Manabu Yukawa, el “Detective Galileo”

¿Qué es más difícil, elaborar un problema que resultara irresoluble o resolverlo?

Publicada en 2005, esta es la primera novela de la serie del llamado “Detective Galileo”,  un físico de la Universidad de Teito de Tokio. En 2013 apareció la traducción al español de la segunda novela de la serie, publicada en japonés en 2008, La salvación de una santa. Todavía no hay traducción en inglés o español de la tercera, publicada en 2011: Manatsu no Hōteishiki.

La devoción del sospechoso X inicia con el asesinato de Shinji Toashi a manos de su exesposa Yasuko Hanaoka y su hijastra Mikao. En los dieciocho siguientes capítulos se narran las acciones de dos mentes brillantes, la del profesor de matemáticas de un instituto y la del profesor de física de una universidad. Uno tratará de ocultar el crimen, el otro de descubrirlo. Narrada en tercera persona, parece que la traducción del japonés al español, logró reproducir el ritmo exacto para transmitir que lo que subyace en las acciones de los personajes de esta novela son valores universales como el amor, la inteligencia, la verdad y el honor desafiados por un acto fortuito y lamentable.  Las rutinas de Yasuko en bicicleta, de Ishigami a pie y las investigaciones de Kusanagi, las cajitas de bento o los kotatsu, por ejemplo, ofrecen una visión panorámica del Tokio de todos los días.

Yasuko Hanaoka está contenta y tranquila con su rutinaria vida hasta que vuelve aparecer su exmarido del que se había divorciado porque la maltrataba. Había dejado de trabajar en bares y gracias a su nuevo empleo como dependienta de una tienda de bento (las cajitas preparadas con alimentos para llevar) pudo mudarse a un departamento del barrio de Morishita, en el distrito de Koto, cerca de, donde ahora trabaja y de la escuela de Misato, su hija adolescente.  Una noche de marzo, el exmarido Shinji Togashi logra que Yasuko le abra la puerta de su departamento, le grita, le exige, la amenaza y agrede a su hijastra Misato quien, al tratar de defenderse, le pega en la nuca y hace que el hombre caiga al suelo. Antes de que pueda levantarse Yasuko trata de detenerlo del cuello con el cable del kotatsu (la tradicional mesa japonesa baja con estufa), y aunque él trata de liberarse, acaba siendo estrangulado.

Pocos minutos después alguien llama a la puerta del departamento, es su vecino, Tetsuya Ishigami, el profesor de matemáticas, quien todos los días en su camino al instituto entra al Bententei y le compra a Yasuko su bento.  A veces, una persona puede salvar a otra por el mero hecho de existir. Nada más ver el cadáver de Togashi, Ishigami trazó en su cabeza un plan de actuación. Ishigami les dice a Yasuko y a Misato que se ha dado cuenta de lo que sucedió y que él las va a ayudar “Permita que yo me encargue de esto empleando el pensamiento lógico”, sólo tienen que seguir al pie de la letra sus indicaciones.

Lo que más apreciaba el profesor Tetsuya Ishigami era su carpeta con problemas matemáticos y lo que  más deseaba era poder sumergirse, de lleno en ellos, sin tener que pensar en otras cosas o perder el tiempo en las tareas cotidianas.  Como maestro decía que había que aprovecharse de los ángulos muertos que generan las ideas preconcebidas y por eso los problemas de sus exámenes parecían, a primera vista, de geometría, cuando realmente eran de funciones o viceversa. El resultado era fácil si los alumnos intentaban resolverlo con el enfoque correcto, si no, lo que normalmente pasaba, era que no encontraban la solución antes de que el tiempo se les acabara.

El once de marzo el detective Kusanagi del departamento de homicidios de la comisaría de Edogawa, uno de los 23 barrios de Tokio, estaba visitando al muy respetado profesor Manabu Yukawa del departamento de Física de la Universidad de Teito, cuando recibió la llamada de que un cadáver había aparecido a orillas del río Edogawa. Había signos de que el  hombre había sido estrangulado la noche anterior, estaba desnudo, con la cara aplastada, los dedos de las manos quemados y junto a él había una bicicleta nueva. Cerca de ahí encontraron la ropa del muerto con indicios de que habían tratado de quemarla.

Cuando Kusanagi identificó al cadáver, empieza su investigación visitando a Yasuko en su departamento. Le informa que aparentemente su exesposo había sido asesinado la noche del diez de marzo y le pregunta que habían hecho ella y su hija esa noche.  Aleccionadas por Ishigami, ambas repitieron exactamente lo que realmente habían hecho y nunca se contradijeron. Las coartadas fueron verificadas pero Kusanagi siguió insistiendo. Yasuko se cuestionaba por qué la policía les preguntaba siempre lo que habían hecho … Ishigami las había instruido sobre lo que debían hacer la noche del diez de marzo: ir al cine, cenar, el karaoke y la llamada a medianoche.  Así, cuando el policía les preguntaba por su coartada para ese día, ellas se habían limitado a decir la verdad, contando todo lo que habían hecho, tal cual había sucedió. Y Yasuko se moría de ganas de preguntar por qué siempre la interrogaban sobre el diez de marzo.

Manabu Yukawa, al que llamaban el “detective Galileo” porque con sus razonamientos les ayudaba a resolver crímenes desde su laboratorio de física, sigue con gran interés los avances de la investigación. Ishigami y él se conocían de sus tiempos en la universidad y ambos tenían gran respeto por el conocimiento del otro. Una de las últimas veces que se habían visto, años atrás, habían discutido sobre la cuestión de las complejidades  y sobre qué era más sencillo hallar por uno mismo la respuesta a un problema o comprobar si era correcta la que había hallado otro; o qué era más difícil, elaborar un problema que pareciera irresoluble, o resolverlo. Mientras el detective Kusanagi está obsesionado en deshacer las coartadas de la exesposa, Yukawa, que respeta a Ishigami como matemático, le plantea que la resolución del crimen tiene que ver con maniobras de distracción, que el criminal está distrayendo y engañando a la policía con triquiñuelas, complicando el problema de un modo formidable y que lo que pensaban que eran pistas, iba a resultar que no lo eran. El crimen se había cometido de un modo descuidado, se habían quemado las huellas de las manos pero olvidaron de borrar las huellas dactilares de la bicicleta y dejaron restos de la ropa de la víctima a medio quemar. Aparecen despistes por todas partes –le dice Yukawa al detective-  hay que modificar el ángulo, el enfoque de la investigación y así la solución resultará increíblemente sencilla. “Porque las ideas preconcebidas son nuestro mayor enemigo, hacen que dejemos de ver lo que, en condiciones normales, deberíamos ver sin ningún problema”. Parecería más filosofía que matemáticas, pero la verdad era que el criminal lo estaba desafiando con una respuesta que era su confesión y su entrega voluntaria, pero la había ideado de tal modo que no importa cómo se analizara, siempre pareciera correcta.

Keigo Higashino 東野 圭吾. Japón. 1958.

Keigo Higashino. La devoción del sospechoso X. Barcelona: Ediciones B. S.A. 2011. Kindle Edition.