“Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buen ser humano. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas”.
Ryszard Kapuściński (Polonia 1932–2007), periodista, reportero, fotógrafo y escritor, elevó el periodismo a categoría literaria. Su prosa es lírica, precisa y profundamente humana. Captura la esencia de los conflictos que reporta, tratando de comprender la psicología del poder y manifestando abiertamente su empatía con las personas comunes y con los pobres. Cubrió conflictos, revoluciones y procesos políticos en África, Asia y América Latina. A lo largo de su carrera reportó más de veinte revoluciones y golpes de Estado.
Su libro más prestigiado es El emperador (1978), una crónica sobre el colapso del rey Haile Selassie en Etiopía. La guerra del fútbol (1988 reúne veintiséis reportajes y crónicas sobre conflictos políticos y sociales en África y América Latina; entre ellos, el texto que da título al libro, dedicado a la breve guerra entre El Salvador y Honduras en 1969. Ébano (1998) es considerado uno de los libros más importantes escritos sobre África en el siglo XX. Viajes con Herodoto (2004), su libro final y quizá el más bellamente escrito, compara la experiencia del reportero moderno con la del historiador griego Heródoto.
Sus muy citadas “10 reglas para ejercer el oficio de periodista” suelen considerarse una síntesis de su concepción ética del periodismo. En mi opinión, son también “10 reglas para ser mejor persona”: 1. Ser buena persona. 2. Mantener una curiosidad permanente. 3. Escuchar más que hablar. 4. Comprender antes de juzgar. 5. Estar cerca de la gente. 6. Ser humilde ante la realidad. 7. Estudiar y leer constantemente. 8. Evitar el cinismo. 9. Ser responsable con las palabras. 10. Entender el periodismo —o cualquier otra disciplina— como una forma de ver el mundo.
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Szachinszach. El Sha o la desmesura del poder (1982)
El 16 de enero de 1979 el sha Mohammad Reza Shah Pahlaví abandonó Irán, obligado por las masivas protestas, huelgas y la pérdida de control del país. El 1 de febrero el ayatolá Ruhollah Jomeini regresó triunfalmente a Irán tras 15 años de exilio. El 11 de febrero marcó el triunfo definitivo de la revolución. El 1 de abril se proclamó oficialmente la República islámica de Irán.
El periodista Ryszard Kapuściński vivió en Teherán durante esos meses y fue testigo directo de la Revolución Islámica liderada por el ayatolá Ruhollah Jomeini, del derrocamiento del sha y de la instauración del nuevo régimen. También presenció el clima político que desembocó en la crisis de los rehenes en la Embajada de Estados Unidos en Teherán, que se prolongó durante 444 días.
En este contexto, El Sha o la desmesura del poder muestra, con toda su complejidad, las causas y los procesos que condujeron al derrocamiento del sha y al ascenso del ayatolá. Es aquí donde Kapuściński da una lúcida interpretación histórica de la lucha por poder:
“Toda revolución consiste en un combate entre dos fuerzas: estructura y movimiento. El movimiento ataca a la estructura, lucha por destruirla, mientras la estructura, al defenderse, pugna por aplastar al movimiento”.
En esta formulación, la estructura representa el poder reinante y el movimiento al pueblo sometido.
Ryszard Kapuściński comienza señalando que mucho podría decirse de lo que ha vivido y visto, pero que le resulta difícil ordenar sus impresiones. Desde que el sha huyó, permaneció como el único huésped de un hotel en un Teherán paralizado: sin negocios abiertos, sin hoteles en funcionamiento, sin dinero circulando.
Los televisores transmitían constantemente los discursos de Jomeini desde la ciudad de Qom, centro de la ortodoxia chií, con sus quinientas mezquitas y seminarios coránicos. Desde allí, el ayatolá gobernaba el país, mientras Teherán permanecía agazapada entre milicias islámicas y comandos independientes.
Kapuściński no escribe una crónica lineal de la revolución que derrocó al sha y llevó al poder a los ayatolás. Acaso eso sería imposible. Por ello opta por saltar del presente al pasado histórico del país: sólo así puede intentarse, si no comprender, al menos vislumbrar la complejidad del proceso.
El texto está construido a partir de la descripción de fotografías, imágenes de televisión, periódicos, revistas, fotocopias, pósters, discos, libros y conversaciones grabadas, e incluso de antiguos daguerrotipos. Se intercalan conversaciones, notas explicativas, noticias periodísticas y referencias bibliográficas. Entre tantos vestigios, destaca especialmente la capacidad del autor para reflejar el alma de sus dos personajes colectivos: el gobierno y el pueblo.
Durante quince años, desde su exilio en Nadzjef, Irak, el ayatolá Jomeini grababa discursos que se escuchaban clandestinamente en Irán, a pesar de los esfuerzos de la infame y temida Savak por reprimirlos:
“Está vendiendo nuestro país, nos está vendiendo a todos! ¡El sha debe marcharse!”.
Cada uno de sus llamamientos empezaba y terminaba con
«¡En nombre de Alá misericordioso! »¡Gentes! »¡Despertad! »
Dice Kapuściński que las causas de una revolución son objetivas: la miseria generalizada, la opresión, los abusos escandalosos. Pero el elemento imprescindible es la toma de conciencia. Aquello que él llama “la palabra catalizadora”, capaz de aclarar el pensamiento y neutralizar el miedo.
Cuando el miedo desaparece, el poder comienza a resquebrajarse. Cuando la palabra circula libremente, la conciencia despierta. Cuando un pueblo descubre que ya no teme, la revolución se vuelve inevitable.
“Por eso los tiranos, más que al petardo o al puñal, temen a aquello que escapa a su control: las palabras. Palabras que circulan libremente, palabras clandestinas, rebeldes, palabras que no van vestidas de uniforme de gala, desprovistas del sello oficial. Pero ocurre también que precisamente las palabras oficiales, con su uniforme y su sello, provocan una revolución”.
El final empezó con un artículo en un periódico.
El 8 de enero de 1978, apareció en el diario gubernamental Etelat un texto que atacaba a Jomeini.
El ayatolá vivía entonces en el destierro. Había que destruirlo y, con él, la santidad y la esperanza de los oprimidos y humillados. El artículo lo presentaba como un extraño —su abuelo era de origen indio— y defendía la imagen de un país próspero bajo el régimen del sha: un poder que aseguraba una vida sana, feliz y ordenada; sólo un loco querría combatirlo.
Cuando el periódico llegó a Qom provocó una profunda indignación. La gente comenzó a reunirse en calles y plazas. Se leía el artículo en voz alta, se gritaba, se discutía; cada grupo atraía nuevos curiosos.
Una gran multitud llenó la plaza de Quom y fue reprimida.
Cuarenta días después —periodo en el que, según la tradición chií, se conmemora al difunto— en la ciudad de Tabriz la tensión alcanzó dimensiones de sublevación. Cuarenta días después en Isfahán; luego en Mashhad.
“Luego, en Teherán. Y una vez más en Teherán. Y, al final, en casi todas las ciudades. De este modo la revolución iraní se desarrolla al ritmo de los estallidos que se suceden cada cuarenta días”.
“La reacción del sha fue la típica de todo déspota: primero golpear y aplastar, y después pensar”.
Pero el miedo había desaparecido.
El hombre que pierde el miedo se vuelve libre.
“La revolución puso fin a la soberanía del sha, destruyó su palacio y enterró su monarquía”.
ETIQUETAS: CONTEXTO HISTÓRICO. PERIODISMO. DERROCAMIENTO. ORIENTE MEDIO.
Ryszard Kapuściński (Pińsk, entonces Polonia, actualmente Bielorusia, 1932–2007)
Ryszard Kapuściński. El Sha. Barcelona: Editorial Anagrama.1987. 186p. K.
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Cuando escribo que Kapuściński salta del presente al pasado histórico, me refiero a que, entre la narración de los acontecimientos de esos meses, el autor va intercalando la historia de Irán: una historia de más de cuatro mil años marcada por conquistas, saqueos, imperios, invasiones y resistencias; por el nacimiento del chiismo; por la explotación de recursos como el petróleo por potencias extranjeras; por la obscena riqueza de la oligarquía y la creciente miseria de la mayoría.
Para situar al lector en el trasfondo histórico que atraviesa el libro, incluyo a continuación un breve recorrido cronológico por la historia de Persia-Irán.
Breve recorrido cronológico de Persia-Irán:
La historia de Irán abarca más de cuatro mil años. La actual República Islámica de Irán (establecida en 1979) fue conocida en Occidente como Persia hasta 1935, cuando el gobierno solicitó que se utilizara oficialmente el nombre histórico del país: Irán.
2000 a. C. Llegada de medos y persas, pueblos indoeuropeos procedentes de las estepas de Asia Central.
Siglo VII a. C. Los medos unifican por primera vez gran parte del territorio. Su capital era Ecbatana.
550–330 a. C. Imperio aqueménida, fundado por Ciro el Grande. En su apogeo fue el mayor imperio del mundo antiguo, extendiéndose desde el Mediterráneo hasta la India. Capital ceremonial: Persépolis.
330 a. C. Conquista de Persia por Alejandro Magno.
323 a. C. – 224 d. C. Periodo helenístico y poshelenístico. Dominio del Imperio seléucida y posteriormente del Imperio parto, gran rival de Roma.
224–651 Imperio sasánida, última gran dinastía del Irán preislámico. El zoroastrismo era la religión dominante. Periodo de esplendor político, militar y cultural.
633–651 Punto de inflexión en la historia iraní: conquista árabe y caída del mundo persa preislámico. El persa evoluciona hacia el farsi moderno, escrito en una variante del alfabeto árabe.
Siglos VII–XVI Integración en distintos imperios islámicos. Primero bajo los califatos omeya y abasí, y posteriormente bajo dinastías de origen turco y mongol, como los selyúcidas, los iljanes mongoles y los timúridas.
1501–1722 Dinastía safávida. Se establece oficialmente el islam chiita duodecimano como religión del Estado, rasgo distintivo de Irán hasta hoy. Gran esplendor cultural y artístico. Isfahán se convierte en una de las ciudades más importantes y bellas del mundo islámico.
1736–1796 Nader Shah y la dinastía afshárida. Breve recuperación del poder militar iraní, con campañas hacia el Cáucaso, Asia Central e India.
1789–1925 Dinastía Qajar. Periodo de debilidad política. Pérdidas territoriales frente al Imperio ruso y creciente influencia británica, especialmente ligada a las concesiones petroleras.
1925–1941 Ascenso de Reza Shah Pahlaví. Programa de modernización y secularización del Estado. En 1935 el país adopta oficialmente el nombre Irán en la diplomacia internacional.
1941–1979 Reinado de Mohammad Reza Shah Pahlaví, quien accede al trono tras la ocupación anglosoviética durante la Segunda Guerra Mundial. Impulsa la “Revolución Blanca” (modernización económica y social), mantiene una estrecha alianza con Estados Unidos, pero enfrenta creciente oposición política, desigualdad social y represión a través del SAVAK.
1978–1979 Revolución Islámica liderada por el ayatolá Ruhollah Jomeini. Derrocamiento del Shah y proclamación de la República Islámica de Irán.
1979–1981 Crisis de los rehenes en la embajada de Estados Unidos en Teherán. Duró 444 días.
1980–1988 Guerra Irán-Irak, iniciada por la invasión ordenada por Saddam Hussein. Conflicto devastador con cientos de miles de víctimas.
1989–presente. Periodo contemporáneo tras la muerte de Jomeini. Etapas de reconstrucción interna y de tensiones con Occidente. Temas centrales: programa nuclear, sanciones internacionales y proyección regional mediante alianzas con actores del llamado “Eje de la Resistencia” (Hezbolá, milicias iraquíes y sirias, hutíes de Yemen y Hamás), además de una confrontación estratégica con Israel.
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28 de febrero de 2026. Inicio de la ofensiva
Operación “Furia Épica” (Epic Fury). Estados Unidos e Israel lanzan una campaña coordinada de bombardeos contra Irán. Los ataques se dirigen contra instalaciones nucleares, centros de mando de la Guardia Revolucionaria y edificios gubernamentales en Teherán y otras ciudades.
Muerte de Ali Jamenei. El líder supremo de Irán muere tras un ataque aéreo contra su complejo en Teherán. La noticia es confirmada posteriormente por medios estatales iraníes y anunciada por autoridades de Estados Unidos e Israel.
Ataques a altos mandos. En los bombardeos también mueren varios dirigentes militares y políticos iraníes, incluidos comandantes de la Guardia Revolucionaria y altos funcionarios del aparato de seguridad del Estado.
Tragedia en Minab. Un ataque aéreo impacta una escuela en el sur del país, causando la muerte de entre 165 y 180 personas (la mayoría niñas de 7 a 12 años), más decenas de heridos, provocando una fuerte condena internacional.
Primera respuesta iraní. Irán lanza misiles balísticos y drones contra objetivos en Israel y contra bases militares estadounidenses en varios países del Golfo.
1–2 de marzo de 2026. Escalada regional
Cierre del estrecho de Ormuz. Irán anuncia el cierre del paso marítimo estratégico, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial, lo que provoca una fuerte subida del precio del crudo.
Bajas estadounidenses. El Pentágono confirma la muerte de militares estadounidenses durante los primeros días del conflicto.
Nuevo frente en Líbano. Israel bombardea los suburbios del sur de Beirut (Dahiye), bastión de Hezbolá, ante el riesgo de una apertura del frente norte.
3–5 de marzo de 2026. Vacío de poder e internacionalización
Consejo de liderazgo interino. Tras la muerte de Jamenei se anuncia la formación de un órgano provisional de dirección mientras el sistema político iraní intenta reorganizar el poder.
Intervención indirecta de la OTAN. Sistemas de defensa aliados interceptan misiles iraníes cerca del espacio aéreo de Turquía, aumentando el riesgo de ampliación del conflicto.
Ciberguerra. Se registran ataques informáticos contra infraestructuras críticas en Estados Unidos e Israel atribuidos a unidades de guerra cibernética iraníes.
Continuará…