León Tolstói (Yásnaya Poliana, Tula, Rusia 1829-1910).

Guerra y paz (1869)

La Muerte de Iván Ilich (1886)

La sonata a Kreutzer (1889)

 

León Tolstói escribió La Muerte de Iván Ilich (1886) y La sonata a Kreutzer (1889) después de sus dos grandes novelas Guerra y paz (1869) y Ana Karenina (1877) que pertenecen a su etapa de plenitud realista. La Muerte de Iván Ilich y La sonata a Kreutzer se inscriben en la etapa de madurez tardía, marcada por una profundad crisis espiritual. Los textos de este periodo se centran en la reflexión sobre el sentido de la vida y de la muerte, así como en la búsqueda moral.

 

La Guerra y la Paz (1865-1869)

 

War and Peace fue publicada entre 1865 y 1869, durante el periodo de madurez temprana–media de León Tolstói, antes de su crisis espiritual. Tolstói tenía entre 37 y 41 años.

La relectura de Guerra y paz de León Tolstói en Kindle me ha resultado inmensamente grata y profundamente enriquecedora. En cuestión de segundos y por menos de diez dólares, descargué la traducción del ruso al inglés de Richard Pevear y Larissa Volokhonsky (2007), para quienes “la traducción es un diálogo entre dos lenguas”. Esta versión es considerada una de las mejores —si no la mejor hasta ahora— traducciones modernas al inglés de Guerra y paz.

Los traductores reproducen los textos escritos originalmente en francés por Tolstói. Basta con poner el cursor en la palabra que no entendemos, en inglés o en francés (o en alemán), para leer la traducción y si nos interesa, abundar en su significado con ayuda de Google. Lo mismo ocurre con las notas al pie, que aclaran y enriquecen conceptos, personajes y eventos; y si se nos pierde un personaje o no recordamos un acontecimiento, simplemente usamos la opción de búsqueda.

Además, al leer nuestros subrayados y notas, volvemos a sentir el placer de lo leído o la iluminación que nos transmite (por eso subrayamos).

Pienso en Guerra y paz, una de las más grandes obras literarias de todos los tiempos, como un entramado de ideas, hechos, relaciones y acciones que se enlazan entre sí, formando una estructura compleja, imposible de separar o comprender de manera aislada. Destaco tres ejes fundamentales:

1.Historias personales, familiares y sociales.

2.Acontecimientos históricos y militares.

3.IDEAS (sí, con mayúscula).

Desde esta perspectiva, este breve texto, es mi tributo a Tolstói y a su inmensa, War and Peace.

1.

Las historias personales y familiares se desarrollan en una sociedad profundamente estratificada, incluso dentro de la propia nobleza. Los retratos psicológicos son agudos e irónicos. Volví a enamorarme del conde Pierre Bezújov:

In his life he had long sought in various directions for that peace, that harmony with himself, which had struck him so much in the soldiers during the battle of Borodino— he had sought it in philanthropy, in Masonry, in the distractions of social life, in wine, in a heroic deed of self-sacrifice, in romantic love for Natasha; he had sought it by way of thought, and all this seeking and trying had disappointed him. And, without thinking, he had received that peace and harmony with himself only through the horror of death, through privation , and through what he had understood in Karataev…

…. He frequented every possible society, drank heavily, bought paintings, built, but, above all, he read”.

Disfruté la vida en casa de los Rostov y la transformación de Natasha, quien como una matrioska, fue agregandose capas sin perder su rasgo principal, la vehemencia con la que vivió cada etapa de su vida. De joven alegre y entusiasta pasó a ser una novia asustada, luego impulsiva por la pasión, después una mujer que sufre el descrédito y la muerte de su amado, hasta convertirse en una matrona firme y contundente sin perder nunca su vehemencia.

Me subyugaron las pláticas reflexivas de Andréi Bolkonsky y Pierre Bezújov; la serenidad de Marya. Me irritaron la ambición del príncipe Vasili Kuraguin y la frivolidad de sus hijos, Helena y Anatole.

[¡Qué pocos Andréi Bolkonski y Pierre Bezújov he conocido, y cuántas Hélène Kuraguin y Anatole Kuraguin!]

 “…Anatole was always content with his position, with himself, and with others . He was instinctively convinced with his whole being that it was impossible for him to live otherwise than the way he lived, and that he had never in his life done anything bad. He was not capable of reflecting either on how his actions might affect others, or on what might come of one or another of his actions. He was convinced that, just as the duck was created so that it must always live in water, so he was created by God so that he must live on an income of thirty thousand and occupy a high position in society…

2.

Hechos históricos: la invasión napoleónica y la historia militar. La parte histórica de la novela empieza en 1805 y finaliza en 1812.  Durante este periodo Rusia y gran parte de Europa se enfrentaron a Napoleón. En noviembre de 1805 tiene lugar la batalla de Austerlitz, conocida como la llamada “batalla de los tres emperadores”. En junio de 1812 se describe la batalla de Borodino y la subsecuente toma de Moscú por los franceses.

Además de recrear las batallas, Tolsói describe el contexto general: la situación política y militar, los oficiales (y sus contradictorias órdenes), acciones y actividades militares, los soldados, la comida, el vestuario, y siempre, el frío. Sobresale y sorprende la personalidad de un personaje histórico, el Mariscal de Campo Mijail Kutúzov, tuerto a causa de heridas de guerra (Guerra ruso-turca de 1774). Tolstoi hace de esa herida un símbolo moral y filosófico, porque para él la visión no es siempre óptica, sino histórica y humana.

3.

Reflexiones sobre la vida, la historia, las ideas. Tolstói cuestiona, interroga y problematiza. Tal vez, para algunos, sus respuestas puedan parecer hoy obsoletas, pero lo importante es que se atrevió a formularlas, funcionando en muchos casos, como punto de partida. Algunas de ellas:

-Esperando la oportunidad para expresar sus pensamientos, como les gusta hacerlo a los jóvenes.

-Le gustaba decir que sólo existen dos clases de vicios humanos: la ociosidad y la superstición. Y que sólo había dos virtudes: la actividad y la inteligencia. (Nikolai Andreevich Bolkonsky)

Nada, nada es cierto, excepto la insignificancia de todo lo que puedo comprender y la grandeza de algo incomprensible pero muy importante.

Pierre sueña en los ruidos de un campo de batalla; despierta a la calma del campamento, que lo conduce a una ensoñación: una comida en su club, el duelo con Dolokhov y las palabras de su benefactor Torzhok, todo ello mezclándose en su cabeza con los sonidos de la guerra.

War is the most difficult subjection of man’s freedom to the laws of God… Simplicity is obedience of God; you cannot get away from Him. And they are simple. They don’talk, they do. A word spoken is silver, unspoken is gold

(Libro VIII, Parte tercéra, capitulo IX, posiciones 18648-18676)

 

En War and Peace está todo: los géneros literarios, la humanidad en su grandeza y en su miseria, y las ideas que no envejecen. Este texto no es una reseña. Es mi tributo a Tolstói y a su inmensa, War and Peace.

 

La Muerte de Iván Ilich (1886)

En 1886 Tolstói tiene 58 años.

La trama de esta pequeña novela —de 71 páginas en la edición comentada— se centra en la enfermedad que conduce a la muerte. Ciento sesenta y seis años después de su publicación, la Muerte de Iván Ilich nos invita a reflexionar sobre el “morir”. Morir es un verbo, que denota una acción, en este caso un proceso. Se diferencia del sustantivo abstracto “muerte”, que nombra la nominalización y fin inexorable de ese proceso de “morir”.

Algunas personas mueren de forma apacible —aparentemente, porque nunca lo sabremos— en el sueño, de un infarto fulminante o en un accidente fatal que no les dio tiempo, o quizá sí, de saber que estaban muriendo. Otras padecen una enfermedad durante la cual cada segundo, con o sin dolor, las obliga a ser conscientes de que están muriendo. Este fue el caso de Iván Ilich.

 «Praskovia Fiódorovna Goloviná, con profundo pesar, informa a familiares y amigos del fallecimiento de su amado esposo, miembro del tribunal, Iván Illich Golovín, ocurrido el 4 de febrero de 1882. El funeral será el viernes a la una de la tarde».

La Muerte de Iván Ilich ha sido considerado una novela literariamente “perfecta”. Comienza con la noticia de la muerte de Iván Ilich publicada en el periódico y con las escenas de los familiares, amigos, vecinos y colegas juristas que asisten a su casa, donde el cuerpo yace en un ataúd acolchado.

“La historia pasada de la vida de Iván Ilich fue la más simple y ordinaria y, a la vez, la más horrible. Iván Ilich falleció a los cuarenta y cinco años, siendo miembro del Tribunal de Justicia”. Había estudiado Derecho y se desempeñó en varias posiciones judiciales hasta alcanzar un puesto en el Ministerio de Justicia de San Petersburgo, “cinco mil de salario y tres mil quinientos en dietas”. Su esposa era Praskovia Fiódorvna Míjel, “una mujer irritable y exigente”. Su hija tenía dieciséis años y su hijo aún asistía a la escuela secundaria.

Iván Ilich creía haber llevado una vida agradable, decente y virtuosa. “Se levantaba a las nueve, tomaba café, leía el periódico, luego se ponía el uniforme y se dirigía al tribunal. Allí se encontraba en un ritmo familiar en el que trabajaba; se adaptaba rápidamente a él”. Su círculo social era selecto, y tenía buenos compañeros para jugar al whist.

Iván Ilich y su familia vivían en apartamento espacioso, suntuosamente decorado por él mismo. Este dato es importante porque, durante los trabajos de decoración “una vez, subió a una escalera para mostrarle al papelero incomprensivo cómo quería que drapeara las cortinas, resbaló y cayó, pero siendo un hombre fuerte y ágil, se sujetó solo golpeándose el costado contra el saliente de la ventana. El golpe dolió, pero pronto pasó”.

Iván Ilich comenzó a notar un extraño sabor en la boca y cierta incomodidad en el lado izquierdo del abdomen, justo donde se había golpeado. La incomodidad fue aumentando y se transformó en una sensación de constante de pesadez en el flanco, acompañada de un mal estado de ánimo que lo llevaba a discutir por todo con su esposa.

Su primera visita al médico “ocurrió tal como lo esperaba”: “esto y aquello indica que tiene tal o cual cosa dentro de usted; pero si esto no se confirma mediante tales y cuales estudios, entonces hay que suponer otra cosa. En caso de que supongamos eso, entonces… y así sucesivamente”. Para Iván Ilich era importante saber si su estado era peligroso. El médico hablaba de que lo que importaba era sospesar las probabilidades: riñón flotante, catarro crónico, enfermedad del ciego. Era un debate entre el riñón flotante y el ciego.

Iván Ilich tomaba las medicinas y seguía escrupulosamente las indicaciones de higiene. Un nuevo análisis de orina hizo que le modificaran la receta. La molestia se convirtió en dolor, que se intensificaba día a día. Consultó otros médicos que le formularon las mismas preguntas. Un homeópata diagnosticó la enfermedad y le dio otro tratamiento. El dolor del costado continuaba atormentándolo; el sabor en la boca era repugnante, no tenía apetito y sus fuerzas se debilitaban. Iván Ilich se fue quedando solo: su vida estaba envenenada y no dormía por el dolor.

Dos meses después, otro médico diagnosticó “riñón flotante”; según él, se había desprendido y vagaba. Otro sugirió “una pequeña cosa en el colon”. Todo parecía solucionable: potenciar la energía de un órgano, disminuir la actividad de otro, lograr la absorción. Otro famoso médico diagnosticó que el riñón y el apéndice no funcionaban como debían.

 “¡El colon! ¡El riñón! —se dijo—. No es el colon, no es el riñón, sino la vida y… la muerte”.

“Sí. ¿Por qué engañarme? ¿No es evidente para todos, excepto para mí, que estoy muriendo?”.

El dolor aumentaba. En sus pensamientos y recuerdos todo giraba en torno a él: dolor, el accidente; dolor, médicos; dolor, tristeza; dolor, melancolía; dolor, debilidad; dolor, tercer mes; dolor, insomnio; dolor, opio; dolor, morfina; dolor, suciedad, indecencia, olor; dolor, músculos inservibles; dolor, piernas alzadas sostenidas por Guerásim; dolor, angustia, siempre lo mismo; dolor, su familia viviendo su vida normal; dolor, la crueldad de las personas; dolor, llanto de impotencia; dolor, soledad; dolor, ya no podía levantarse.

Iván Ilich se preguntaba ¿Qué es esto? ¿Será verdad que es la muerte?

“Entonces, ¿dónde estaré cuando ya no esté? si hice todo como correspondía?… ¿por qué, para qué todo este horror?… por más que pensara, no encontró respuesta. Una tras otra, desfilaban frente a él las escenas de su vida pasada”.

Había vivido “correctamente”, pero quizá sin verdad. Estaba cayendo; no podía resistirse, solo esperar la caída aterradora, el golpe y la destrucción. Si era imposible resistir, al menos quería entender por qué tanto sufrimiento. ¿Por qué? «¿Y si de verdad toda mi vida consciente hubiera estado ‘equivocada’?».

Después de haberse confesado volvió a pensar en su apéndice cecal, en la posibilidad de corregirlo, en una operación, quería vivir. Pero “Algo nuevo sucedió: una sensación de constricción, de pinchazos y dificultad para respirar”. Su agonía duró tres días; era horrible escuchar sus gritos de dolor.

De repente, una fuerza lo empujó en el pecho y en el costado, oprimiéndole aún más la respiración, y cayó en un agujero. Allí, en el fondo del agujero, algo comenzó a brillar.

De pronto comprendió que aquello que lo oprimía y no lo dejaba salir se liberaba por todos lados. «Qué bien y qué fácil», pensó. «¿Y el dolor? —se preguntó—. ¿Dónde está el dolor? A ver, ¿dónde estás, dolor?».

 “«¿Y la muerte? ¿Dónde está?». En lugar de muerte había luz”.

“—¡Así que esto es! —dijo de repente en voz alta—. ¡Qué alegría! Para él todo esto sucedió en un instante, y el significado de ese instante no cambió. Pero para los presentes, su agonía duró todavía dos horas más. Algo burbujeaba en su pecho; su cuerpo extenuado se estremecía. Luego los burbujeos y los jadeos se hicieron cada vez más esporádicos. —¡Se ha acabado! —dijo alguien sobre él.

Ivan Illich scuchó estas palabras y las repitió en su alma. «La muerte ha terminado —se dijo—. No hay más». Aspiró el aire, se detuvo a medio aliento, se estiró y murió.

 

 La sonata a Kreutzer (1889)

 “¡Qué sentimiento más abominable es el de los celos!”

En su breve novela La sonata de Kreutzer (1889), León Tolstói retrata con crudeza el comportamiento de un hombre dominado por los celos: Pózdnyshev.

El narrador, de quien no sabemos nada, viaja en un tren. Diversos personajes entran y salen de su compartimiento; entre ellos, un matrimonio. La conversación deriva hacia el matrimonio, el amor y las relaciones sexuales. En ese contexto, un abogado comenta:

—Sí, no puede negarse que, en algunas ocasiones, la vida marital termina con una tragedia espantosa. Vean ustedes, por ejemplo, el caso de Pozdnychev—dijo el abogado, queriendo desviar la conversación de aquel terreno inconveniente y demasiado excitante. —¿Han leído ustedes cómo mató a su mujer por celos?”.

Cuando en el compartimento del tren sólo quedaron el narrador y un personaje que había permanecido en silencio, éste se dirige a él:

—Veo que ha adivinado usted quién soy.

—No, no he tenido ese gusto.

—El gusto no es muy grande. Yo soy Pozdnychev” .

A partir de ese momento, se despliega la historia y las reflexiones de Pózdnyshev sobre el matrimonio, los hijos, la sexualidad… y los celos.

“Hijo de un rico hidalgo de su estepa”, había sido un joven “libertino desenfrenado” hasta que decidió casarse con una joven que le atraía sexualmente. El matrimonio estuvo marcado por una relación turbulenta: él deseaba y odiaba a su esposa al mismo tiempo. Vivían violentos pleitos, seguidos de intensas reconciliaciones sexuales. Tuvieron cinco hijos, que acabaron convirtiéndose en “armas de combate” en medio de sus terribles disputas.

Con el tiempo, Pózdnyshev observó que su esposa se ocupaba menos de los hijos y más de su arreglo personal. Volvió a tocar el piano y, entonces, “apareció el hombre…”. Un músico, un violinista que, con sus trajes parisinos y sus modales impregnados de una alegría ficticia, trajo consigo la música y la catástrofe.

Pózdnyshev advirtió un nuevo brillo en los ojos de su esposa. Cuando organizó una velada musical para que ambos interpretaran una sonata, cada uno de sus movimientos fue despertando en él sentimientos cada vez más terribles:

 “ …tocaron la Sonata a Kreutzer, de Beethoven”. – ¿Conoce su primer presto? ¿Lo conoce?… ¡Oh!… ¡Oh!…

 Al llegar a ese punto, Pózdnyshev exhaló un profundo suspiro y guardó silencio durante largo tiempo.

 —¡Qué cosa más espantosa es esa sonata! Y ese presto es la parte más terrible. Sin embargo, toda la música es espantosa. ¡Qué es, pues, la música? ¿Por qué produce esos efectos?”.

Pózdnyshev intentaba dominar sus celos:

“ …Contuve mis celos, no tanto por las razones tranquilizadoras que me dio mi mujer, sino para evitar las horrendas torturas que me ocasionaban”.

Poco después, durante un viaje de negocios, no podía dejar de pensar en la pasión sensual que su esposa le inspiraba. Las imágenes que lo asaltaban lo llenaban de ira, convencido de que:

“…La música, ese refinado excitante de la voluptuosidad, era el lazo que los unía”.

Pózdnyshev adelantó su regreso. Encontró a su esposa y al músico cenando en el comedor de su casa. Fue a su despacho y, enloquecido, regresó, se arrojó sobre ella y le clavó un puñal.

Pozdnychev sollozaba y se estremecía nerviosamente. —Sí; si hubiese sabido lo que hoy sé, —añadió— no me habría sucedido nada. ¡No me habría casado con ella por nada del mundo! ¡No me habría casado nunca! ¡Jamás! He aquí, señor, lo que hice y las pruebas por las que pasé. Es preciso comprender bien el sentido del Evangelio, según San Mateo; es necesario interpretar bien esta frase: «Aquel que mira a una mujer con deseo, ya ha cometido adulterio». Esto se refiere también a la hermana, y no sólo a la mujer extraña, sino sobre todo a la propia mujer”.

Aunque la justicia absolvió a Pózdnyshev por la supuesta infidelidad de su esposa, él comenzó a viajar sin rumbo, saltando de tren en tren y contando su historia. Seguía buscando la absolución.

 La sonata de Kreutzer se lee con rapidez. El lector experimenta la pasión, la sospecha, la cólera y el sufrimiento autogenerado; reconoce las actitudes neuróticas —la tendencia a minimizar lo bueno y exagerar lo malo— y percibe el poder destructor de no distinguir entre lo real y lo imaginario.

 

Los celos son una respuesta emocional natural del ser humano ante la amenaza, real o imaginaria, de perder algo que considera suyo. Sin embargo, cuando se exacerban, pueden adquirir un carácter patológico conocido como celotipia.

La celotipia no alcanzó categoría de reflexión psicopatológica hasta que el psiquiatra y filósofo existencialista alemán-suizo Karl Jaspers publicó su estudio Delirio celotípico. Contribución al problema: ¿desarrollo de una personalidad o proceso?

La Sonata para violín y piano n. 9 en la mayor, conocida como la “Sonata a Kreutzer”, fue compuesta por Ludwig van Beethoven en 1802. La novela de Tolstói, inspirada en esta obra musical, dio lugar a su vez a la Sonata a Kreutzer del compositor checo Leoš Janáček.

 ETIQUETAS: GUERRA. REFLEXIONES. MUERTE. ENFERMEDAD. CELOS.

León Tolstói (Yásnaya Poliana, Tula, Rusia 1829-1910).

Tolstoy, Leo. War and Peace. Translation by Richard Pevear and Larissa Volokhonsky. New York: (Vintage Classics) Knopf Doubleday Publishing Group. 2008. 1996p. K.

León Tolstói. La muerte e Iván Ilich. Traducción de Joaquín de la Sierra. Editorial Mutmot. 2024. 73p. K.

León Tolstói.  La sonata a Kreutzer. 2011. 144 págs. K,