El peregrino

Echelon sucked them all up. Echelon never tires, never sleeps. It patrols the vast emptiness of space without needing air or food or comfort, it works as a silent thief at the world’s fiber-optic hubs, and it commands countless radomes— the clusters of giant golf balls— on military bases across the globe. In total, it listens to every electronic communication on earth, a vast satellite and computer network so secret that its existence has never been acknowledged by the five English-speaking nations that established it during the Cold War”.*

 

I slept, and dreamed that life was beauty; I woke, and found that life was duty” se dijo “el peregrino” después de que el presidente estadounidense le encargara la misión de descubrir y detener a “el sarraceno”.

La tensión del thriller-novela de espías Soy peregrino,  del autor inglés Terry Hayes (1951), nunca afloja en las más de seiscientas páginas.  La historia se forma de  otras que, contadas en retrospectiva, se amalgaman en una narración vertiginosa para contar la historia del peregrino y del sarraceno, una historia que sólo puede suceder en el mundo que les tocó (o nos tocó) vivir y sobre la cual cada uno reflexiona desde su propia perspectiva. Estos dos personajes son fantásticos en la doble acepción de la palabra, uno preparando su ataque terrorista y, contra reloj, el peregrino buscando la o las formas de detectarlo y detenerlo.  No menos interesantes son los personajes secundarios de los cuales nos queda la sensación de querer saber más de ellos.

Soy peregrino  empieza con un asesinato en un hotel en Nueva York, que vive y vivirá siempre con las secuelas del 11 de septiembre, y que no tiene relación con la historia principal.  El peregrino observa la escena del crimen, deduce que el asesino es una mujer, que conocía el libro que él escribió y que usó su conocimiento, su experiencia y su cerebro, para cometer un crimen perfecto. Un trozo de papel encontrado en la escena del crimen le sugiere un teléfono que resulta estar en la costa sur de Turquía, específicamente en  Bodrum, el lugar de veraneo de moda. “You see, the woman whose tardiness had just saved her life, wants to kill somebody and now she’s got the perfect alibi— she’s dead”.

“….if you want to be free, all you have to do is let go.”: el narrador es un “súper” agente especial de una “súper” “División” de inteligencia secreta de los Estados Unidos, retirado a pesar de estar en sus treinta, autor de un manual de técnicas modernas de investigación y patología forense.  Tiene muchos nombres, Scott Murdoch, Jude Garrett, Peter Campbell, pero nunca sabemos su nombre de nacimiento, porque es un peregrino.  Al mismo tiempo que cuenta, explica e ilustra cómo se fue descubriendo la amenaza y la serie de acciones para evitarla, compara lo que va viviendo con experiencias anteriores de sus éxitos y de fracasos, como agente secreto en Berlín, Rusia o Grecia.  Algunos episodios son brutales y deseamos que sean inverosímiles.  Otros muestran el gusto por la reflexión, como cuando el narrador se encontró con un  monje budista en un lugar llamado Khun Yuam, en la frontera entre Burma y Tailandia. El monje le explicó cómo los aldeanos cazaban a sus monos (amarraban a las ramas de un árbol un jarrón de cuello estrecho y base ancha lleno de nueces sabiendo que en la noche el mono treparía al árbol, deslizaría su mano dentro del cuello del jarrón para coger las nueces y al hacerlo cerraría la mano en un puño, demasiado grande para sacarlo del cuello angosto del jarrón, pero al no soltar las nueces su mano quedaba atrapada hasta que los aldeanos lo cazaban. “Es una historia Zen –le dijo el monje sonriendo—“El punto es que si quieres ser libre, todo lo que tienes que hacer es dejar ir las cosas

El peregrino no sabrá el nombre del terrorista hasta el final. Lo llama “el sarraceno” porque, explica, “sarraceno” es una palabra que lo define por su connotación de “árabe”, de un musulmán luchando contra cristianos y de “nómada”. El padre del sarraceno había sido un zoólogo en la ciudad de Jeddah en Arabia Saudita y el hijo había presenciado su decapitación por la policía secreta, la “Mabahith”,  por el crimen de haber criticado a la dinastía reinante. Muy joven se fue a Afganistán donde se distinguió como “muj” en la yihad contra los soviéticos y conoció al grupo de los talibanes, “los que buscan la sabiduría a través de la religión”.  Cuando los soviéticos se retiraron de Afganistán, se fue a Beirut donde estudió medicina tuvo contacto con el grupo que formaría  la agrupación terrorista “al-Qaeda”, “la ley” o “la base”. Ya como médico trabajó en campos de refugiados en Siria y en Gaza.  Obsesionado por vengar a su padre, desarrolla una idea de su queridísima Amina, la idea del “enemigo lejano”: si puedes derrotar al enemigo más lejano, todos los enemigos cercanos colapsarán.  Con paciencia, el mayor sigilo y mucha preparación, el sarraceno obtuvo una cepa del virus de la viruela, enfermedad prácticamente erradicada, lo modificó y lo convirtió en un virus altamente contagioso, de una virulencia terrífica, e inmune a cualquier vacuna conocida.  El sarraceno sabía que le tomaría años lograr su meta, que en ocasiones los obstáculos le parecerían imposibles e  insuperables, pero iba a herir el corazón de América.

 

*Echelon se traga todo. Echelon no se cansa, nunca duerme. Patrulla el gran vacío del espacio sin necesidad de aire o comida o comodidad, actúa como un ladrón silencioso en los núcleos de fibra óptica del mundo controlando los incontables radomos, – racimos de bolas de golf gigante- de las bases militares en todo el mundo. En total, escucha cada comunicación electrónica sobre la tierra; un gran satélite y una red de cómputo tan secreta, que su existencia nunca ha sido reconocida por las cinco naciones de habla inglesa que la establecieron durante la Guerra Fría.

Terry Hayes, Inglaterra. 1951

Terry Hayes. I am Pilgrim. A thriller. New York: Emily Bestler Books. 2014. 612 pags. Kindle Edition