“Abu-banat means father of daughters, a curse for the father, a fearful burden of guilt for the mother.” Abul-banat significa padre de hijas, una maldición para el padre, una culpa terrible para la madre.

Los únicos datos que encontré en internet sobre este autor, Hesh Kestin, son: el éxito de  su novela The Iron Will of Shoeshine Cats, publicada en 2013, que vivió en Brooklyn y ahora vive en Long Island, Nueva York y que es veterano de las Fuerzas de Defensa Israelíes. En su nota al inicio del libro él dice que durante veinte años fue corresponsal de guerra y escribe artículos sobre la guerra en la zona de Palestina para varias revistas.

Su novela, The Lie, “La mentira”, publicada en marzo de este año, es un excelente thriller que sorprende por su brevedad. En 241 páginas narra los sucesos que vive una mujer judía, madre, profesionista y funcionaria en Israel, un país fragmentado entre judíos, judíos ortodoxos y árabes, enfrentados entre sí por las acciones de las facciones extremistas de cada grupo y sufriendo actos terroristas cada vez más frecuentes, crueles y sofisticados.

Los sucesos se desarrollan en unos cuantos días a partir del momento en que al salir del juzgado en Jerusalén, Dahlia Barr, de cuarenta y cuatro años, abogada defensora de derechos humanos, es interceptada y trasladada al complejo militar conocido con el nombre de “Kiryah” en Tel Aviv, sede de las Fuerzas de Defensa de Israel, y centro de la seguridad nacional.  Ahí, Zalman Arad, quien había sido su profesor, le dice que había sido nombrada Consejera Especial de Medidas Extraordinarias del Comisario en Jefe de la Policía. Ese mismo día su esposo le dice que ha dejado su casa de Cesarea y que le ha avisado a sus dos hijos que se van a divorciar.

Dahlia empieza a trabajar en su primer caso sobre un joven druzo acusado de cruzar la frontera con Siria para conseguir esposa, cuando se le encomienda interrogar a Mohammed Al-Masri un palestino-canadiense (“que amaba a su pueblo en abstracto, pero casi nada a sus individuos”) quien había sido detenido en el aeropuerto de Tel Aviv al entrar a Israel con una maleta con euros. Se presumía que su objetivo era incitar a los ciudadanos árabes a algún acto violento para entorpecer las negociaciones que el gobierno israelí estaba llevando a cabo en Washington sobre armamento y con ello influir negativamente en la opinión pública en América.

Dahlia, en su nueva posición, debe autorizar el interrogatorio de Al-Masri y “medidas extraordinarias”, porque le dicen, hay muchos grupos que quieren acabar con ellos: “los primos” (así se refieren los judíos a los árabes que son 20% de la población de Israel) de Gaza, los libaneses, Irán que está a punto de tener armas nucleares, Pakistán que ya casi las tiene.  Y ahora también se tienen que enfrentar al terror dentro de Israel. Más tarde, al llegar a su casa en Cesarea, a las orillas de Mediterráneo, se sorprende al ver a su esposo, a su hijo menor y a dos oficiales israelíes. Su hijo mayor, Ari, de veinte años, teniente del ejército israelí y muy recientemente comisionado en la frontera con Líbano, había sido tomado prisionero por la organización terrorista islamista Hezbolá, junto con otro joven del ejército de origen beduino.

El objetivo de los terroristas de Hezbolá era intercambiar a Ari por Mohammed Al-Masri y para presionar, habían subido a internet un video que mostraba a Ari siendo cruel y salvajemente torturado.  Conmueve el dolor de Dahlia pero cuando en su carácter de Consejera Especial entra a su celda para interrogarlo, lo hace como madre, olvidando los derechos humanos por los que tanto había luchado.  Mohammed Al-Masri y Dahlia se conocían desde siempre. La madre de Mohammed, la árabe Zeinab Al-Masri y la de Dahlia, la judía Érika, habían sido amigas inseparables desde “la mentira”, cuando las dos parieron el mismo día en la misma sala del hospital Hillel Yaffe. Desde entonces ambas participaban activamente en un movimiento pacífico judío-musulmán llamado “Ciudadanos en negro” que luchaba por la paz en Israel.

El autor no desperdicia palabras, logra, con gran brevedad y dinamismo llevar al lector a Jerusalén, Tel-Aviv, Cesárea, Haifa, luego al sur, al desierto del Néguev (donde Erika, su esposo y su hijo menor visitan la tienda beduina de la familia de Salim, el otro muchacho secuestrado) y a la frontera entre Israel y Líbano y la ciudad de Beirut.

Sin confusión y sin afán de explicar, sus personajes son representados según las características de su proveniencia en ese mosaico que es Israel: judíos, judíos-ortodoxos, árabes, drusos, beduinos y de igual manera personifica a los líderes de las Fuerzas de Defensa Israelí, del Mossad judío, de la policía secreta siria y del  Hezbolá, distinguéndolos con su vestimenta, nombres y responsabilidades y el papel que juegan en el secuestro y rescate de los jóvenes rehenes.

De una manera extraordinariamente sintética, clara y muy visual, se narra la planeación, los preparativos, la acción y el desenlace de la  misión de rescate llamada “Heavy Smoker”.  Participaron 400 personas, entre soldados del IDF, miembros del Mossad, especialistas en armamento y telecomunicaciones, pilotos, médicos, y sorprende pero se explica, artistas, sastres y zapateros. La misión de rescate dura apenas unas horas desde que en la madrugada los israelitas cruzan la frontera libanesa hasta Beirut, aprovechan su intensa vida nocturna y se enfrentan a los miembros de Hezbolá escondidos, como los terroristas que son, detrás de la población civil.

Autor Hesh Kestin.

Ficha  Hesh Kestin, The Lie: A Novel. Nueva York: Scribner. 2014, 241 págs. Kindle Edition.