Ali Newman

En la víspera del campeonato mundial de futbol de 2010 en Sudáfrica, en la Ciudad del Cabo, son asesinadas dos jóvenes blancas, Kate Montgomery y Nicole Wiese, hijas de dos símbolos de la África blanca, un campeón de rugby y miembro del primer equipo multicultural y un cantante famoso por la canción “Rainbow nation”. El responsable de investigar estos asesinatos es Ali Newman, el jefe de homicidios de la policía de Ciudad del Cabo; de origen zulú, lengua que es hablada por más de 10 millones de sudafricanos.  Ali Newman vive atormentado por el recuerdo del brutal asesinato de su padre y hermano por un partido radical denominado Inkatha. Su compañero Brian Epken es afrikáan (o bóer), esto es, descendiente de los conquistadores holandeses quienes junto con los ingleses implantaron el sistema de segregación llamado “apartheid” en vigor hasta principios de los años 90 del siglo veinte.  

 Zulu logra en sus 400 páginas presentar la complejidad de la sociedad sudafricana de la Ciudad del Cabo y la muy complicada convivencia de los descendientes de los ingleses, de los afrikáans y los “kaffir”. La palabra  “kaffir” se refiere a todos los nativos de  diferentes etnias de raza negra del país, mayoritariamente de origen zulú y xhosa, pero también incluye a la creciente población inmigrante, principalmente de la vecina Namibia. Los “kaffir” viven confinados en los “township”, especie de municipios creados en tiempos del apartheid, controlados por las pandillas o “gangs” o “tsotsis”, tal vez las palabras más repetidas a través del texto.

 Zulu no es una novela que se pueda leer de corrido. Pareciera que los asesinatos de las dos  jóvenes son lo menos difícil de superar pues la realidad descrita durante las investigaciones de Ali Newman hace que tengamos que dejar frecuentemente su lectura:  al momento de la publicación de este libro, 2010, tres cuartos de la población negra está fuera del mercado laboral; el veinte por ciento padece sida; una mujer de tres tiene sida; dos millones de niños pierden a sus madres en sus primeros años pues son arrojados desde muy chicos a la calle, a las violaciones, a las drogas, al alcohol, al pandillismo; la esperanza de vida es de 40 años. Pero la principal causa de mortalidad es la violencia a manos de los gangs, como el de Khayelisha con su líder Mzala, “The Cat”; o los de nigerianos como Sam, desalmados protagonistas de esta novela. Cuando uno cree que ya no puede haber más, Newman y sus ayudantes descubren las actividades disfrazadas de las empresas farmacéuticas internacionales que, coludidas con los capos de la droga y las autoridades, proporcionan cierto tipo de droga, “iboga“, a adolescentes de raza negra,  para probar en ellos los efectos de medicamentos contra la depresión. Y para encubrir las muertes de los niños convertidos en conejillos de indios de las transnacionales, los contagian con el virus de HIV.  

 El contexto de esta novela muy negra, es más negra porque no es ficción: la casi imposible convivencia de etnias, hablas y culturas no sólo diferentes, sino antagónicas: los blancos contra negros, blancos enfrentados entre sí entre los descendientes ingleses y los africáans; los de raza negra enfrentados según sus etnias y todos contra los migrantes; un mundo en el que las prácticas mágicas de los “intelezi”  los rituales de preparación para las batallas según el arte marcial de “izindaku” son prácticas cotidianas.  Un mundo en el que la corrupción aparece en todos lados y en todos los niveles. Un mundo desolador, sin esperanza.

Caryl Ferey, Francia, 1967. 

Caryl Férey. Zulu. Canada: Europa Editions. 2010. 400 págs. Traducción del francés por   Howard Curtis