Detective Teniente Silva

                                 Guardia Lituma

 

La historia de la novela ¿Quién mató a Palomino Molero? (1986) de Mario Vargas Llosa (Perú, 1936) sucede en 1954, en Talara, una pequeña y pobre ciudad costera de la región de Piura en el norte del Perú.  El joven Palomino Molero, “el flaquito”, “el piuranito que cantaba boleros”, el “aviador”, esto es un trabajador de la Base Aérea, enamorado de Alicia, la hija del jefe de la Base, el Coronel Mindreau, es brutalmente asesinado. Este crimen es investigado y solucionado por el guardia Lituma y el Teniente Silva de la Comisaría de Talara.

La acción se mueve entre varias poblaciones de la región, entre ellas Piura, la ciudad, donde Lituma se reúne con sus primos José y el Mono y Josefino, un amigo del barrio, grupo que se ha denominado “los inconquistables” y que aparecerán en otras novelas de Vargas Llosa.

Las investigaciones del crimen se basan en las reflexiones del Teniente Silva y en los comentarios de Lituma; en los bien conducidos interrogatorios, y las interpretaciones de lo que no se dijo. La riquísima descripción física y social del entorno enriquecida con el uso de palabras locales, coloquiales,  de los cholos por los cuatro lados y de los blancos, nos llena los sentidos con olores y sabores que no conocemos pero nos imaginamos, paisajes impensables con cabras y playas oscuras o con luna y, la  gozosa atracción sexual de Silva por Doña Adriana, la fondera.

Doña Asunta, la madre de Palomino Molero, le había dicho a Lituma: “Cuando encuentren la guitarra, encontrarán a los que lo mataron”, y asi fue, el teniente Silva y Lituma encontraron a el o los culpables, pero para la gente, los culpables fueron, como siempre, los otros,  “los peces gordos”.

AutorMario Vargas Llosa. Perú. 1936.

FichaMario Vargas Llosa. ¿Quién mató a Palomino Molero?. México: Seix Barral. 1986. 189 págs.

 

 

La fiesta del chivo

-No va a venir -exclamó, de pronto, Salvador-. Otra noche perdida, verán. -Vendrá -repuso al instante Amadito, con impaciencia–  Se ha puesto el uniforme verde oliva.  Los ayudantes militares recibieron orden de tenerle listo el Chevrolet azul. ¿Por qué no me creen? Vendrá. Salvador y Amadito ocupaban la parte posterior del automóvil aparcado frente al Malecón y habían tenido el mismo intercambio un par de veces, en la media hora que llevaban allí.  Antonio Imbert, al volante, y Antonio de la Maza a su lado, el codo en la ventanilla, tampoco hicieron comentario alguno esta vez.  Los cuatro miraban ansiosos los ralos vehículos de Ciudad Trujillo que pasaban frente a ellos, perforando la oscuridad con sus faros amarillos, rumbo a San Cristóbal.

La fiesta del chivo (2000) de Mario Vargas Llosa (Perú, 1936) se centra en los hechos del 30 de mayo de 1961 en la República Dominicana, el día que asesinaron al dictador Rafael Trujillo.  No es un thriller, pero sin duda pertenece al “género negro”.

Porque, por un lado se narran las actividades que durante ese día realizó uno los dictadores más brutales de la historia universal, un “Stalin antillano”, el “Jefe, Generalísimo, Padre de la Patria Nueva, Benefactor, Su Excelencia el Doctor Rafael Leónidas Trujillo y Molina, popularmente llamado “el chivo”,  “treinta y dos años llevando en las espaldas el peso de un país”.

Y por otro, ya de noche, se reproduce la conversación de los conspiradores sentados en un coche aparcado en la carretera entre ciudad Trujillo y San Cristóbal, mientras esperaban a que pasara el coche que llevaba a Rafael Trujillo a la Casa de Caoba, en San Cristóbal.

Los recuerdos de Urania Cabral completan la historia de la novela y del período trujillista, desde la perspectiva de 31 años posteriores al asesinato. Urania, la hija única del exsenador Agustín Cabral no había regresado a su país desde que a los catorce años había salido hacia los Estados Unidos, dos semanas antes del asesinato de Trujillo, cuando su padre había caído en desgracia.

La fiesta del chivo cuenta una o muchas historias brutales sucedidas entre 1930 y 1961, la larga sucesión de crímenes, genocidios, violaciones hasta el asesinato del dictador y la despiadada persecución y arresto de los implicados a cargo de la temible y aborrecida policía secreta “Servicio de Inteligencia Militar”, el SIM, a cargo de Johnny Abbes y sus “caliés” que patrullaban “los cepillos”,  sus volkswagens oscuros.

Contrastando con la violencia de la trama, Vargas Llosa transmite el ambiente, la vida diaria, los valores, costumbres, tradiciones, el habla, de los habitantes de la República Dominicana, uno de los trece países antillanos, en las islas del Caribe, y la complicada relación con Haití, al compartir la isla de La Española, el primer lugar a donde llegó Cristóbal Colón en 1492.  En la narración de Vargas Llosa, se aprecia el orgullo del dominicano por su capital, situada a la orilla del mar Caribe, en la desembocadura del río Ozama,  primer asentamiento español en América, la primera capital, con la primera catedral y con la primera universidad del nuevo continente.  Una ciudad, que en el colmo del oprobio, vio cambiado su nombre a Ciudad Trujillo durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.

La fiesta del chivo forma parte de un“subgénero” peculiar en Latino América llamado “novelas de dictadores”, entre ellas: Guatemala, El señor Presidente (1946), de Miguel Ángel Asturias; Paraguay, Yo el Supremo (1974) de Augusto Roa Bastos; Cuba, El recurso del método (1974) de Alejo Carpentier; Colombia, El otoño del patriarca (1975) de Gabriel García Márquez.

Mario Vargas Llosa. La fiesta del chivo. España: Alfaguara. 2000. 518 páginas.

 

El héroe discreto 

Detective Capitán Silva

                                   Sargento Lituma

El héroe discreto (2013)  no es un thriller, pero podría serlo porque la trama se desarrolla alrededor de la resolución de dos situaciones criminales, una de ellas bien resuelta por los ya conocidos, el Capitán Silva y el Sargento Lituma.

Con dos episodios casi anecdóticos en la vida de dos hombres sencillos, “como uno”, Vargas Llosa crea una novela de casi cuatrocientas páginas: Felícito Yanaqué, dueño de una compañía de transportes en Piura, una ciudad del norte de Perú, recibe una muy cordial carta de extorsión, firmada por “arañitas”, para pagar cuotas mensuales por la protección de su negocio.  Al mismo tiempo en la ciudad capital, Lima, Rigoberto, otro personaje muy conocido por los lectores de Vargas Llosa, está planeado un viaje a Europa mientras espera el momento que se libere su jubilación. Su octogenario exjefe en la aseguradora, Ismael Carrera, le pide que sea testigo de su matrimonio secreto con la sirvienta de la casa, Armida, pues teme la reacción violenta de sus dos hijos. Felícito, en Piura, se niega a someterse al chantaje y acepta estoicamente las consecuencias que empiezan con el incendio de su negocio. En Lima Rigoberto acepta estoicamente  la reacción violenta de los hijos mellizos de Ismael, Miki y Escobita, “las hienas”, quienes logran congelar su jubilación mientras Ismael y Armida están de luna de miel en Europa.  De la noche a la mañana Felicito y Rigoberto se vuelven famosos en todo Perú y el desarrollo de los eventos son seguidos con avidez por todos los medios de comunicación.

Pero Rigoberto está más preocupado por su hijo Fonchito, ya quinceañero, quien les ha empezado a contar de una supuesta relación con un señor que se le aparece en varios lugares, de nombre Edilberto Herrera, quien parece saber mucho de él y que busca su conversación (en un momento y como de pasada, Fonchito le dice a Lucrecia que la única mujer que a él le gusta “eres tú, madrastra”). Rigoberto, Lucrecia y nosotros los lectores, pasamos por todos los estados de credulidad e incredulidad sobre la existencia real de este personaje. Rigoberto se inquieta, angustia, recurre a terapistas y a la religión, tratando de entender qué le está pasando a su hijo quien les relata con detalle las largas conversaciones que sostienen.

En Piura el pragmático Sargento Lituma y su superior el capitán Silva,  investigan las amenazas que ha estado recibiendo Felícito Yanaqué.  Vargas Llosa crea un personaje entrañable: hijo de un padre analfabeto, valora sobre todas las cosas el consejo que le dio antes de morir: “nunca te dejes pisotear por nadie hijo. Este consejo es la única herencia que vas a tener”. Para Felícito significó todo y así se enfrenta a la extorsión. De la nada había creado su compañía de transportes en las que ya trabajaban sus hijos Miguel y Tiburcio. Nunca había tenido un día de vacación, disfruta sus rutinas diarias que empiezan con los ejercicios del “Qi Jong” que le enseñó el chino y consulta sus preocupaciones con su amiga la santera la vieja Adelaida; su mayor placer era escuchar a Cecilia Barraza, “alma, corazón y vida” y las tardes que pasa con Mabel.  Porque a Felícito lo habían casado cuando Gertrudis quedó embarazada y aunque siempre pensó que ese niño no era su hijo, lo trató igual al segundo, “acholado”, como él.

Nuestro afecto va creciendo por estos dos hombres discretos, hombres de familia, uno que inventa situaciones muy lúdicas con su esposa Lucrecia y el otro que lloró la primera vez que se acuesta con la que sería su amante, Mabel.   Nos imaginamos cómo son ellos, sus mujeres Gertrudis, Mabel y Armida, la madre, “la Mandona”, regentando una pensión para camioneros, y a los hijos de ambos.

Las descripciones se transmiten principalmente a través de diálogos y ya no deberíamos de sorprendernos la maestría de Vargas Llosa al intercalar diferentes conversaciones. Esto es, en vez de que el personaje narra la plática o la conversación que tuvo con alguien en otro lugar y tiempo, presenciamos ambas conversaciones a veces en el mismo párrafo saltando de una conversación a otra sin ninguna confusión. Y gracias maestro por esa carcajada final que nos haces soltar al final del libro cuando Ponchito vuelve a ver a su personaje ¿ficticio? en el avión a Europa. Ni hablar!!!!

AutorMario Vargas Llosa. Perú. 1936.

FichaMario Vargas Llosa. El héroe discreto. USA: Alfaguara. 2013. 383 págs.