El misterio del último Stradivarius
Comisario Alejandro Tobosa
“Areguá, 22 de octubre de 2021 —Aquí deberíamos vivir, Gutiérrez. —El comisario Alejandro Tobosa respiró hondo, como si quisiera absorber el paisaje verde y florido, el cielo limpio y las casas antiguas de Areguá—. Aquí debería vivir todo el mundo. Ahí, hasta el aire parecía más limpio que en Asunción, y mucho más que en Santa Ana, el barrio del comisario, usualmente infestado de la fetidez del río, los desagües desbordados y aquel aroma rancio que produce el calor en las zonas muy pobladas”.
Aregua, palabra guaraní, es el nombre de una ciudad pequeña a 22 km de Asunción, la capital de Paraguay.
El comisario Alejandro Tobosa y el sargento Gutiérrez llegaron a la casa de von Bredow y de su hija Diana de catorce años. “—Ese señor era muy raro. Ni amigos tenía. Seguro que se lo merecía. Pero la niña… ¿Por qué la niña? ¿Por qué la niña, a ver? ¿Qué culpa puede haber tenido ella?” les dijo la mujer que dejó de rezar en guaraní para contestarles.
La casa estaba llena de estanterías con toda clase de objetos “jarrones, esculturas, muebles, candelabros y, especialmente, instrumentos musicales: guitarras, arpas, contrabajos”.
Tobosa veía todo fascinado, había penetrado en una dimensión estética que no sabía que existía. Luego vieron los cuerpos, al padre lo habían golpeado y metido una bala en la nuca. El cuerpo de la niña estaba en una bañera.
“El reloj del Torrazzo no había marcado las cinco de la mañana cuando Antonio Stradivari, el famoso lutier cremonés” se había despertado. El último día de su vida, a sus noventa y tres años, durante los cuales transformó la madera para darle la forma curva de un violín, inscribió «Antonivs Stradivarius Cremonensis, Alvmnvs Nicolaij Amati, Faciebat Anno 1666» en su último Stradivarius.
La novela cuenta dos historias en capítulos alternos. Una, la investigación de los crímenes y la obsesión que va creciendo en Tobosa. La otra narra las historias de los dueños de ese último Stradivarius en Cremona, Venecia, Nápoles, Sarajevo, Turín, y Risiera di San Sabba, el campo nazi de detención, de tránsito a la deportación y de eliminación de prisioneros de guerra y civiles a las afueras de Trieste.
“Pues supongo que de ahí. Los nazis se robaron todo el arte que coleccionaban los judíos y los izquierdistas, o sea, todo el arte de vanguardia europeo, porque los derechistas no compraban estas cosas, y porque Alemania invadió medio continente. —Ruiz Donoso hizo una pausa—. Muchísimas de esas piezas nunca se encontraron. Los nazis más listos se escaparon llevándose consigo museos enteros. Hasta ahora, los Estados y los herederos de los antiguos propietarios han intentado recuperar ese patrimonio. No sería raro que una parte estuviera aquí. En el Paraguay de los años cincuenta, el dictador Stroessner les abrió la puerta a los nazis perseguidos. Ese gilipollas los admiraba, el muy tonto del culo…”
Para proteger el Stradivarius Tobosa, como otros antes que él, había arruinado su matrimonio, perdido su carrera en la policía, y arriesgado su vida. Al final “—el violín busca su camino. Pero necesita gente buena”.
NOTA DEL AUTOR “Este relato totalmente imaginario parte de los hechos reales sobre el brutal asesinato del científico, arqueólogo, músico y lutier alemán Bernard Raymond von Bredow y su hija de catorce años, Lorena Lydia von Bredow, sucedido el 22 de octubre de 2021 en su casa de Areguá, a pocos kilómetros de Asunción del Paraguay. Su causa ha sido relacionada con el robo de los violines Stradivarius de su propiedad”.
ETIQUETAS: POLICIACO. CONTEXTO HISTÓRICO. VIOLÍN.
Alejandro G. Roemmers (Buenos Aires, Argentina. 1958)
Alejandro G. Roemmers. El misterio del último Stradivarius. BsAs: Planeta. 2025. 323p. Kindle.