¿Narconovelas? ¿Narcoliteratura? ¿O simplemente, “novelas cuyo tema es el narcotráfico?

Hasta el día de hoy se considera mundialmente que el comercio de drogas tóxicas o narcotráfico es una transgresión, un crimen, y como tal se persigue y se castiga. En la novela negra reciente, el tema del narcotráfico aparece con frecuencia en todas partes del mundo.

En Latinoamérica, y tal vez específicamente en Colombia y en México, se ha generalizado el término de “narconovelas” que se caracterizan por su violencia, por personajes estereotipados con comportamientos sociales muy peculiares.  Una de sus características más interesantes es el lenguaje de los diálogos en que se llegan a distinguir las variaciones locales del vocabulario, y hasta el acento.

 

Tiempo de Alacranes (2005). Hielo negro (2011). Cuello blanco (2013), Azul cobalto (2016)

Andrea Mijangos

En 2005 Bernardo Fernández, Bef, escribió su primera novela de cuatro, cuyos personajes son traficantes de drogas que viven historias tan fantásticas como disparatadas y divertidas.

Tiempo de Alacranes  (2005), tiene una estructura interesante “a ritmo de “pop tropicalizado”. Se desarrolla en el norte de México, Eliseo Zubiaga es el jefe del Cartel de Constanza cuya hija adolescente Lizzy Zubiaga, asalta bancos entre otras tropelías. Aparece muy brevemente, Andrea Mijangos.

En Hielo negro (2011) se desarrolla el fabuloso personaje que es Andrea Mijangos, Policía Judicial retirada y después, millonaria Detective Privada: “Seis años en el ejército. Cuatro en la División Antiasaltos de la Procuraduría para la región noroeste. Y ahora aquí. ¿Dónde más podría haber espacio para una mujer como yo? Policía Judicial. Metalera que maneja su moto oyendo a Fear Factory en su iPod.” Andrea Mijangos es una gorda aterrizada, inteligente y perspicaz y que estará en constante enfrentamiento con la nueva jefa del Cartel de Constanza, Lizzy Zubiaga. Lizzy  es sofisticada, coleccionista del arte “outsider” de artistas desequilibrados y criminales, empresaria global con una consultoría financiera en la lujosísima zona de Santa Fe de la ciudad de México donde blanquea sus ganancias e invierte grandes cantidades en producir un neurotransmisor “a la medida”, el “hielo negro”, que permite efectos más potentes, que es más barato y de más fácil distribución, porque sabe que la droga del futuro son las anfetaminas y todas sus variantes: anfetas, pastas, coca, cristal, tachas, que vende en muchas ciudades del mundo.

En la tercera novela, Cuello blanco (2013), Lizzy Zubiaga es la CEO de una firma relacionada con Casas de Bolsa y Andrea Mijangos que vivía en París, regresa a México para trabajar como detective privado junto con el que fuera su pareja en la policía judicial, Ismael Rodríguez, “el Járcor”. Su hermano Santiago, dibujante de cómics, le había pedido que regresara a México para investigar la muerte de otro autor de cómics llamado “Súperhombre Muldoon”.  Andrea le propone a un agente de la DEA una misión encubierta para atrapar a los lavadores de dinero.

En la dedicatoria de Azul cobalto (2016), BEF escribió que a él le gustaban las mujeres poderosas, de ahí sus dos personajes femeninos, Andrea Mijangos y Lizzy Zubiaga.

En esta novela una Andrea  aburrida se había regresado a vivir a Cadereyta con sus papás y Lizzy está convertida en una “dealer siempre “borracha”, obsesionada por matar al asesino de su padrino y que tiene a un joven y talentoso pintor falsificando obras Siqueiros que después ella vende.  Andrea regresa, contrata un “asesor de imagen” y se enfrenta a…

Esta bestia que habitamos (2021)

Járcor

“—Mijangos, luz de mi camino, fuego de mis ardores. Mi pecado, mi alma, los labios emprenden un viaje de tres escalas para decir tu nombre: Mi-jan-gos… —Ya no mames, pinche Járcor. Nomás lees un libro y ya te sientes poeta…”

En Esta bestia que habitamos Bernardo Fernández, Bef, deja de “ladito” (pero muy presente en los pensamientos del protagonista), a Andrea Mijangos,  para regalarnos un muy divertido y bien construido thriller policíaco, que trasciende por el extraordinario manejo del lenguaje. A través de la palabra vivimos ciertos ambientes surrealistas y defeños, irreverentes, urbanos y “suburbanos y “underground” (como acaso nunca llegaron José Agustín y la literatura de la Onda).

Ismael Robles, el Járcor*, es el protagonista. Con él conocemos la colonia Militar Marte en la delegación Iztacalco donde creció junto con sus tres hermanos y su padre taxista, estudió Ciencias de la Comunicación, fue militante enemigo del sistema en sus años punk y, ahora, trabaja en la “Tirana”, “de marrano”. O sea, es un policía cuarentón.

“Nunca imaginé, en mis años punk, que iba a trabajar en la Tirana. De marrano. Yo era un enemigo del sistema. Un etnocyberpunketo urbano anarcomunista que terminó en las filas del aparato represor. De juda”.

En Esta bestia que habitamos hay dos buenas y redondas investigaciones policiales que llevan a cabo el Járcor y sus colegas de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, “la Tira”: la del chofer de un taxi ejecutivo que ofrecía botellitas de agua a sus clientes, previamente inyectadas con gotas para los ojos, para después asaltarlos; y la investigación de la muerte de dos de los tres socios de la agencia de publicidad Bungalow 77, Cobo, Matías y el Ruso, quienes promovían el jitomate mexicano en el extranjero. O sea, dos realidades tan contrastantes como la ciudad de México.

Esta bestia que habitamos (sin duda la ciudad de México), no es una novela lineal, tiene varios narradores, muchas historias y música. Pero sobre todo lo anterior, qué lenguaje, ¡maestro!

Y de pilón (y para que no se nos olvide) una fantástica (en todas las acepciones que tiene la palabra) escena en la que Lizzy es levantada en una red jalada por docenas de drones hasta el helicóptero que sobrevolaba el patio de la prisión.

*”Járcor”, de “hardcore”. Un anglicismo que según el Diccionario de la Real Academia Española puede tener las siguientes acepciones (y que todas se pueden aplicar a esta novela): “1. Referido a la forma de realizar una actividad ruda, brusca, violenta. 2. Que no se ajusta a las reglas. 3. Referido a un subgénero musical, que deriva del punk rock. 4. Referido a una persona, que es ruda, violenta o burda. 5. Referido a una obra de arte, de difícil asimilación por su violencia, obscenidad o vocación transgresora. etimol. En inglés hard significa “duro” y core, “núcleo” o “centro” de un objeto”.

 

Bernardo Fernández, Bef. México, 1972.

Bernardo Fernández, Bef. Tiempo de alacranes. México: Mortíz. 2005. 135 págs.

Bernardo Fernández, Bef. Hielo Negro. México: Grijalbo. 2011. 241 págs.

Bernardo Fernández, Bef. Cuello blanco. México: Grijalbo. 2013. 246 págs.

Bernardo Fernández. Azul cobalto (Tiempo de alacranes) México: Océano. 2016. 232 págs, Kindle Edition.

Bernardo Fernández, (Bef). Esta bestia que habitamos: Un caso del Járcor (El día siguiente). México: Océano. 2021.199 págs. Edición de Kindle.