En su libro The Death of Trotsky. The true story of the plot to kill Stalin’s greatest enemy (2026), el escritor inglés Josh Ireland construye la historia del asesinato de Trotsky como una novela de espionaje en años de guerra. Una obra con múltiples escenarios y ambientes minuciosamente descritos, con una compleja conspiración planeada durante años y narrada con detalle. Con tres ejes: la obsesión del verdugo, el criminal cuidadosamente seleccionado y preparado, y la víctima. Stalin-Ramón Mercader-Trotsky.
¿Cómo pudo el asesino infiltrarse de tal manera? ¿Se puede considerar este asesinato como un “magnicidio”?
Las “revoluciones” en el sentido histórico-político se definen como un proceso de transformación radical y relativamente rápido de las estructuras políticas, sociales y económicas de un Estado —la Revolución Francesa, la Revolución Mexicana, la Revolución Rusa, la Revolución China de 1949, la Revolución Cubana.
La Revolución Rusa de 1917 fue liderada por Vladímir Ilich Lenin y Lev Davídovich Trotsky. Lenin falleció el 21 de enero de 1924. Desde que el bolchevique Iósif Vissariónovich Stalin fue nombrado Secretario General del Partido en 1922, fue consolidando su poder absoluto a través del terror.
Josh Ireland, el autor de The Death of Trotsky, documenta la cruenta rivalidad entre Trotsky y Stalin desde 1917: el odio y la sed de venganza de Stalin, y la obstinación de Trotsky por no dejar de escribir. “In exile he produced a torrent of articles and books that insulted, mocked, and denigrated Stalin, who read them in the course of a single night before emerging the following day “seething with bile”.
La mano asesina de Stalin fue Jaime Ramón Mercader del Río, también conocido como Jacques Mornard, Franc Jacson y Ramón Ivánovich López. Uno de los cinco hijos de Eustacia María Caridad del Río Hernández, nacida en Santiago de Cuba, y Pablo Mercader Marina, miembro de la burguesía textil barcelonesa. Nació en Barcelona el 7 de febrero de 1913. Su madre fue comunista y agente del NKVD, el servicio secreto soviético. Ramón luchó en la Guerra Civil española en el flanco comunista. Vivió en París. Estuvo unos meses en Nueva York antes de su llegada a México en 1940. Josh Ireland observa que tres de los cinco hijos de Caridad fueron agentes de la NKVD.
Josh Ireland no consigna que Ramón Mercader hubiera tenido un trabajo formal durante su vida. Lo describe vestido con lujo, frecuentando restaurantes caros y gastando mucho dinero. Hablaba español, catalán, francés e inglés perfectamente. Era encantador socialmente, sabía algo de muchos temas y tenía memoria fotográfica. Era un playboy que se juntaba con jóvenes de izquierda, una especie de Don Juan comunista, famoso por sus muchas conquistas durante la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial, un contexto fecundo de espías. En París empezó a colaborar con la NKVD.
“Ramón was, in short, the perfect spy. He was also a fanatic communist, desperate to remake into a utopia the imperfect world into which he had been born. It was precisely these qualities that sent him on a journey that ended with him killing Leon Trotsky in cold blood in his study in Mexico City”.
“Two thousand miles away, in Moscow, another kind of civil war was beginning. The Terror, when it came, was the product of both Stalin’s ambition and his paranoia”.
En la década de los treinta del siglo pasado, Stalin fue el hombre más poderoso de una de las naciones más poderosas. Desapareció y mató a miles de personas, entre ellos un hijo, dos hermanos y los sobrinos de Trotsky. Desde que sus caminos se cruzaron a principios del siglo XX, Stalin se obsesionó por destruir a Trotsky. “There were no upper limits to Stalin’s paranoia or vindictiveness. He was a greedy, indiscriminate hater. He understood Trotskyism as a particularly virulent virus”.
El padre de Trotsky fue un granjero analfabeto judío de una parte oscura de lo que hoy es Ucrania. Durante la revolución de 1905 Lev Davidovich Bronstein empezó a figurar, tenía veinticinco años. En 1917 el Zar abdicó. Trotsky y Stalin se veían en todas las reuniones y conferencias políticas. Pero fue Trotsky, no Stalin, quien surgió como figura preeminente una vez que los bolcheviques estuvieron en el poder. Trotsky inicialmente apoyó a los bolcheviques cuando el partido se dividió entre los bolcheviques de Lenin y los mencheviques. Trotsky mutó a una posición más independiente, llamándose a sí mismo “un socialdemócrata sin facciones”.
Trotsky y Stalin sentían una repulsión inmediata y casi física el uno por el otro.
“Joseph Stalin was compact and ungainly, with a withered left arm and a pockmarked, sallow face whose expression told nothing of what he felt”.
“Stalin hated Trotsky’s delicately balanced pince-nez and sweep of dark, glossy hair, his self-confidence, eloquence, and authority. Trotsky was repulsed by the Georgian’s pockmarked face, his coarse manners, his provincialism”.
Lenin murió en 1924. En 1927 Trotsky fue expulsado del Politburó y condenado al exilio interno en Alam-Ata, Kazajstán. Trotsky logró escapar Turquía, en 1933 Francia le otorgó asilo con la condición de que no podía vivir en París y después se asiló en Noruega, cada vez más aislado. En Rusia, en 1936, Trotsky y Lev Sedov, su hijo mayor, fueron condenados a muerte “in absentia”.
“He could not move without Moscow knowing about it. He could not write, or receive, a letter without Moscow reading it. His correspondence was either confiscated or simply intercepted by the NKVD”.
En enero de 1937 Trotsky, su esposa Natalia y algunos de sus aliados llegaron a México En el capítulo titulado “The Only Honest Government in the World”, Josh Ireland describe cómo fueron recibidos por Lázaro Cárdenas el presidente de México, gracias a el empeño de socialistas españoles y de Diego Rivera. Frida Kahlo, la esposa de Diego, les ofreció su casa de Coyoacán.
“Within days of his arrival, a cohort of experienced Soviet agents slipped into the country. They were there to watch him”.
Trotsky y Natalia no hablaban español a su llegada a México, pero en meses Trotsky lo aprendió en meses. Se dedicó a escribir libros, vendió su correspondencia, ofrecía seminarios y concedía entrevistas, escribía para diarios. Su primer asistente, hija de un ruso, fue conectada por la NKVD para pasar información, y parece posible, afirma Ireland, que también trabajara para el FBI.
Diego Rivera y Frida Kahlo asistieron a las audiencias en la ciudad de México en abril de 1937, que llevó a cabo John Dewey como presidente de la Comisión Preliminar de Investigación sobre las acusaciones formuladas contra Trotsky en los juicios de Moscú. Poco después Trotsky y Diego se distanciaron. Trotsky y Natalia se trasladaron a una casa en la calle de Avenida Viena, también en el rumbo de Coyoacán.
La casa de Avenida Viena en el barrio de Coyoacán, se fortificó con bardas y guardias. Trotsky y Natalia recibían visitas. Trotsky trabajaba en su estudio dictando innumerables artículos, cartas, y en su biografía de Stalin.
Un año antes, en 1936 Caridad había viajado a México. Es probable que, en ese año, en París, empezara el contacto de Ramón con miembros del NKVD. Josh Ireland menciona a Alexander Orlov, Yakov “Yasha” Serebryansky, Eitingon, Leonid Eitingon, entre otros más.
“Paris had more NKVD informers and agents than any other foreign city. Central to the NKVD’s operations was the Union for Repatriation of Russians Abroad. In practice it was a recruiting center for NKVD killers who could be used to prosecute the Soviet Union’s war against the former White soldiers who had escaped to France after the Civil War”.
Stalin ordenó a el entonces jefe de la NKVD, Beria, preparar la liquidación de Trotsky. Beria comisionó a Sudoplatov con dos instrucciones
“The first was how to find a way into a strongly defended compound. Planning information. The second problema was ensuring that the assassination could not be blamed on Moscow”.
Los agentes de la NKVD le expresaron a Ramón Mercader, lo que se esperaba de él. “That he agreed is no surprise. To hate Trotsky and anybody who supported him would not have made Ramón in any way remarkable among the sorts of people with whom he mixed. It was another element of his personality shaped by the conflicto”.
Se necesitaba a alguien “políticamente impecable”, que simpatizara con el comunismo, sin ligas con la NKVD, un canal para introducir a Ramón en la casa de Avenida Viena. Se preparó el encuentro de Ramón con Sylvia Ageloff, una joven estadounidense interesada en el movimiento Trotskysta. De familia judía-rusa hablaba el ruso. Ruth, una de sus hermanas, se había trabajado cinco meses como mecanógrafa de Trotsky en la ciudad de México.
“Either way, at some point during this period, he learned to stop being Ramón Mercader and become somebody else: Jacques Mornard. — Ramón Mercader and Sylvia Ageloff met for the first time on 1 July 1938 at the Ritz bar”. Un playboy exquisitamente vestido, hijo de diplomáticos belgas.
Un mes antes de que Adolf Hitler invadiera Polonia, cruzó el Atlántico con un pasaporte falso con el nombre de Frank Jacson. El 9 de septiembre 1939 quedó registrado en la Isla Ellis: había desembarcado del SS Île de France, tenía treinta y cuatro años, soltero.
En octubre Leonid Eitingon llegó a Nueva York para abrir una compañía de exportación-importación. Poco después Ramón viajó a México con varias maletas de ropa, tenía un permiso de turista de cinco meses, se presentó como exportador de combustibles, llegaba a abrir una compañía de exportación-importación. Su jefe era un tal Peter Lubeck. Era poseedor de una tarjeta American Express. Se hospedó en el hotel Guardiola y compró un automóvil. Sylvia se reunió con él, le escribió a su hermana Hilda que no necesitaba dinero porque Ramón ganaba quince mil dólares al año. Se mudaron a un apartamento de la calle Humboldt. Sylvia tenía amigos Trotskystas en la ciudad, entre ellos la pareja de Otto Schüssler and Gertrude Schrotter. Sylvia logró acercarse a la casa de la calle de Avenida Viena. Un golpe de suerte hizo que la secretaria de Trotsky se enfermera y Sylvia que hablaba francés, español y ruso, la sustituyó para mecanografiar lo que dictaba al dictáfono. Así Ramón (Frank Jacson/Jacques Mornard) pudo conocer la rutina de la casa, la seguridad, los arreglos de líneas telefónicas, cables y alarmas. Los guardias lo llamaban el novio de la señorita Sylvia.
Caridad estaba en México. Su misión era reunir discretamente armas para el asalto que se estaba planeando a la residencia de Trotsky en la casa de la calle de Avenida Viena en Coyoacán. El ataque sucedió en la madrugada del 24 de mayo de 1940 al mando de David Alfaro Siqueiros y una veintena de seguidores portadores de armas y bombas incendiarias. El ataque no duró más de cinco minutos, había balas por todas partes, la policía mexicana contó setenta y tres orificios de bala en la recámara de Trotsky de un total de doscientas en toda la casa. Trotsky y Natalia salieron ilesos.
Después de este fracaso, la NKVD optó por un agente solitario. Junto con Eitingon y Caridad prepararon el plan. Para Ramón, eliminar a la amenaza del futuro de la revolución, y la idea de que si Trotsky era culpable de la décima parte de lo que se le acusaba, su desaparición era justificada. México era la nación ideal para un acto de venganza, además no tenían la pena de muerte.
“The person given the honor of performing this task would become one of the revolution’s greatest heroes… he was only twenty-seven”. “Don’t worry. I’ll do it.”
Trotsky había escrito que sabía que estaba condenado. Se construyó una barda de seis metros de alto alrededor de la casa de Avenida Viena, se reforzaron paredes y pisos con concreto a prueba de balas. La policía mexicana triplicó el número de agentes vigilando la casa.
Para este momento crecían las inconsistencias sobre quién era realmente Ramón, para quién trabajaba, decía que su jefe era un importador diamantes, o de azúcar y combustible, que era un ingeniero. “It would have been easy to compare notes or ask questions. But nobody ever checked”. Cuando Sylvia vio el piolet en su habitación, Ramón le dijo que lo había usado para escalar el Pico de Orizaba y el Popocatépetl.
Josh Ireland recrea las actividades que Ramón Mercader llevó a cabo el asesinato.
Josh Ireland escribió que “On 17 August 1940, the day Eduardo Téllez Vargas also saw Trotsky, Ramón announced his arrival—recorded in the register at four thirty-five p.m” (p.281). Los guardias habían permitido la entrada a Ramón a pesar de que no tenía una cita. Trotsky lo saludó y Ramón le tendió unas hojas mecanografiadas. (La mayoría de las fuentes consignan la fecha del 20 de agosto, entre ellas la del periodista Eduardo Téllez Vargas, quien presenció la agonía de Trotsky en el hospital el 21 de agosto).
Trotsky said, “Oh well, are you going to show me your article?” Ramón simply nodded. “Then,” Ramón later recalled, “he invited me to step into his office. Of course I was counting on that.”
La reconstrucción del crimen supone que Trotsky se sentó en su silla, frente a su escritorio. Que Ramón se sentó en el borde del escritorio a su izquierda, su posición le permitía ver la cabeza descubierta que se inclinaba sobre el manuscrito. Estaba a punto de empezar a leer la segunda página cuando Ramón sacó el piolet del bolsillo de su impermeable y estrelló el piolet contra el cráneo de Trotsky. Caridad y Eitingon lo esperaban en un coche aparcado en la esquina de la Avenida Avenida Viena. Ramón no salió y ellos huyeron del país inmediatamente. Trotsky murió al siguiente día.
Ramón fue detenido y juzgado, explicó que un hombre en París le había ordenado la ejecución, negó furiosamente cualquier conexión con la NKVD. Se le sometió a uno de los más largos e intensos interrogatorios de la historia. El reporte titulado “Estudio orgánico-funcional y social del asesinato de León Trotsky” estaba dividido en dos volúmenes con más de un millón trescientas dos mil setecientas veintiséis palabras. Fue sentenciado con veinte años de prisión en el entonces infame Palacio de Lecumberri.
Rusia no lo abandonó. Proporcionó el dinero suficiente para su defensa y para mantenerlo lo más confortable posible en la prisión. Su celda era amplia, espaciosa y Ramón la mantenía limpia y ordenada. Tenía buena ropa, dormía con pijamas de seda, comía, bebía y fumaba puros, tenía todos los libros que pedía, un radio, y herramientas para armar modelos de aeroplanos. Pagaba bien para que limpiaran su celda. En 1944 se casó con Roquelia Mendoza y posteriormente adoptaron dos niños. Tomó cursos de electrónica y estuvo al frente del taller de radio y carpintería. Daba lecciones de reparación de lámparas, motores, refrigeradores y radios. Se estima que enseñó a leer y escribir a unos cuatrocientos presos.
En mayo de 1960 salió de la prisión. Viajó con su esposa e hijos a la entonces Checoslovaquia, en Moscú fue honrado con el rango de coronel retirado de la KGB y con el nombre soviético de Ramón Ivanovich López. Vivió tranquilamente con su familia, traducía artículos y libros, y tenía cuadros de Siqueiros, Rivera y Kahlo. Sus últimos años los pasó confortablemente en Cuba. Murió en 1978 a causa de un cáncer de pulmón. Tenía sesenta y cinco años.
Su cuerpo fue enterrado en el cementerio Kuntsevo de Moscú.
Josh Ireland acompaña su texto de notas referenciales explicativas y una extensa bibliografía.
ETIQUETAS: LATINOAMÉRICA. HISTORIA REAL. MAGNICIDIO. COMPLOT.
Josh Ireland. (Reino Unido)
Josh Ireland. The Death of Trotsky. The true story of the plot to kill Stalin’s greatest enemy. New York: Penguin Random House. 2026. 367p. K.