Quiero pensar que Amin Maalouf (Beirut, Líbano, 1949) no sitúa su novela Los desorientados (2012) ni en un tiempo ni en un espacio precisos para abrirla a quienes, en otros tiempos y en otros lugares, emigran, o viven el exilio; que suspiran al escuchar a Bob Dylan cantar “to be without a home, like a complete unknown, like a rolling stone”. Pero también a quienes permanecen en el lugar donde nacieron.

Un poco de historia: La guerra civil que vivió Líbano entre 1975 y 1990 fue un conflicto armado de extrema violencia y larga duración. En él se enfrentaron milicias cristianas y musulmanas, movimientos laicos, organizaciones palestinas y facciones sectarias rivales, en un contexto marcado por profundas tensiones sociales, políticas y confesionales. El conflicto se vio agravado por la intervención directa de potencias regionales, especialmente Siria e Israel, lo que prolongó la guerra y aumentó su complejidad. Como consecuencia de la inseguridad, la destrucción económica y el colapso institucional, entre 800.000 y 1.000.000 de personas emigraron del Líbano durante el conflicto, lo que supuso una de las mayores oleadas migratorias de su historia contemporánea y dejó una huella duradera en la estructura demográfica y social del país.

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“Al volver a mi tierra inundada, pensaba salvar algunos vestigios de mi pasado y del pasado de mi gente…”

Para Amin Maalouf el Levante no es solo Líbano, es una idea del mundo basada en la mezcla, hoy amenazada en muchas regiones. El autor no habla de las causas, sino de las consecuencias que tuvo la guerra y el exilio en su vida, y en la de sus personajes. En ello reside la belleza de esta novela.

 “No dejan de repetirme que nuestro Levante es así, que no cambiará, que siempre habrá facciones”.

Eran jóvenes levantinos en los años setenta: cristianos, musulmanes, judíos, laicos; ricos o pobres; hombres y mujeres unidos por el debate de la realidad en la que vivían. Hasta que, uno a uno, casi todos fueron emigrando. Aunque también hubo quienes se quedaron.

El protagonista y narrador es Adam, tiene 47 años. Veinticinco años antes emigró —o se exilió— a París. Estudió Historia, es profesor y lleva quince años escribiendo la biografía de Atila, “el arquetipo del emigrante”, el bárbaro que quiso ser ciudadano romano. Vive con Dolores. Nunca había regresado a su patria.

“Estamos en la frontera de dos siglos y de dos milenios. ¡2001!”

 A finales del mes de abril, Adam recibe la llamada de Tania, la esposa de Mourad: él se está muriendo y quiere hablar con él. Cuando Adam llega, Mourad ya ha muerto. Semiramis lo invita a pasar unos días en su hotel, fuera de la ciudad. En su habitación Adam llena páginas con sus reflexiones sobre el regreso y los recuerdos de su otra vida. Decide convocar a los amigos exiliados y a los que permanecieron. A través de correos electrónicos y llamadas por teléfono los convocó a ese hotel de montaña:  personas a quienes la guerra y los azares de la vida habían dispersado por varios continentes, con diferentes profesiones, vidas, y creencias, y que llevaban un cuarto de siglo sin verse.

Durante esos dieciséis días las anotaciones del protagonista en su cuaderno, —junto con la voz del narrador omnipresente—recuerdan y evocan a los amigos, sus circunstancias, los paseos, las charlas, las historias y lecturas compartidas y comentadas, los temas discutidos.

La reunión se llevaría a cabo 16 días después de su llegada. Todos, él, Semirmis, Dolores, Naím, Albert, Ramez y Dunia, Nidal, Tania, fray Basile.

“Cierto es que vuelvo a descubrir todas las noches por qué me alejé de la patria donde nací; pero también vuelvo a descubrir todas las mañanas por qué nunca me desapegué de ella”.

Pero esta mañana, en el hotel de Semi, vuelvo a descubrir la alegría carnal de sentirme en la tierra en que nací. Escribo estas últimas palabras como si necesitase volver a aprenderlas. La tierra en que nací. Mi país. Mi patria”.

 

ETIQUETAS: MIGRACIÓN. EXILIO. GUERRA CIVIL. ORIENTE MEDIO.

Amin Maalouf (Beirut, Líbano, 1949).

Amin Maalouf. Los desorientados. Madrid: Alianza Editorial. 2012. 528 p. K