Don Chepe

 

En Verano Rojo (2010) de Daniel Quiroz (Costa Rica, 1979), el detective, la vícitima y el asesino tenían algo en común: habían sido guerrilleros.

Desde la perspectiva de la primera década del siglo veintiuno, el autor sitúa las causas del crimen y por lo tanto a sus personajes, en el entorno de los conflictos guerrilleros en las décadas de los setenta y ochenta del siglo anterior en Argentina, Nicaragua y Costa Rica. El narrador es Don Chepe, el exguerrillero que se había retirado a Paraíso, un pueblo de la costa norte del Pacífico costarricense.  Cuenta cómo recorrió durante unos pocos días, en su Suzuki Sidekick blanco 1995, buena parte de la provincia de Guanacasta, en la costa del Pacífico Norte de Costa Rica, sin dormir, fumando y empolvado, buscando al asesino de la Argentina, cuyo cuerpo había aparecido acribillado en una playa cercana a Paraíso.

“Antes de trabajar para el INS, yo había pasado varios años en Nicaragua, luchando en la Revolución, donde había aprendido a hacerme entender. En Paraíso no caía de mal alguien con ese tipo de experiencia. A partir de ese día, terminé echando mano en varios casos: robos, drogas, asesinatos, ese tipo de cosas. Todo extraoficialmente… Los trabajos no daban mucho, pero aunque sea mataban el aburrimiento y ayudaban a pagar los pocos gastos que tenía”.

La “Argentina” era lo más parecido a una amiga para don Chepe. Se llamaba Ilana Echevarri, había llegado a principio de los ochentas y tenía un café en Tamarindo, una pequeña ciudad cercana a Paraíso.  Don Chepe se sorprendió al conocer que la Argentina le había dejado fotos, recortes de periódicos y una llave. Por ellos irá descubriendo su participación en la “Operación Gaviota”, el atentado contra general Videla, presidente de Argentina entre 1976 y 1981,  y que después había estado en Nicaragua y en Panamá antes de asentarse en la pequeña ciudad de Tamarindo en Costa Rica.

La investigación de don Chepe se va entremezclando con un episodio de la historia de Costa Rica: el atentado contra Edén Pastora el 30 de mayo de 1984 que el autor sitúa en Santa Cruz casi la frontera con Nicaragua y que se refiere al  “atentado de La Penca”. Todo el mundo tenía una buena razón para asesinar a Pastora: los sandinistas, la CIA, los Contras, hasta miembros de su propio grupo y políticos en este país. En la ficción de Quiróz, aparece un periodista sueco que había estado en el atentado, Peter Olsson, y quien recién había sido llamado a Costa Rica para declarar sobre el mismo y que es encontrado muerto después de haberse entrevistado con don Chepe.  Las pistas que va encontrado don Chepe lo llevan a un personaje que había participado en el atentado contra Videla, que luego estuvo en Nicaragua, que en Panamá pasó unas semanas con Ilana Echeverri, y que en su calidad de periodista presenció el atentado de La Penca.  El problema al que se enfrenta don Chepe es que ese hombre, era en realidad Rodrigo Víctor Gandini, un ex guerrillero del Ejército Revolucionario de Pueblo (ERP), muerto supuestamente en 1989 en la toma del cuartel La Tablada, en Buenos Aires, Argentina.

“Adentro, encontré la última pista que me dejaría la Argentina, la última borona sobre los caminos de polvo. Había cinco palabras escritas sobre una hoja en blanco, en la ya bien conocida manuscrita errática: El Ángel, Altos de Tamarindo. No fue difícil entender a lo que se refería o más bien a quién se refería. El Ángel era el alias de Gabriel Eduardo Mejía, un millonario mexicano que tenía una mansión en Los Altos de Tamarindo, unas colinas que quedaban detrás de la ciudad. Leí alguna vez a alguien que decía que ninguna riqueza es inocente. Sin duda se referían al Ángel”.

Unas palabras sobre el género negro en Latinoamérica.  El contexto, el ambiente, el léxico, de los thrillers de los países latinoamericanos que he leído hasta ahora, son peculiares y característicos, muy propios del país del escritor.  Pero al mismo tiempo, y no obstante que no hay confusión sobre lo anterior, es muy evidente un subestilo en el que se engloba la narrativa negra en Latinoamérica, con un tratamiento de los temas y del elemento suspenso que la caracteriza y diferencia de la narrativa negra de otras latitudes.

Daniel Quirós. Costa Rica 1979.

Daniel Quirós. Verano rojo. Costa Rica: Editorial Costa Rica. 2013. 128 páginas. Edición

de Kindle.