Fuera de su célebre serie protagonizada por Bevilacqua y Chamorro, Lorenzo Silva (Madrid, España, 1966), nos entrega en Púa (2023) un thriller de gran profundidad ética.
El primer epígrafe de esta novela advierte que «la ira es enemiga de la templanza, sin la cual ningún hecho pudo ser perfecto… mas, según Séneca, nunca debe ayudar al vicio» (Alonso de Castillo, Tratado de república). El tercero añade: «El bien y el mal debes conocer, aunque no me dejarás explicarte el porqué» (Francisca Amador Calvo, Hierba de otoño). Estas citas anticipan la carga moral que atraviesa la obra.
Púa es un thriller fundamental de la narrativa negra contemporánea. Su protagonista es un agente tan secreto que no existe en ningún documento oficial. Fue reclutado por la «Compañía», un organismo que tampoco figura en los registros del Gobierno español pero que, paradójicamente, solo puede operar dependiendo de él.
En la «Advertencia» del libro se afirma que los hechos que se cuentan ocurren, ocurrieron y ocurrirán. La premisa de esta «Compañía» no es nueva en la ficción: de alguna manera James Bond, «con licencia para matar», dependía de la sección Q del MI6; o el Remil de Jorge Fernández Díaz, que actúa como el brazo armado de «La Casita» en el gobierno argentino. Son estructuras diseñadas para formar individuos capaces de infiltrarse en las redes más oscuras de la criminalidad.
Lo verdaderamente distintivo en Púa es que Silva describe estas estructuras de forma integral: desde el proceso de reclutamiento y el entrenamiento técnico hasta la formación psicológica de quienes deben vivir al margen de la ley. En este entorno de identidades borradas, el apodo lo es todo. Al protagonista lo bautizó “Araña”, su superior o handler, con un nombre que no admitía medias tintas: Púa. Lo eligió por ser fino y astuto, cualidades que, según Araña, lo salvarían de su tendencia a convertirse en un «inútil sentimental».
Aquí surge el dilema central: estos hombres operan mediante el engaño y la sorpresa. ¿Es moral actuar así? ¿Es legítimo? Para la «Compañía», la legitimidad era indiscutible y, en teoría, necesaria. Oficialmente, ni los agentes ni sus acciones existían; sus sueldos provenían de empresas pantalla con actividades ajenas a sus fines reales. Esta poderosa infraestructura —inteligencia, armamento y recursos de extracción— permitía a hombres como Púa ser el brazo ejecutor del Estado en las sombras.
Tras su jubilación, Púa decidió apartarse de todo lo que había sido. Escogió la paz de una librería y una existencia modesta, convencido de que convertirse en una sombra de sí mismo sería su mayor logro. En su retiro, reflexiona sobre su pasado sin caer en la autoindulgencia, cuestionándose si ha sido un hombre malo. Sin embargo, su quietud se rompe al responder la llamada de Mazo, su antiguo compañero: «Púa, soy yo. Me queda poco. Te necesito».
Desde su presente, el protagonista narra su vida en dos líneas temporales. La primera relata su origen: el uniforme y el arma a los dieciocho años —soldado o cárcel—, sus estudios universitarios y el «giro» trágico provocado por un atentado terrorista que acabó con su hermano y, posteriormente, con sus padres. Este trauma fue el puente hacia su infiltración en el mundo del terrorismo en España y el extranjero. La segunda línea sigue sus acciones actuales para cumplir la promesa hecha a Mazo.
Entre ambas narraciones abunda la acción y la descripción precisa de los entresijos criminales, pero siempre bajo un cuestionamiento profundo sobre la dicotomía entre el bien y el mal.
La prosa de Silva, rica en tropos sugerentes —«mientras camino por los pasillos del hospital, cuyas paredes chorrean tristeza...»—, nos devuelve a esas calles donde el protagonista aprendió a tener ojos en la nuca y a leer las esquinas antes de doblarlas. Calles que amaba y odiaba con una intensidad tan insoportable que lo obligó a alejarse.
Mazo lo convoca desde su lecho de muerte para arrastrarlo de nuevo al fango. Le muestra la foto de su hija en una cartera castigada por el tiempo. Púa reconoce: «Debería odiarlo por obligarme a regresar aquí, a este horizonte de aguacero… no lo consigo… oigo al demonio desperezarse. Acepto la misión».
ETIQUETAS: Espías. Crimen. Terrorismo.
Lorenzo Silva (Madrid, España, 1966)
Lorenzo Silva. Púa. España: Ediciones Destino. 2023. 464 pp. K.
