800 Palabras

Pensar de tarde en tarde en Sherlock Holmes

es una de las buenas costumbres que nos quedan….

Jorge Luis Borges*

  • 800 palabras, poco menos de una página, en cada reseña.
  • 261 entradas
  • 216 autores
  • 64 países
  • 189 detectives
  • 26 espías
  • 48%, casi la mitad de las personas que compran por lo menos un libro de ficción al año, eligen un thriller.

“Thrillers”

El término que se usa para referirse a las novelas del “Género negro”.

Género negro:

Históricamente dos vertientes: “whodunnit” inglés y el  “hardboiled” americano. Hoy, novelas de detectives, policiacos, de espías, psicológicos, legales o judiciales, forenses, políticos, financieros, terroristas, de narcotráfico, domésticos, de crímenes históricos, militares, cibernéticos”, narrados desde la perspectiva del asesino, etcétera.

Crimen y suspenso. Unos más negros que otros, pero siempre hay un crimen (o más) narrado con suspenso.

El crimen.  Los buenos thrillers estimulan esa parte racional que hay en nosotros, invitándonos a participar en la planeación y ejecución de un crimen y en su resolución.

El suspenso.  El suspenso, per se, crea al thriller. Es ese elemento que, en mayor o menor medida, nos hace seguir leyendo (no solo thrillers sino cualquier tipo de novelas, ensayos o textos académicos).  El crimen es un acto subversivo y el suspenso subvierte las descripciones con el fin de llevar la ficción a veces más allá de los límites de la realidad, por lo que llega a mostrar lo que otros géneros (y la realidad) no se atreven.

Los espías. ¡Para entender el mundo, leamos novelas de espías! La palabra “espía” lleva implícitas las palabras “secretos”, “misterios” y “suspenso” (per se “Género Negro”).

¿Por dónde empezar?  Siempre han existido historias de crímenes narrados con suspenso:  en la Biblia, en Las mil y una noches, en el Zadig de Voltaire y otras narraciones que se perdieron con los siglos.  Monsieur C. Auguste Dupin de Edgar Allan Poe es uno de los primeros detectives de novela.  A partir de Wilkie Collins los escritores ingleses desarrollan el género y desde el gran Sherlock Holmes hasta nuestros días, la lista es inconmensurable y riquísima. En algún momento del siglo veinte se empezó a hablar del “Género negro” y en un afán para clasificar, se diferenció el whodunit” inglés (“Who has done it?, “¿quién lo ha hecho?”) del “hardboiled” americano (término que viene del proceso de “cocer un huevo hasta hacerlo duro”). Miss Marple y Hércules Poirot son ejemplos del primero y Sam Spade y Philipe Marlowe del segundo.  Hacia la década de los setenta el género se diversifica y revitaliza pujantemente con los escritores nórdicos o escandinavos.

Los autores latinoamericanos escriben desde sus diferentes ambientes y con las peculiaridades del español de su país. Pero al mismo tiempo, y no obstante que no hay confusión sobre lo anterior, es evidente un subestilo en el que se engloban, hay un tratamiento de los temas y del elemento suspenso que los caracteriza como escritores de thrillers latinoamericanos.

Leí los libros reseñados en sus versiones originales en inglés o español; en el caso de libros escritos en otros idiomas, los leí en su traducción al español o al inglés. Me gusta incluir la voz del autor; con letra cursiva destaco sus palabras, oraciones o párrafos. A veces, traduzco. Felizmente, la mayoría de los thrillers reseñados se pueden conseguir con un “clik” en cuestión de minutos en su edición en kindle.

Yo: Incansable lectora de thrillers e infatigable “scout” en búsqueda de escritores de todo tipo de thrillers, de todos los lugares y de todas las épocas.

Ustedes:  !Bienvenidos los comentarios y/o reseñas que enriquecerán este blog!: losdetectivesdeanapetrook@gmail.com, twitter@AnaPetrook, facebook.com/ana.petrook

Es una muy buena costumbre tener siempre un thriller a la mano.

♦♦♦♦♦♦

Sherlock Holmes”

Jorge Luis Borges

No salió de una madre ni supo de mayores.
Idéntico es el caso de Adán y de Quijano.
Está hecho de azar. Inmediato o cercano
lo rigen los vaivenes de variables lectores.

No es un error pensar que nace en el momento
en que lo ve aquel otro que narrará su historia
y que muere en cada eclipse de la memoria
de quienes lo soñamos. Es más hueco que el viento.

Es casto. Nada sabe del amor. No ha querido.
Ese hombre tan viril ha renunciado al arte
de amar. En Baker Street vive solo y aparte.
Le es ajeno también ese otro arte, el olvido.

Lo soñó un irlandés, que no lo quiso nunca
y que trató, nos dicen, de matarlo. Fue en vano.
El hombre solitario prosigue, lupa en mano,
su rara suerte discontinua de cosa trunca.

No tiene relaciones, pero no lo abandona
la devoción del otro, que fue su evangelista
y que de sus milagros ha dejado la lista.
Vive de un modo cómodo: en tercera persona.

No baja más al baño. Tampoco visitaba
ese retiro Hamlet, que muere en Dinamarca
que no sabe casi nada de esa comarca
de la espada y del mar, del arco y de la aljaba.

(Omnia sunt plena Jovis.(*) De análoga manera
diremos de aquel justo que da nombre a los versos
que su inconstante sombra recorre los diversos
dominios en que ha sido parcelada la esfera.)

Atiza en el hogar las encendidas ramas
o da muerte en los páramos a un perro del infierno.
Ese alto caballero no sabe que es eterno.
Resuelve naderías y repite epigramas.

Nos llega desde un Londres de gas y de neblina
un Londres que se sabe capital de un imperio
que le interesa poco, de un Londres de misterio
tranquilo, que no quiere sentir que ya declina.

No nos maravillemos. Después de la agonía,
el hado o el azar (que son la misma cosa)
depara a cada cual esa suerte curiosa
de ser ecos o formas que mueren cada día.

Que mueren hasta un día final en que el olvido,
que es la meta común, nos olvide del todo.
Antes que nos alcance juguemos con el lodo
de ser durante un tiempo, de ser y de haber sido.

Pensar de tarde en tarde en Sherlock Holmes es una
de las buenas costumbres que nos quedan. La muerte
y la siesta son otras. También es nuestra suerte
convalecer en un jardín o mirar la luna.

(*)Virgilio, La Eneida: “todas las cosas están llenas de Júpiter”.

Jorge Luis Borges. Los conjurados (1985) en Poesía Completa. España: Vintage Español. 2012