Como las buenas novelas negras Pandora es fácil de leer y muy difícil de digerir. La novela describe sin concesiones la atroz realidad de la obesidad y de una terrible patología relacionada con esa enfermedad. De una forma realista la autora Liliana V. Blum (Durango, 1974), va presentando la sintomatología que padecen Gerardo y Pandora, y también las de la anoréxica Abril, la esposa de Gerardo, y la de la obsesiva madre de Pandora.  Con un lenguaje muy cuidado, el ritmo de la narración de la crueldad y del erotismo implicado, va aumentando la tensión en el lector al mismo tiempo que Gerardo va haciendo que Pandora se pregunte “¿Cómo pudiste terminar así?” cuando llega a los doscientos kilos.

 “¿A qué género pertenecemos las gordas?”. “Pandora, un nombre que me ha traído tantos sinsabores”. Pandora tiene treinta y tres años y pesa 116 kilos 300 gramos cuando empieza su narración. “Me gusta comer. Me fascina comer. He pasado muchas horas de mi existencia comiendo y dedicándole tiempo al tema de la comida”. Mi ropa, “no podía darme el lujo de que la ropa en sí me gustara: el único criterio para comprarla era si mi cuerpo entraba en ella sin botar las costuras, los cierres y los botones..”  Pandora tenía que tener cuidado al sentarse y pasar de lado por las puertas por su cuerpo eufemísticamente llamado de “proporciones generosas”, cuerpo que siempre había provocado desdén,  bromas, burlas, rechazos; el peor, el de su madre, una mujer delgada, elegante, impecable, avergonzada de su hija menor.  “Como si mi gordura fuera contagiosa”.

Pandora no nos habla de amigas ni compañeras de escuela, habla de que ya había cancelado toda idea de futuro, de vida romántica, de familia propia, hasta que un día la ascienden a recepcionista de la consulta del doctor Gerardo Viera, ginecólogo, el hombre más guapo y codiciado del hospital. Él está casado con Abril, una mujer que a Pandora le parece una modelo, con una vida ideal. Gerardo se le acerca, le platica, la invita a comer, la corteja, quiere hacer el amor con ella y la lleva a un motel.  Le pone casa y la saca de trabajar, contrata una mujer para la limpieza y él la alimenta, y le dice cosas hermosas, y le hace el amor.

Pandora cuenta cómo Gerardo adoraba su cuerpo, alimentarlo y ver cómo aumentaba de tamaño, un poco cada día. Para poder perderse entre su carne. “¿Por qué nadie me quería antes de Gerardo?”.  “Siempre estuve sola, hasta que lo conocí a él”.

Gerardo que cómo médico conoce mejor que nadie las consecuencias, padece una patología más atroz que la de su víctima. “Más tarde averigüé que en el mundo de las parafilias hay un nombre para nosotros dos. Él sería el feeder, el que alimenta. Yo, la feedee, la que come, la que es alimentada hasta que el estómago se distienda hasta su límite. Y después un poco más”

 

AutorLiliana V. Blum. Durango, México, 1974.

FichaBlum, Liliana V. Pandora. México: Tusquets Editores México, 2015. 185 págs. Kindle Edition.