Detective El boticario José Lara

Los primeros ocho capítulos de esta pequeña y muy divertida novela de Jorge Ibargüengoita, publicada en 1979, están narrados por el protagonista, Marcos González, apodado “el Negro”. Del noveno al décimo cuarto, por José Lara, el boticario del pueblo de Muérdago en el Estado del Plan de Abajo: “Lo que voy a contar es lo único notable que me ha pasado en la vida: después de cincuenta años de ser boticario, me convertí en detective. No puedo decir que triunfé en este segundo oficio, pero lo desempeñé mejor que los profesionales que intervinieron en el caso que me tocó resolver”.

En una cena entre amigos en el departamento de la ciudad de México de Marcos y de la Chamuca, llegan dos personas que no estaban invitadas, Pancho,  que trabaja en la Procuraduría y Evodio Alcocer “activista de corazón”. Al día siguiente, y ante el convencimiento de que la policía es capaz de “colgarle cualquier delito a quien sea”, deciden huir  porque se les están abribuyendo haber participado en un acto terrorista, el incendio de la tienda de ropa “El Globo”.   Se reparten el dinero que tienen, y con setenta y un pesos cada uno, la Chamuca se va Jerez, a casa de una prima, y Marcos a Muérdago, a pedir dinero prestado a su tío Ramón Tarragona, el hombre más rico del pueblo, al que no había visto en diez años.

Marcos se aparece en la casa del tío con barba, jorongo y “botas argentinas”. El tío Ramón está ya muy enfermo y sus primos los “Tarragona”,  “los hijos del guapo”, el único hermano del tío Ramón, están muy cercanos a él, esperando ansiosamente la herencia. Marcos es sobrino por parte de Leonor, la difunta esposa de Ramón quien era hermana de su madre. Ya los cuatro Tarragona, tres hombres y Amalia, prácticamente se han dividido la herencia y Amalia se mudó a la casa del tío, con su hija Lucero, hija del “gringo” para cuidarlo de cerca junto con la fiel sirvienta Zenaida.

Se ha llamado “costumbrista” a esta novela de Ibargüengoitia porque sus descripciones de la vida íntima de un pueblo y de sus personajes paradigmáticos, son contadas de forma coloquial, con humor, muy amenas y divertidas, como si no fuera posible que se pudieran narrar así crímenes con veneno, (“veneno de pueblo”: el agua zafía)  intereses mezquinos, mentiras, traiciones, pasión, corrupción, investigación y sorpresas inesperadas, características todas éstas de un muy buen thriller.

AutorJorge Ibargüengoitia, México (1928-1983)

FichaJorge Ibargüengoitia. Dos crímenes. México: Ed. Planeta. 2005. 211 págs.