Reseña de la novela La verdad oculta de Walter Andretti y de la saga protagonizada por Rocco Schiavone. En todas ellas, el autor Antonio Manzini plantea un dilema moral sobre ¿la justicia de los hombres o la Justicia con mayúsculas? ¿Es la justicia justa por antonomasia?
La verdad oculta de Walter Andretti (2026)
El autor estructura su novela con dos voces narrativas: la del narrador omnisciente en tercera persona y la del autor de un diario que ordena la trama cronológicamente entre los meses de febrero y de octubre.
Hay dos protagonistas: Carlo Cappai y Walter Andretti, el autor del diario.
La novela empieza cuando una mujer recibe un sobre de Walter Andretti. La mujer no conoce al remitente. Adentro había un mensaje y “un centenar de folios. Ningún título, ni tampoco fecha. Se quitó los zapatos, estiró las piernas sobre el sofá y empezó a leer. Eran las diez y cuarto de un día de finales de octubre. Para ser precisos, era el jueves 25 de octubre de 2018“.
“Me llamo Walter Andretti, soy periodista, y éste es mi diario, que empecé a escribir el día en que me pasaron a la sección de sucesos. Se habrá fijado en que además de mi diario le envío un manuscrito. Pero no es obra mía. Verá, parece más complicado de lo que es, pero si tiene la paciencia de leer hasta el final entenderá el motivo por el que le entrego todo este material“.
Walter Andretti es reportero del Gazzettino. Llama a su jefa “la Cabrona”. Siempre había sido reportero deportivo y está molesto por que lo cambiaron a la sección de sucesos. Se pregunta si existía un manual para el periodista de crónica negra. Vive “…el drama de quien a los treinta y ocho años ha perdido toda esperanza y sabe que allí arriba, en la coronilla, no volverán a crecer“. El diario da cuenta de la investigación de un reportero sobre los crímenes que suceden en la ciudad. Finalizará las entradas de su diario con sentencias de la jerga deportiva: “Balón al palo del equipo de la Cabrona“.
El narrador omnisciente cuenta la trama y la historia de Carlo Cappai.
Carlo Cappai es archivista. Cincuenta y ocho años. Vivía solo en el viejo y amplio departamento que heredó de sus padres. La única habitación del departamento con llave era la de su despacho. Era un hombre de hábitos, corría durante treinta minutos todas las mañanas, regresaba a ducharse, desayunaba en el bar Colangeli y llegaba al juzgado. Bajaba las escaleras hasta el archivo con kilómetros lineales de anaqueles repletos de expedientes. Un laberinto que era como su casa desde hacía treinta años, nueve horas diarias. Hacía una pausa breve para comer. Por la tarde bajaba menos gente a pedir expedientes. A las cuatro leía la prensa, pero sólo la local y las páginas de la nacional dedicadas a su ciudad. “Una lectura concentrada, atenta, con un rotulador y unas tijeras a su lado“. En la noche cenaba lo que Ida, la mujer que lo ayudaba en la casa, le había dejado preparado y se encerraba en su despacho hasta las diez y media. Oía una emisora privada que emitía cotilleos de la ciudad: “Quién se va y quién se queda“, obituarios y recién nacidos.
“Ésa era la vida de Carlo Cappai. Nadie lo conocía de verdad, solitario, gris y huidizo… sin embargo, era una araña que llevaba cuarenta años tejiendo su tela“.
Los expedientes le hablaban. Carlo Cappai conocía todo del expediente de Luigi Sesti: “sección F, estantería 7, balda 9, archivador”. Informes, actas, la sentencia de absolución firmada por el juez Bruno Cappai, sí, su padre. Tenía todo el expediente fotocopiado en su casa.
El narrador cuenta que Flavio Zigón había llevado a una prostituta nigeriana a un claro del bosque. “Entonces se abrió la puerta del lado de Flavio. Una sombra, dos disparos“. Carlo leyó la noticia en los periódicos, en el pasillo del fondo del archivo encontró el “Proceso Zigon/Faruk”. “Flavio Zigón, con un abogado excelente y un juez despistado, se había librado de la acusación de homicidio“.
El lunes 5 de febrero Walter anotó en su diario:
“He ido al lugar de los hechos. Llevo setenta y dos horas en sucesos y lo único que puedo hacer es seguir a los veteranos, del Resto, como Salvo Parodi. La cabrona no me entiende, quiere un artículo sobre la vida de la víctima”. Visita al padre. La esposa de Flavio era Laura Faruk. ¿Se acuerda del asesinato de la piazza dei Colori?”
Tenía 32 años cuando murió apuñalada; tenía una relación con Flavio Zigón. En el archivo
“ese desgraciado clavado detrás del archivo me recuerda al guardián de una saga medieval. Bajito, ha perdido el pelo de la coronilla, parco en palabras…” le entrega el expediente de Laura Faruk. Había sido absuelto. “Lo que deduzco es que Zigón tiene una coartada a prueba de bomba… Marta Faruk [hermana de Laura]… Tenía miedo de Flavio… Absuelto por no haber cometido el delito… Guidi el abogado…“
“—No está completo —me dice la Cabrona… Flavio Zigón fue absuelto en 2008 por el tribunal de apelación de homicidios de su expareja, Laura Faruk…“
“Miércoles 7 de febrero… ¿Por qué esperó todos estos años para vengarse?”.
Así, la novela irá presentando el diario del periodista y el relato del narrador omnisciente. Habrá más crímenes, Walter investiga para el periódico, Cappai cuida y fotocopia los expedientes: el de Daniele Martellini, acusado por su hermana de haber eliminado a sus padres octogenarios. El de Luigi Sesti en un spa.
Para el archivista Cappai, “por encima de todos sus pensamientos seguía habiendo sólo y únicamente un caso, el de Giada Cannavo, su única amiga de verdad, su corazón. Habían pasado cuarenta años sin resolverlo“.
Viernes 5 de octubre. Walter recibió el sobre amarillo. “Es por la tarde y casi lo he acabado. Estoy extenuado, molido, el estómago vacío, no doy crédito a lo que he leído. Se ha divertido contándome, como si de una novela se tratase, su historia“.
Walter duda sobre la veracidad del manuscrito. ¿Era una confesión o un juego? ¿De qué parte estaba él, a favor de la justicia de los hombres o a favor de la justicia “absoluta”? La justicia es justa por antonomasia. “Tengo en mis manos la noticia del año ¿y todavía no puedo publicarla? ¿Que un asesino múltiple me ha llamado por teléfono para decirme que tiene un sobre para mí?”.
«He actuado como mi padre. Me he creído superior a los demás, y he hecho cosas de las que empiezo a arrepentirme.» Había llevado a cabo su misión. Ya no había cuentas pendientes. Ya no necesitaba nada. Ni aire, ni sol, ni cielo, ni nubes. Podía acabar allí, a esa hora en que el día todavía no ha despuntado pero la noche empieza a retirarse. Era un buen momento, no tenía pesares. La verdad la descubre el tiempo, se dijo”.

Serie de Rocco Schiavone (2013-2025)
Rocco Schiavone
El “vicequestore” Rocco Schiavone es el protagonista de 15 novelas del escritor romano Antonio Manzini (1964), publicadas entre 2013 y 2025. (Listado completo al final). La serie de televisión con los casos de Rocco Schiavone consta de seis temporadas, 23 episodios, estrenados entre 2016 y 2025,
Rocco es un personaje muy divertido. A pesar de la tragedia personal del protagonista (el asesinato de su amada Marina) y de los crímenes que investiga, su creador lo ha dotado de un gran talento para hacer agudas observaciones y comparaciones, es mordaz, irónico y “relajado” en relación con la “legalidad”. Sabe que, en el microcosmos de una pequeña población, el móvil de los crímenes suele ser la avaricia o los celos, o sea, el dinero y el amor.
Destaco la contundencia de los demás personajes que aparecen a lo largo de toda la serie (relación al final).
La serie empieza cuando Rocco Schiavone llega procedente de la comisaría Cristóbal Colón de Roma a Aosta, como “vicequestore” o subjefe de la jefatura de policía de esa pequeña ciudad en el noroeste de Italia, en los Alpes italianos. Rocco había nacido en el barrio del Trastévere en Roma en los años sesenta, cuando él y sus amigos Sebastiano, Brizio y Furio, tenían algo (o mucho) de pillos y no desdeñaban las oportunidades para poder hacerse de dinero extra. Rocco no siempre sigue las reglas, y dice odiar Aosta, las montañas, el clima, la nieve y las pistas de esquí.
Rocco repite que no puede empezar su día si no se fuma un cigarro de marihuana, que no le quita lo irascible, intolerante y sarcástico. Cataloga a sus subordinados y sospechosos según la imagen de algún animal de su bestiario mental y clasifica los problemas a los que se enfrenta según la intensidad de un “dolor de culo” en una escala de seis a diez. No supera la muerte de su adorada Marina. “Pasado mañana es el cumpleaños de Marina. Que nació justo a medianoche. Por poco no fue el 21. Pero, para mí, Marina y la primavera siempre han sido una misma cosa”.

Pista negra
Primer caso del subjefe Rocco Schiavone en Aosta.
La mañana de un jueves el agente de policía Deruta –“Cien kilos de inútil masa corporal, en pugna con D’Intino por alzarse con el título al más idiota de la jefatura”– lo llama para informarle que una de las máquinas para limpiar la nieve de la estación de Champoluc, había tropezado con el cuerpo de un hombre.
Rocco Schiavone que ya tenía cuatro meses en Aosta y que lo único que conocía era su piso, la jefatura, la fiscalía y la Trattoria degli Artisti Pam Pam, llega malhumorado por el frío y la nieve a la estación de esquí. “Un dolor en el culo de décimo grado” se dice al darse cuenta que no es un accidente, sino un asesinato.
El muerto se llamaba Leo Micciche y tenía un pañuelo ensangrentado atorado en la garganta. Descubrirá que es siciliano, que está casado con Luisa Pec, una joven del pueblo de la montaña, que está embarazada, que entre los dos poseen un pequeño hotel para los turistas esquiadores, que están muy endeudados, y además que Luisa se ve con su exnovio Omar Borghetti, jefe de los profesores de esquí.
En el pueblo de la montaña todos se conocen y. se relacionan por la estación de esquí, instructores, limpiadores de las pistas, Luisa, su marido y su exnovio. Hay deudas e infidelidades, o sea, que el dinero y el amor parecían ser como siempre los motivos más comunes de los crímenes.

La costilla de Adán
“Cuando Irina Oligova entró al departamento de Patrizio y Ester Baudo en la via Brocherel de Aosta, el departamento que limpiaba tres veces a la semana, estaba pensando en su relación con Ahmed, en que ella era una ortodoxa de Lituania y Ahmed un musulmán de Egipto; y que además estaba Helmi, el hijo de Ahmed, que a sus dieciocho años era un desastre. El estado en el que estaba el departamento la sacó de sus pensamientos, se extrañó del desorden y cuando llamó a la señora Ester y no obtuvo respuesta, salió corriendo aterrada.”
El viernes 16 de marzo. Rocco se había despertado de mal humor y con frío. Había seguido el mismo ritual de cada día: ducha, cápsula de expreso de máquina, afeitado, “pantalones de pana marrón, camiseta interior —de algodón por dentro y lana por fuera—, calcetines de mezcla de lana, camisa de franela a cuadros, jersey fino de cachemira con cuello de pico, chaqueta de pana verde y sus inseparables Clarks”, el noveno par en sus seis meses en Aosta. Fue a desayunar al bar de la plaza y ya en su oficina, sentado frente al escritorio, se fumó el cigarro de marihuana de cada mañana, y como cada mañana “…había hecho todo lo posible por no encontrarse con el agente D’Intino, a quien le tenía más ojeriza que al inhóspito clima valdostano”.
A las 10:10 de la mañana entró a su oficina la inspectora Caterina Rispoli para informarle que estaban vendiendo drogas en uno de los parques de la ciudad, denuncia que le dio el pretexto para deshacerse por unos días de los, en su opinión, muy cretinos e ineptos oficiales D’Intino y Michele Deruta y mandarlos a vigilar día y noche el parque.
Italo Perron le avisó de un probable asalto en un departamento residencial perteneciente a un matrimonio de apellido Baudo y juntos salieron de la jefatura. En el centro de una habitación, colgada de la lámpara, estaba una mujer. Se llamaba Ester Baudo. ¿Robo? ¿Suicidio? ¿Asesinato? “Un dolor en el culo de décimo grado”.
Rocco y su equipo investigan a Irina, a Ahmed y al joven Helmi quien les dio varias sorpresas. también al marido, Patrizio, y a la única amiga de Ester llamada Adalgisa Verratti. Pero Rocco sentía que había algo que no encajaba, algo que se le estaba olvidando, un detalle que se le escapaba, que estaba oculto en su mente.
“Cuando todo se esclareció, fue como recibir un golpe en el plexo solar, fuerte y potente, de esos que te quitan la respiración y te dejan con las piernas flojas. Tenía que ir corriendo a la jefatura. —Era demasiado fácil —dijo, abriendo la puerta del bar—. Era todo demasiado fácil. ¡Joder, joder, joder!… el ojo había registrado algo que la mente tardó unos pocos segundos en comprender”.
Rocco se había dado cuenta que había sido usado y manipulado en “un juego que pasó de la imaginación a la vida real.”

Una primavera de perros
Rocco y su equipo llevan dos investigaciones paralelas, la muerte de dos pillos, la del rumano Carlos Figus y del italiano Carlo Figus, en un accidente de coche, y la desaparición de la joven Chiara Berguet. Habrá otros dos asesinatos, el del tío Marcello y el de Adele, la esposa de su querido amigo de la infancia Sebastiano, que había querido darle susto a su esposo.
“A Chiara le costaba respirar… Llevaba horas sin moverse… Tenía que ser un garaje o un almacén abandonado… Empezaba a recordar. La noche anterior. Había salido con Max, su novio, y Giovanna… Alberto, el primo de Max, había ido desde Turín… Sonia, Paola, Giovanna: las más guapas del colegio eran las más inseguras. Ella no. Chiara era fuerte…, eran alguien en Aosta. Chiara Berguet era una líder… Faltaban seis días para su cumpleaños. Diecinueve.”
El arquitecto Pietro Bucci Rivolta, a quien había conocido en casa de Nora, se había presentado en la jefatura con su hija Giovanna quien le dice estar segura de que algo le había pasado a su amiga Chiara. Rocco acude a la casa de la joven y encuentra reunidos a sus padres, Pietro y Giuliana Berguet, con el vicepresidente de la empresa, Cristiano Cerruti, y con el hermano de Pietro, Marcello, quien era maestro en la escuela de Chiara. A pesar del ambiente, todos niegan que Chiara esté desaparecida y le piden los deje en paz. El padre es dueño de una empresa constructora de nombre Edil.ber, exitosa, con buenos contratos, pero con falta de liquidez. Rocco irá descubriendo cómo la usura de los préstamos bancarios y la avaricia de una mafia financiera, corrompen y no tienen límites. Y como en todo pueblo pequeño, otra vez, todos parecen estar relacionados.
“—Seba, soy Rocco. —¡No me digas! Lo pone en la pantalla. —Su amigo tenía voz ronca, ausente y triste. —Tengo malas noticias. —¿Qué pasa? —¿Has hablado con Furio? —Sí, ¿por qué lo preguntas? ¿Te ha contado que Adele ha desaparecido? —No ha desaparecido. —¿Sabes dónde está? —Sí, lo sé. Había venido a mi casa. —Seba se quedó callado—. ¿Seba? ¿Me oyes? —¿Había? ¿Cómo que había? ¿Adónde ha ido? —Esta noche. Le han disparado. Ha muerto, Seba.”

Sol de mayo
El subjefe Rocco Schiavone sigue en Aosta, pero no en su piso, alguien que lo quería muerto había entrado a su piso y en vez de matarlo a él, había asesinado a Adele, la esposa de su amigo Sebastiano.
“Llevaba tres días sin salir. Tres días sin encender el móvil, sin pisar la comisaría ni ver a sus compañeros de trabajo, sin ir a desayunar a la piazza Chanoux, sin fumarse un porro ni quedar con Anna. Quitando los paseos con Loba para que ésta hiciera pipí, permanecía atrincherado en su cuarto de la pensión Vieux Aosta, mirando alternativamente el televisor y el techo, que a menudo resultaba mucho más interesante que el primero…”
Rocco sigue dos noticias en el periódico:
“LA SOMBRA DE LA ’NDRANGHETA TRAS LOS EXTORSIONADORES DE AOSTA. Prestaban dinero a empresarios y particulares con unos intereses desorbitados, para más tarde apoderarse de parte de sus bienes y cuentas bancarias. Ésta era la actividad de Domenico Cuntrera, oriundo de Soverato, con antecedentes penales, al que la policía ha arrestado gracias a las investigaciones sobre el homicidio de Cristiano Cerruti, mano derecha del constructor Pietro Berguet, presidente de Edil.ber.”
“SIGUEN SIN IDENTIFICAR AL ASESINO DE LA CALLE PIAVE. Todavía no se ha puesto nombre ni rostro al hombre que la noche del jueves pasado entró en el piso del subjefe Rocco Schiavone, en la calle Piave, y mató de ocho disparos a Adele Talamonti, romana de treinta y nueve años, amiga y confidente del subjefe. Según las últimas revelaciones, la víctima se encontraba en Aosta de visita amistosa.
Sol de mayo es la cuarta novela con el subjefe Rocco Schiavone quien continúa la investigación de los implicados en la captura de la joven Chiara Berguet y la extorsión a su padre, el dueño de la compañía Edil.ber, y busca al asesino de Adele, antes que éste intente nuevamente matarlo.
Descubre que Laura Turini, la directora de la Caja de Ahorros del Valle. “¿Se acuerda? Le prestaba dinero a Ediil.ber, de Pietro Berguet. El banco le cerró el grifo a la constructora y entonces Berguet le pidió un préstamo a Cuntrera, o sea, a la ’Ndrangheta, y el amigo este quiso hacerse con el poder y arrebatarle toda la empresa.” Ingresa infiltrado unos días al penal de Vallardo para investigar la muerte de Cuntrera, gracias a lo cual el equipo de Investigaciones Especiales llevará a cabo arrestos espectaculares de todos personajes coludidos con licitaciones y bienes inmuebles.
En Roma Rocco busca contactos, pide ayuda, se reúne con sus amigos “poco recomendables” que lo llevan al asesinato de dos delincuentes, Corrado Pizzuti, asesinado en esos días, y Enzo Baiocchi.
“Seba fulminó con la mirada a Furio, que por toda respuesta le enseñó el dedo. —¿Y qué has sabido? —Enzo Baiocchi. Brizio y Furio pegaron un bote en la silla. Sebastiano, en cambio, permaneció impasible. —Se fugó hace quince días de la prisión de Velletri. Y luego mató a Corrado Pizzuti. —¿Corrado? ¿No era el que hace años conducía el coche? —preguntó Brizio…”
“…— Se llama Enzo Baiocchi . Es un criminal fugado de la prisión de Velletr. — ¿Y por qué te la tiene jurada? — Siete de julio de 2007. Mi mujer y yo habíamos salido a tomar un helado. Yo había perdido una apuesta, una tontería, un juego que solíamos hacer. Cuando volvimos al coche, se nos acercó, Corrado Pizzuti al volante y a su lado Luigi Baiocchi, el hermano de Enzo. Apenas me dio tiempo a darme la vuelta. Baiocchi tenía la pistola en la mano. Disparó dos veces. Yo me agaché por instinto. Marina no. Ella no se agachó. El primer tiro le atravesó la garganta y el segundo le entró por la sien izquierda. Ni siquiera tuvo tiempo de comprender lo que… — La voz se le quedó trabada. Cerró los ojos y se mordió los labios”.

7-7-2007
La trama se desarrolla entre el verano de 2013 en Aosta, y el verano de 2007 en Roma.
Rocco lleva ya diez meses trabajando en la jefatura de Aosta. Se ha mudado a un nuevo piso en la via Croix de Ville después de que, en el piso anterior de la calle Piave, habían asesinado a Adele Talamontini con unas balas dirigidas a él.
Andrea Costa, el jefe superior de la jefatura y el juez Baldi lo interrogan sobre los sucesos del asesinato, “…Hablemos del caso de la calle Piave. Según me ha contado su señoría aquí presente, usted conoce la identidad del asesino y el móvil…, sabemos que va a menudo a Roma…”.
Rocco les informa que el asesino de Adele se llamaba Enzo Baiocchi, y así Rocco empieza su relato de un verano de 2007 en Roma, tenía cuarenta y un años, era subjefe de la brigada móvil, investigaba la muerte de dos jóvenes que lo llevaron a dirigir una operación exitosa en la que se requisó un cargamento de heroína, lo que provocó el atentado en que Luigi Baiocchi, mató a su esposa Marina.
“Las cosas bellas están pensadas para quienes ya llevan la belleza dentro. Creo que a mí me la extirparon para siempre. —¿Te has dado cuenta, Loba? Estamos tú y yo solos. Te guste o no… —Bosteza, mueve la cola y me mira. Revivirlo todo me ha hecho daño, un daño terrible”.

Polvo y sombra.
“«Hola… Me llamo Sonya… Me encontrarás en via Brean, esquina con via Monte Grivola. Ven… Soy una latina linda y caliente, y tengo una ciento cinco de pecho…”. Marco empujó la puerta del edificio. Fue un craso error.
En esta novela Rocco investiga el asesinato de una persona trans. La situación de él y sus amigos en Roma se está complicando y además alguien de su equipo lo ha traicionado. En la comisaría la inspectora Rispoli vigilaba el orden. Llega la nueva comisaria de la Científica, Michela Gambino. Rocco conoce a Sandra Bucellatto, la periodista y exmujer de su jefe que tanto lo criticaba en el periódico.
Antonio Manzinni presenta las investigaciones de Rocco siguiendo el desarrollo causa-efecto de cada una de las posibles pistas. El tono es divertido, con humor y sarcasmo, pero ya nos percatamos de su desilusión: parece que la justicia no siempre es la misma para todos.
El violento asesinato de una tal Juana Pérez por estrangulamiento. No era una travesti, era una trans, había empezado el proceso para la operación final. Nació hombre. Rocco designa a Deruta y D’Intino para buscar a todas las trans de Aosta y provincia. Italo va a ver a Fumagalli, el forense. Antonio Scipioni y Casella visitan a la comisaria de la Científica. Rocco entrevista a los vecinos y proporciona un retrato variopinto de personalidades. Uno de los inquilinos, Ivano Petrulli, el lémur, había mentido: no estaba en su departamento, estaba en casa de Diego Fabiani, el asesor fiscal. Marco había llamado a Diego Fabiani, que no era asesor fiscal, sino que trabajaba en los servicios secretos.
En el piso de Juana Pérez encontraron un gancho en el techo y restos de la cuerda de yute de la que colgaron a Juana Pérez; la sacaron del piso. Ningún vecino escuchó nada. Luego la tiraron al río. Habían borrado las llamadas de Juana Pérez. Rocco investiga a Berthod, el dueño del edificio, hermano del general Berthod, de la Agencia de Información y Seguridad Interna. Otro inquilino, ya difunto, trabajaba para esa misma agencia. O sea, era un edificio protegido. Berthod alquilaba los pisos de su edificio “en negro”.
En los matorrales de Castel di Decima, cerca de Roma, apareció un cadáver sin identificación y un papel en el bolsillo con el número de teléfono de Rocco. Tenía que regresar a Roma: ese cadáver apestaba a Enzo Baiocchi. Por el cinturón del cadáver, Rocco lo conectó con la embajada de Honduras. Además, Sebastiano seguía desaparecido. Rocco está seguro de que alguien de su equipo lo había traicionado. En Roma sabían de todos sus movimientos, a qué había ido y qué había hecho.
En Aosta, el jefe superior Costa y el juez Baldi determinaron que el asesino de Juana Pérez era un sicario que luego había muerto.
¡Esta partida estaba ganada de antemano!

Hagan juego
La séptima entrega de la serie protagonizada por el vicejefe Rocco Schiavone, el autor traslada el escenario habitual de Aosta al Casino de Saint-Vincent, y con él, el territorio moral que mejor conoce: el de los vicios que se disfrazan de azar. La novela abre con la siguiente dedicatoria:
“A aquellos que mantienen las promesas, que no se esconden, que dudan, que prefieren los hechos a la palabrería, que saben escuchar y hablan cuando hay que hablar, que si se pierden es leyendo un libro o dentro de una película o por amor, que no crean falsos enemigos, que saben asumir las responsabilidades sin echarles la culpa a los demás, que no ocultan la verdad con jueguecitos de manos, serios en el trabajo y en el estudio, que saben que una verdad no lo es por mucho que se repita cien veces, y que pueden abrazar sin avergonzarse”.
La investigación, condensada en nueve días, arranca con el asesinato de Arturo Favre, un jubilado que había trabajado como contable del casino y que, ya retirado, seguía frecuentándolo como jugador compulsivo de ruleta. Favre aparece apuñalado, y el primer indicio que capta la atención de Rocco es doméstico antes que criminal: «Una buena puerta blindada, que observó con atención». Eso es, la puerta blindada no impidió la muerte, las trampas visibles rara vez son las que matan.
Manzini construye el submundo del casino con personajes que ilustran las distintas formas de la ludopatía y del vicio institucionalizado. Italo Pierron pierde sumas considerables jugando al póker con Santino, Kevin y Cristiano. Cecilia es otra jugadora arrastrada por las pérdidas (madre de Gabrielle, el vecino adolescente, ambos acabarán viviendo en el departamento de Rocco). Los empleados del casino, el crupier Gino Villermoz y el controlador de sala Mario Candreva
El crupier le dijo “El juego es un vicio horrible, señor… —Sí, el único que no tengo —precisó Rocco”. Porque Rocco sigue atrapado en un episodio turbio en Roma y el asesinato de su esposa.
Más allá de la ludopatía, las apuestas, las posibles formas de trampa, el casino operaba, en la ficción y muy probablemente en la realidad en los esquemas de blanqueo de dinero que involucra a jugadores aparentemente desconectados entre sí: Giovanni Mieli (de Caserta), Rosanna Sbardella (de Perugia) y Goran Mirković (residente en Milán) y banco esloveno: Sbardella y Goran cambian dinero en efectivo por fichas y se las ceden a Mieli, quien entra al casino «sin blanca»; al final de la noche, Mieli cobra todas las fichas como si las hubiese ganado él mismo. El resultado es dinero limpio, semana tras semana, sin que el supuesto ganador haya arriesgado una sola ficha sobre el tapete.
Lo que distingue a Hagan juego dentro de la serie no es tanto la resolución del caso sino la manera en que Manzini usa el casino como metáfora extendida: un espacio donde todo el mundo, culpables e inocentes, está jugando algo distinto de lo que aparenta. Rocco, más irascible que de costumbre, atraviesa la novela con su cinismo intacto, pero también con una fatiga moral creciente, aún sin saber quién lo traicionó y todavía incapaz de soltar el recuerdo de su mujer. En este entramado el título funciona con el simbolismo sobre qué apuesta realmente hacemos.

Ah l’amore l’amore. Ay el amor, el amor.
Un título irónico, porque el libro no habla de amor sino de las complicaciones de amor: el de su colega Antonio Scipioni, el del caso de la familia Sirchia, el de Alberto Fumagalli y Michela Gambino, el de Ugo Casella, el de Rocco con Sandra Buccelato, la exesposa de su jefe Costa que al final lo mandó de nuevo a la cama del hospital junto al otro internado, Curreri, el lugar donde todo esta historia había empezado.
El jueves 26 de diciembre el subjefe Rocco Schiavone convalecía en el hospital municipal de Aosta. Todavía no se determinaba el calibre del arma que lo hirió en el tiroteo de la explanada de la empresa Roversi, donde él y su brigada desarticuló a la banda de falsificadores responsable de un doble homicidio en Saint-Vincent. Le han extirpado un riñón y una infección posoperatoria lo retiene en la clínica más tiempo del que su carácter puede tolerar. Schiavone paciente es, previsiblemente, un paciente insoportable, que despliega su misantropía habitual contra el compañero de habitación, la comida del hospital y, sobre todo, la inactividad forzosa. Que la prensa lo haya convertido en héroe —llamadas del alcalde, del jefe de policía, hasta una medalla—agrava su fastidio; Schiavone nunca ha sabido qué hacer con el reconocimiento institucional, y esa incomodidad sigue siendo una de las vetas más consistentes del personaje a lo largo de la serie.
En el mismo hospital ha muerto Roberto Sirchia, un rico industrial, durante una nefrectomía, tras una transfusión con sangre de un tipo incompatible. La viuda y el hijo demandan a la clínica; el jefe de policía Costa asigna el caso a Antonio Scipioni, que malabarea a tres novias —Lucrezia, Serena y Giovanna—, cada una ajena a la existencia de las otras. “¿Me estás diciendo que te tiras a dos hermanas? Y a una prima?”.
Convaleciente pero incapaz de quedarse al margen, Schiavone recorre los pasillos en bata y chanclas, interroga al cirujano Filippo Negri y a su ayudante, el doctor Petitjacques —abatido por lo ocurrido—, y a los dos técnicos del banco de sangre, sobre el error que en apariencia desató la tragedia: una bolsa de sangre A Rh positivo etiquetada como 0 Rh negativo.
La pregunta que organiza la investigación es—cui prodest. Manzini construye el rompecabezas con piezas que encajan con facilidad y otras que hay que forzar, hasta que Schiavone, más divertido que fatigado por el trabajo de su equipo en la comisaría de Aosta, da con el eslabón débil de la cadena.
La revelación de que era Caterina Rispoli quien informaba a Mastrodomenico, de la jefatura de Udine, y en la sombra Enzo Baiocchi, ofrecen continuidad narrativa de la serie.
A sus casi cincuenta años Rocco está resignado, era casi imposible cambiar el estado de las cosas.
ETIQUETAS: POLICIACO. HUMOR.
Antonio Manzini. Italia. 1964.

Antonio.Manzini. Pista negra. Barcelona: Ediciones Salamandra. 2015. 251 págs. Kindle Edition.
—Antonio Manzini. La costilla de Adán. Barcelona: Ediciones Salamandra. 2016. 284 págs. Kindle Edition.
— Sol de mayo: Barcelona: Ediciones Salamandra. 2017. 352 págs. Kindle Edition
—Una primavera de perros. Barcelona: Ediciones Salamandra. 2016. 253 págs. Kindle Edition.
—7-7-2007. Barcelona: Ediciones Salamandra. 2017. 352 págs. Kindle Edition.
— Polvo y sombra. Barcelona: Ediciones Salamandra. 2020. 379 págs. Kindle Edition.
—Ay el amor, el amor. Barcelona: Penguin Random House. 2025. 315p. K.
Antonio Manzini. La verdad oculta de Walter Andretti. Barcelona: Ediciones Salamandra. 2026. 334p. K.
Serie completa de Rocco Schiavone:
- Pista negra (Pista nera) — 2013
- La costilla de Adán (La costola di Adamo) — 2014
- Una primavera de perros (Non è stagione) — 2015
- Sol de mayo (Era di maggio) — 2015
- 7-7-2007 — 2016
- Polvo y sombra (Pulvis et umbra) — 2017
- Hagan juego (Fate il vostro gioco) — 2018
- No más apuestas (Rien ne va plus) — 2019
- ¡Ay, el amor, el amor! / El amor en tiempos de hospital (Ah l’amore l’amore) — 2020
- Viejas conocidas (Vecchie conoscenze) — 2021
- Las huestes del mal / Las osamentas hablan (Le ossa parlano) — 2022
- ELP — 2023
- Riusciranno i nostri eroi a ritrovare l’amico misteriosamente scomparso in Sud America? — 2023
- Il passato è un morto senza cadavere — 2024
- Sotto mentite spoglie — 2025
Personajes:
Italo Pierron. Ayudante de Schiavone y uno de los pocos de su comisaría que le cae bien.
Caterina Rispoli. Es la única mujer en el equipo policíaco de Schiavone. En uno de los capítulos de la serie, se descubre que Caterina fue comisionada por las altas esferas de la policía romana para espiar a Schiavone.
Michele Deruta y Domenico D’Intino. Son dos torpes ayudantes de Schiavone, quienes comenten frecuentes errores y no logran fijarse en lo importante de las tareas que se les asignan. Los apodaron Stanli e Ollio (El Gordo y el Flaco) por su facilidad para ocasionar confusiones y dificultades. Schiavone los denomina como “la forma que Dios usa para castigarme”.
Ugo Casella. Es un agente cercano a la jubilación, que ayuda a Schiavone en la gestión de la comisaría.
Antonio Scipioni. Es un agente brillante de origen siciliano, diligente y muy disciplinado con sus tareas.
Sebastiano Carucci. Es un amigo de infancia de Schiavonne, que junto con Brizio y Furio viven fuera de la ley. Tiene una relación llena de altibajos con su comprometida, Adele antes de que sea asesinada por Enzo Baiocchi.
Alberto Fumagalli. Es un forense, de origen florentino, que ayuda a Schiavone. De naturaleza sarcástica, se convierte en uno de sus colaboradores y en el amigo más apreciado de Schiavone.
Andrea Costa. Es el comisario de Aosta. Es duro e incrédulo con Schiavone.
Marina. Es la esposa muerta de Schiavone. Fue asesinada mientras paseaba con Schiavone en Roma. Schiavone se aferra a su presencia y en la serie es invocada en forma de alucinación de Schiavone.
Enzo Baiocchi. Es un presidiario fugado, que quiere venganza por la muerte de su hermano Luigi, asesinado por Schiavone.
Michela Gambino. Es una mujer siciliana, investigadora de la policía científica. Es una mujer exuberante y excéntrica. Es del agrado de Schiavone.
