Jenny Aaron

“La memoria de Jenny Aaron es “un software de alto rendimiento; solo necesitó cinco minutos para grabarlo todo”.

 

En su novela Niebla (en alemán Endgültig, 2016),  Andreas Pflüger (Alemania, 1957), ha creado “otro”  personaje femenino fantástico con cualidades “extraordinarias”, en este caso una policia ciega seguidora del bushidō.

Y escribo “otro” porque parece que desde Lisbeth Salander, esta fórmula y sus clichés están de moda para vender millones de copias.  La heroína fantástica, de inteligencia y memoria sobresalientes, se enfrenta al malvado villano en varios episodios violentos; ella sufre terribles heridas y golpes y él tiene la capacidad de superar cualquier ataque.   Con esto podríamos desestimar su lectura.  Si no fuera porque son muy divertidas. Porque los autores suelen dotar a sus heroínas con ciertas habilidades o talentos extraordinarios bien documentados que no son ficción ni hechos sobrenaturales. Porque en Niebla, la novela es casi un tratado sobre la ceguera y el recurso de la eco localización. Por su trepidante descripción de la ciudad de Berlín. Y por el interesante fondo psicológico de los villanos.

Después de matar por primera vez, Aaron se preguntó cómo podía justificarlo. La filosofía del kárate la llevó al bushidō y a leer “El camino del guerrero”, el código de los samuráis”.

Jenny Aaron es una joven policía alemana que perdió la vista como consecuencia de una misión en Barcelona que acabó mal.   Había sido entrenada por un padre policía ejemplar, tiene una memoria fotográfica, sobresale en todas las calificaciónes policiales, posee el cinturón negro de “de gōjū-ryū, el más efectivo de los cuatro estilos japoneses”.

Ya ciega había aprendido a detectar presencias siguiendo los principios de la eco localización. Como los murciélagos y los delfines. Usa zapatos con tacones de acero que funcionan como sonar, esto es, como medio de localización acústica. Chasquea sus dedos cerca de sus oídos para emitir ondas sonoras que impactan en los objetos produciendo ecos, el eco rebota el objeto y puede ser percibido por sus oídos. Porque todas las cosas reflejan resonancias que le permite distinguir objetos entre cinco y doscientos metros.

Aaron suelta un fuerte clic con los labios abiertos en forma de «o». Localiza una farola. ¿O dos? A la izquierda, una columna enorme. ¿Publicidad? ¿Ventilación? A la derecha hay un autobús con el motor en marcha, una clase de colegio alborotando, retazos de palabras en una lengua escandinava”.

Desde el arresto de Ilia Nikulin, hasta la misión en Barcelona, Jenny Aaron había pertenecido al Grupo de Seguridad, Centro de Lucha Antiterrorista y Sección de Operaciones Especiales, un Departamento que no se encontraba en ningún organigrama, un grupo de elite de la BKA, la Oficina Federal de Investigación Criminal alemana, que actuaba cuando otras formas de seguridad no podían.

“…Liberaciones de rehenes en las que un grupo especial de operaciones, con su uniforme completo, resultaría demasiado llamativo y demasiado lento. En las que el cuerpo es el arma. Entrega de rescates en secuestros. Investigaciones encubiertas de altísimo riesgo. Operaciones secretas para la Europol. Lucha antiterrorista mediante infiltraciones…”

Después de su larga recuperación había sido asignada a la sede central de la BKA en Wiesbaden como analista de casos y especialista en interrogatorios en investigaciones complejas, crimen organizado y terrorismo.  Tenía cinco años sin ir a Berlín, sin ver a sus antiguos compañeros, cuando es llamada por su antiguo departamento. Un criminal preso había matado a una psicóloga en su celda en el centro penitenciario de Tegel y dijo que sólo hablaría con la señora Aaron.

En Berlín Jenny Aaron se reencuentra con sus antiguos compañeros, con su examante Niko Kvist, y con su querido amigo Ulf Pavlik. Aaron se entrevista con el reo. Se entera que hacía un mes habían trasladado desde Barcelona a esa prisión a Sascha Holm, el hermano de Ludger Holm, el responsable del fracaso de la misión en Barcelona y de su ceguera.

Ludger Holm y su hermano menor Sascha habían tenido una infancia terrible.  A los veinte años Ludger fue acogido por un millonario ruso de nombre Ilia Nikulin. Ilia Nikulin era el padre de Natasha Nikulin, una joven a quien Jenny Aaron había matado accidentalmente en un aparcamiento subterráneo del hotel Aralsk de Moscú.

La lectura de esta novela es confusa. No sé que tanto es producto de la traducción y qué tanto por la cantidad de información, dispersa, que se va insertando en forma de recuerdos, descripciones y reflexiones entre los párrafos conforme van sucediendo los acontecimientos.  Los enfrentamientos entre Jenny Aaron y Ludger Holm son físicos y verbales, intensos y tal vez redundantes.  Pero no la podemos soltar y al final, todo cae en su lugar.

Andreas Pflüger. Alemania, 1957.

Andreas Pflüger. Niebla Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial España. 2016. Edición Kindle.