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Andrea Mijangos

 

Tiempo de Alacranes

Bernardo Fernández, Bef, (Ciudad de México 1972) estructura su primer thriller, Tiempo de Alacranes (2005), en tres partes que él llama “Caídas”; cada parte está formada por capítulos cortos con títulos y no es hasta el capítulo final  “Aquí no ha pasado nada”, cuando reúne a sus personajes y sus  historias,  intercaladas y entrecruzadas a través de libro.

Bef dijo haber escrito Tiempo de Alacranes a ritmo de “pop tropicalizado”, con el lenguaje popular de la música americana y de los corridos,  de las películas de cine, con personajes de caricaturas, pero también con citas literarias.  Y lo logra, porque casi sentimos el calor agobiante del paisaje desértico de los estados del norte de México y saboreamos los platillos de Durango, Coahuila, Chihuahua, Nuevo León y Sinaloa; lugares  marcados fuertemente por el narcotráfico.   También suceden cosas en la ciudad de Toronto y, como muy buen “historietista”, en “Latveria”.

Bef hace de Alberto, el güero Ramírez, un sicario al servicio del narcotráfico, una especie de “antihéroe”.   Eliseo Zubiaga es el “Señor”, el jefe del Cartel de Constanza, quien desde la prisión, le “encarga” “liquidar” a un soplón.  El Checo y la Lola son sus compadres, los dueños de un burdel en Ciudad Lerdo en Durango, conocida como “Tierra de alacranes”.  En un pueblo de la frontera acaba siendo rehén de un trío de muy jóvenes asaltabancos que viajan en un Impala negro con flamas pintadas a los lados: Lizzy, la hija de el “Señor”,  el ahijado del “Señor” Fernando, El Picochilito  y Obrad, un paramilitar de Latveria; además hay dos matones con poca suerte, Tamés y el Gordo, o “el gordo y el flaco”.

Aquí empiezan a vivir Lizzy Zubiaga  y aunque brevemente, Andrea Mijangos.

Bernardo Fernandez, “Bef”, Ciudad de México 1972.

Fernández, Bernardo, Bef. Tiempo de alacranes. México: Mortíz. 2005. 135 págs.
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Hielo negro

Si no fuera por Andrea Mijangos, Hielo negro (2011),sería una narconovela más.

Cuando leí Hielo negro  pensé que si Bernardo Fernández no volvía a escribir una novela con Andrea Mijangos, Policía Judicial retirada y ahora, millonaria Detective Privada, se la plagiaba y escribía una serie de novelas con ella: “Seis años en el ejército. Cuatro en la División Antiasaltos de la Procuraduría para la región noroeste. Y ahora aquí. ¿Dónde más podría haber espacio para una mujer como yo? Policía Judicial. Metalera que maneja su moto oyendo a Fear Factory en su iPod.” Andrea Mijangos es una gorda fantástica: aterrizada, inteligente y perspicaz. Obsesionada por encontrar al asesino de Armengol, “su chaparro”. Pero ya conté el final.

Ya no hay “jefe” del Cartel de Constanza, sino “jefa”, Lizzy Zubiaga. Sofisticada, coleccionista del arte “outsider” de artistas desequilibrados y criminales, empresaria global con una consultoría financiera en la lujosísima zona de Santa Fe de la ciudad de México donde blanquea sus ganancias;  viaja en un  helicóptero que le da el don de la ubicuidad; invierte grandes cantidades en producir un neurotransmisor “a la medida”, el “Hielo negro”, que permite efectos más potentes, que es más barato y de más fácil distribución, porque sabe que la droga del futuro son las anfetaminas y todas sus variantes: anfetas, pastas, coca, cristal, tachas, que vende en Granada, en las calles de México o en Tánge.  Los policías son corruptos y aprovechan cualquier situación para lucrar, extorsionar, como el agente Armengol y su pareja el Pollito Alarcón. Y el malo es malo “de a deveras”, apodado “El médico”, entre médico-químico-fabricante-despiadado verdugo y matón.

Lizzy y Andrea ya se habían encontrado en Tiempo de Alacranes cuando la joven Lizzy viajó con Fer y Obrad, de Toronto a México, asaltando negocios y bancos y al final fueron emboscados por la policía. En Hielo negro, Lizzy y Andrea se encuentran en un extraordinario capítulo que va reproduciendo lo que cada una está pensando mientras pelean cuerpo a cuerpo en una playa de Cancún. El final queda abierto a más aventuras: Lizzy logra huir y Andrea descubre que un boleto de lotería que le había regalado “su parejita” estaba premiado.

Fernández, Bernardo, Bef. Hielo Negro. México: Grijalbo. 2011. 241 págs.

 

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Cuello blanco

En la portada de Cuello blanco (2013) se lee “otro caso de la detective Mijangos”, su segundo caso, después de Hielo negro pues en Tiempo de Alacranes  solo aparece brevemente y al final en su papel todavía de policía.  Pero a partir de Hielo Negro se puede decir que Bef hace a Andrea una especie de  “némesis” de Lizzy y a Lizzy la de Andrea, y en mi opinión, este antagonismo hace la trama.

Lizzy Zubiaga es bellísima y siempre viste a la última moda; es riquísima, poderosísima,  inteligente y cruel. Ha entendido que la venta de droga ya no es negocio porque ya no se puede andar por ahí con maletas llenas de dólares y que ahora lo importante es blanquear ese dinero a través de todas las trampas que el sistema financiero internacional lo permita. Ya no es más la cabeza del cártel de Constanza, ahora es la CEO de Media Development Associates, relacionada con los dueños de la Casa de Bolsa Blue Chip de la ciudad de México, Oscar Salgado y Alberto Suárez.

Al inicio de Cuello Blanco Andrea Mijangos, gorda, vestida de jeans y camisetas,  está en París con  el dinero del  premio del “melate” que le regaló Armengol. Su hermano Santiago la llama para contarle que uno de sus colegas, otro dibujante de cómics llamado Alejandro Padilla Mireles y conocido como el “Superhombre Muldoon”, había aparecido muerto. Santiago le dice que los colegas dibujantes no están de acuerdo en que haya muerto de un infarto y le ofrece su primer caso como detective privado.  Andrea regresa a México y empieza la investigación junto con el que fuera su pareja en la policía judicial, Ismael Rodríguez, “el Járcor”.

Mientras investigan la muerte de Muldoon, Andrea que está obsesionada por vengar la muerte de Armengol, “su chaparro”, se le ocurre que podría meter su dinero del melate en una casa de bolsa. Le propone al agente de la DEA Henry M.Dávalos una misión conjunta encubierta en la cual ella solicitaría los servicios financieros de Blue Chip para invertir su dinero y así tener acceso a la lista de clientes y a las sofisticadas maniobras del lavado de dinero.

Las obsesiones de Andrea con Lizzy, de Lizzy con Alberto y de Dávalos con una Andrea transformada en una muy guapa robusta mujer, se juntan y se enfrentan en una improbable fiesta por el aniversario de la empresa en un hotel de Miami, a la que habían concurrido los jefes de mafias internacionales genialmente of course caricaturizados.

FichaFernández, Bernardo, Bef. Cuello blanco. México: Grijalbo. 2013. 246 págs.

 

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Azul cobalto (Tiempo de alacranes)

En la dedicatoria de esta novela, BEF dice que le gustan las mujeres poderosas.

La ex-detective Andrea Mijangos es rica, atrae a los hombres y no le importa ser gorda,  su negocio de detective privado no funciona, se aburre y se enamora del Járcor, hace “numeritos” y al final dice que mejor se va a Cadereyta con su papá y su mamá.

Aída Lizbeth Zubiaga Cortés-Lugo, alias Lizzy Zubiaga, la cruel y racional jefe del Cártel de Constanza, ya sólo se dedica a ser “dealer” de arte, una dealer borracha, bebiendo el vodka y tomando los talfiles, que le suministra pacientemente ¿el traidor de la novela? (¿se puede hablar de traidores entre narcotraficantes?) Qué bueno que acaba en la cárcel porque tanto vodka, talfil y su don de la ubicuidad cansa al lector.

Varios narradores: el que cuenta la historia en tercera persona. En primera persona las aburridas reflexiones de Andrea. Insertos de informes de la DEA y de notas de sociales.  Y los muy previsibles correos electrónicos del “malo-traidor-alacrán”. Para completar la novela, (o llenar páginas) que  no thriller, se narran episodios de Siqueiros escondido en Guerrero pintando cuadros sobre tablas de masonite con pinturas para coche; del asesinato de Trotsky; de un judío vendedor de arte en Nueva York y el chino dealer Fang y un “rollo” sobre el idioma chino; de los cuadros que los nazis robaron a los judíos;  del poderoso narco “Sinaloa Lee”, un árabe “Jorge Alfredo”. Y de la Dea y Henry Dávalos.  Uf!!!

La historia gira en torno al asesinato del padrino de Lizzy, “el paisano”, en algún lugar cercano a los Mochis y la búsqueda de los asesinos. Lizzy llega de manera espectacular al entierro en los Mochis, en helicóptero y en los días siguientes ejecuta a seis de los que participaron en el asesinato del padrino.  Pero le falta encontrar al líder. En el poco tiempo que asumimos los lectores que dura la acción de esta novela, va un par de veces a Sinaloa a matar sicarios, asiste a cocteles del jet set en la ciudad de México donde aprovecha para contratar un joven pintor que falsifique cuadros de Siquerios y robar un Dr. Atl  que revende; parece que siempre está borracha, en Beijing, Tokyo, Nueva York o Bora Bora o en yates en el Pacifico y se hace de un cuadro robado por los nazis en Barriloche.  Su galán es un gánster ruso desdibujado como personaje pero con bonito nombre, Anatoli Dneprov, traficante de armas; igualmente desdibujados y confusos son los personajes de su asesor de arte Thierry Velasco y de su amante el “asesor de imagen” de Andrea, Bernie Mireault.  Y “Siempre al final, como el pinche perro”, está Paul.

Se podría decir que lo más interesante de la novela es la lista de las marcas de los vodkas que Paul Angulo le provee a su jefa.  ¿Qué te pasó mi Bef?

 

FichaBernardo Fernández. Azul cobalto (Tiempo de alacranes) México: Océano. 2016. 232 págs, Kindle Edition.