“La gente no es capaz de verse a sí misma y ese es el principio de todos los horrores”.

Pelea de Gallos (2018) de la escritora ecuatoriana María Fernanda Ampuero (1976) está formada por trece relatos cortos, contundentes, brutales.  Muy negros. En apenas ciento veinte páginas, la autora convierte la realidad en una gran novela de denuncia, que se transforma en una extraordinaria obra literaria.

Subasta. “En algún lado hay gallos”, dice la narradora.  De niña su padre la llevaba a las peleas de gallos. Aprendió a llenarse las manos, las rodillas y la cara de caca, para que los señores tan machos que asistían a las peleas no la tocaran. Cuando la secuestraron para “subastarla” junto con otros hombres y mujeres, recordó el olor de las peleas de gallos. Cuando la van a “subastar”, piensa en los gallos, cierra los ojos y abre sus esfínteres, se baña las piernas, los pies, el suelo, después, “como una res vacío mi vientre”.  “–¿Cuánto dan por este monstruo? Nadie quiere dar nada”.

Monstruos. La narradora y su gemela Mercedes son niñas, le tienen miedo a los demonios y a los vampiros. Le pedían a Narcisa que durmiera con ellas, aunque a su padre no le gustaba que “el servicio”, así la llamaba, durmiera con ellas. Estudiaban en un colegio de monjas, que “eran malas e iban de buenas”.  Un día fueron a buscar a Narcisa a su cuarto. “Papá nos dio una bofetada a cada una y subió las escaleras con calma. Ni Narcisa ni sus cosas amanecieron en casa”

Coro. “Hay un tiempo para hablar y otro para hacer. Hace mucho que estas mujeres renunciaron a lo segundo”. El chisme pasea por la casa nueva de María del Pilar, mientras ella muestra su casa a las amigas. Ven la casa pero no se ven a si mismas, rodeadas de tanto lujo, devoran a la mujer que saludaron en el supermercado, o al compañero de sus hijos.  “La gente no es capaz de verse a sí misma y ese es el principio de todos los horrores”.

 Cloro. Los hombres limpian la piscina, que nunca deja de estar sucia y que tiene que verse como espejito, que todos los días hay que poner cloro de Estados Unidos “que desinfecta mejor que el nacional”. Los hombres llevan uniformes blancos que sus mujeres lavan a mano con cloro nacional. “Las vacaciones en estos países tienen eso, los contrastes

El contexto y los ambientes de estos relatos sson ecuatorianos y latinamericanos.  Los hechos pueden suceder en cualquier parte del planeta.  Los relatos se despliegan como las imágenes en un poli tríptico en el que el realismo mágico se vuelve despiadado. Transmiten lo peor y lo mejor del ser humano, del pobre y del rico, del urbano y del rural, en una variedad de atmósferas, ambientes y clases sociales.

Y sobre todo lo anterior, la conjunción de las voces, de niñas, de jóvenes, de mujeres, hijas, hermanas, hermanas gemelas, madres (a excepción del relato “Persianas”). Voces que no narran, gritan las mil formas de la desigualdad, de la violencia, de la crueldad. Porque siempre “en algún lado hay gallos”.

María Fernanda Ampuero, Guayaquil, Ecuador 1976

María Fernanda Ampuero. Pelea de gallos. España: Páginas de Espuma. 2018. 120 págs. Edición de Kindle.