En la época de las posverdades que se expanden velozmente por el ciberespacio y las redes sociales, interpretadas a conveniencia según las fobias y filias de los grupos, la literatura en general y la novela negra en particular, dejan constancia de que existieron periodos y personajes propios de la novela negra. Existió un Gustavo Díaz Ordaz, un Maximino Ávila Camacho y un “Tlatelolco 68”, por poner tres ejemplos que sin duda representan lo negro de la política.

Disparos en la oscuridad (2011) de Fabrizio Mejía Madrid (Ciudad de México, 1968), realiza un extraordinario ejercicio de reconstrucción, novelada, de la vida  de  Gustavo Díaz Ordaz (1911-1979, presidente de México entre 1958 y 1963) y de los eventos históricos que protagonizó, no sólo de lo que sucedió, porque esto no está en duda, sino de sus posibles causas.

Los capítulos comienzan mostrando a Gustavo Díaz Ordaz ya en la total decadencia. Entre julio y septiembre de 1977 está acompañado solo con sus recuerdos y sus terribles pensamientos. En retrospectiva y a partir de esos recuerdos, la novela repasa su niñez, su educación, el principio de su carrera en Puebla a la sombra de Maximino Ávila Camacho, su matrimonio, su vida familiar, y su desarrollo como político hasta llegar a la presidencia. Y cómo desde que terminó su periodo presidencial, no dejó de mudarse de un lugar a otro: Madrid, ciudad de México, Puebla, Cuernavaca, Ajijic, Acapulco.

En la página 239 aparece un dialogo entre el regente Corona del Rosal, el secretario de Gobernación Luis Echeverría y Gustavo Díaz Ordaz, sobre la posible cancelación de los Juegos Olímpicos por el ambiente de inconformidad existente. Para el presidente lo que existía era una conjura contra México. “Encuéntrenla”, ordena”. “Y si no la encontramos, preguntan…”, entonces hay que  tirar la basura al piso y barrerla, porque entre más basura se saque, mejor se hace el trabajo.

Sobresale la información que maneja el autor para presentar los diferentes ambientes y escenarios políticos, sus personajes, intrigas y formas de hacer las cosas, teniendo siempre presente, el terrible Tlatelolco 1968.  Pero lo que más consterna de esta lectura es reconocer la supervivencia de las prácticas y costumbres del quehacer político de los miembros del PRI.   Por poner un ejemplo, el autor muestra cómo Gustavo Díaz Ordaz obedeció al que era el hombre fuerte de su momento y las penosas humillaciones a las que lo sometió Maximino Ávila Camacho, que lo hacían pensar que lo que realmente excitaba al Jefe era montar a sus subalternos. El político mexicano se subordina humillantemente ante su superior; de igual manera el superior espera que sus subordinados se humillen ante él.

La novela transmite la postura anticomunista demencial del expresidente, su intención de reprimir ferozmente cualquier movimiento que él consideraba subversivo ya fueran los ferrocarrileros, los maestros, los estudiantes, o personas que consideraba sus enemigos y cómo alcanzaba su furia a los familiares.

Y se enriquece con las anécdotas de los actores políticos y sociales contemporáneos a su personaje y con una interpretación de la introspección psicológica que supone pudo haber tenido por haber sido pobre, por su resentimiento social, y por su fealdad.

Etiquetas: Político. Biografía novelada. Social. Psicológico.

Fabrizio Mejía Madrid (Ciudad de México, 1968)

Fabrizio Mejía Madrid. Disparos en la oscuridad. México: Santillana Ediciones Generales. 2011. 293 págs.