, Helen emprende viajes más lejanos en busca de personas que hubieran conocido a miembros de la familia Mazavián, mostrando la fotografía de 1957 y la imagen del tío Antón, hermano de su abuelo Mgrdich.
El manuscrito que restauraba Helen es un evangeliario de curaciones: una biblia familiar, objetos de uso cotidiano, de tamaño pequeño para poderse transportar. Al final aparecen los nombres de los dueños y de sus familias.
“Ve, empieza en 1733, mucho tampoco puedo leerlo, luego hay registros de los años 1793, 1898, 1901, 1915. El último registro es de 1963. Anapa 1963». «¿Anapa?». «Una ciudad junto al Mar Negro. En el sur de Rusia». «¿Cómo que Rusia?». «Quizá la dueña o el dueño de este libro vivió en Rusia. En la época soviética Anapa era un balneario. «¿Cómo llegó el libro hasta aquí? Aún no me lo ha contado». «Creo que llegó por correo”.
“«Aquí pone, Anahid, nacida en 1901, Sarkis, nacido en 1902, Keghuhi, no puedo leerlo, Sona, nacida en 1909 o 1919, y Hrant, nacido en 1908. “…En la época de las deportaciones muchos armenios pudieron huir a Abjasia. Algunos se quedaron allí, muchos llegaron hasta Rusia. A todas luces también la dueña o dueño de este libro, aquí hay también apuntes de Anapa”.
Helen escribe: “Abovián. Petrosián. Mazavián. Mi apellido se hallaba de pronto en compañía fonética”. Algo parecido me ocurrió con mi apellido materno “Senosiain” (de origen navarro- vasco).
ETIQUETAS. GENOCIDIO.
Katerina Poladjan (Moscú, Rusia 1971).
Katerina Poladjan. Hic sunt leones. Frankfurt am Main: Armaenia Editorial. 2025. 221 p. K.
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Un poco del contexto de un pueblo con más de tres mil años de historia: Los armenios fueron conquistados por imperios poderosos —persa, macedonio, romano, árabe, mongol, otomano, soviético. Sufrió en 1915 uno de los genocidios más terribles de la historia cuando las autoridades otomanas arrestaron y ejecutaron a cientos de intelectuales y políticos, que deportaron masivamente a la población. Entre un millón y medio y dos millones de muertos. La herida más profunda de la identidad armenia.
El 21 de septiembre de 1991 Armenia declaró su independencia. No obstante, su historia de invasión y despojo, el pueblo armenio ha conservado su lengua, su alfabeto, su iglesia y su identidad.
Armenia ocupa hoy apenas una décima parte de sus territorios ancestrales en Eurasia. Sin salida al mar comparte frontera con Turquía, Georgia, Azerbaiyán e Irán. Es un estado unitario, multipartidista y democrático.
Nombre oficial. República de Armenia. Hayastani Hanrapetut’yun.
Lengua. Armenio (97,9% de la población). Ruso (segunda lengua de facto).
Población. 2.8 millones + 7 millones en diáspora.
Territorio. 29,743 km2. Sin salida al mar.
PIB ~24.000 M $. Crecimiento +5,9%.
Capital. Ereván (1.075.000 hab.).