Edie Kiglatuk no percibió la presencia del oso. Había vivido toda su vida rodeada de osos, pero este era diferente, era más el espíritu del oso, más una creatura con el poder de transmitir mensajes entre los muertos y los vivos.

El segundo libro de M.J. McGrath con Edie Kiglatuk como protagonista, se desarrolla en Alaska. Edie y Derek Palliser viajan desde Autisaq, en el Ártico Canadiense, para apoyar y acompañar al ex-esposo de Edie, Sammy Inukpuk, quien participa en la Carrera Iditarod. En la realidad, las carreas de trineos jalados por perros son muy populares en los países con climas invernales. La de Iditarod se desarrolla en el mes de marzo y atraviesa parte del territorio de Alaska. Decenas de equipos apoyan al “musher”, el conductor del trineo de 12 perros, en su recorrido de aproximadamente 1,800 kilómetros, desde la salida en la ciudad de Anchorage, situada en el sur de Alaska, hasta la meta en la pequeña ciudad de Nome, en el noroeste a orillas de mar de Bering. Los medios nacionales e internacionales van cubriendo la ruta durante las dos semanas que los participantes pueden tardar en llegar a la meta y durante las cuales las temperaturas pueden descender hasta menos 50 grados centígrados.

Pero Edie es una cazadora y el día que debería estar acompañando a su ex – esposo en la ceremonia de salida, pide prestado un trineo de motor para recorrer los alrededores de Anchorage.  Para ella el paisaje es totalmente desconocido pues en su mundo no existen bosques nevados, sólo la infinita rocosa tundra que en un día claro permite observar la curvatura de la Tierra.  Así que detiene su trineo, se baja y cuando siente que alguien la está mirando, percibe los ojos de un oso que da vuelta y se aleja; por instinto lo sigue hasta que descubre que por primera vez en su vida está perdida pues todavía no conoce la dirección del viento que la pudiera orientar. Escucha un sonido y se mueve hacia él y ve un trineo de motor que se le acerca en el cual viene una pareja y cuyo conductor, en vez de preguntarle si estaba perdida, la acusa de invadir las tierras de los “Verdaderos Creyentes”.  De regreso a su trineo le llama la atención una pequeña casita, como la de los perros junto a un ábol, se acerca y al abrirla Edie queda pasmada: adentro hay un bebé congelado de unos meses de nacido.

¿Por qué Edie se obsesiona en buscar las causas de los bebés abandonados? A los pocos días aparece otro bebé congelado muerto en las mismas circunstancias y se descubre que las madres de los bebés son jóvenes de la comunidad religiosa de los “Verdaderos Creyentes”. Ante nuestra irritación como lectores pues no entendemos sus motivos, Edie  investiga con una insistencia y ofuscación casi irracional pues en Alaska ella no es más que una entrometida extranjera sin ninguna autorización para realizar investigaciones criminales.

Pero Edie parece caerle bien a la gente común y corriente que siempre le ayuda. En su obsesión por investigar la muerte de los bebés congelados, viaja por muchas partes de Alaska y sufre atentados contra su vida que en vez de detenerla, le confirman sus sospechas.  Paralelamente se presentan las actividades proselitistas del alcalde de Anchorage, Chuck Hillinberg,  quien está utilizando la carrera Iditarod en su campaña para lograr la gubernatura de Alaska, y las de su  muy ambiciosa y poderosa esposa Marsha;  la autora transcribe sus conversaciones con policías corruptos e inversionistas ávidos de hacerse de las tierras de los “Verdaderos Creyentes” que los ligan con las actividades del tráfico y la explotación de jóvenes mujeres rusas y la venta de sus hijos recién nacidos.

M.J. McGrath,  The Boy in the Snow (Edie Kiglatuk Mystery #2). Penguin Books: USA. 2012. 381 págs Amazon Kindle Store.

M.J. McGrath, El niño en la nieve.Barcelona: Ediciones B, S.A. 2012. 368 págs