“De pronto el catalejo se detuvo, fijo en un punto. El Enano apartó un instante el ojo de la lente, se lo frotó, incrédulo, y volvió a mirar. —¿Alguien puede decirme qué diantre es eso?…”

Todos los mariscales se apresuraron a mirar en aquella dirección, e inmediatamente brotó un coro de mondieus, sacrebleus y nomdedieus. Porque allí, bajo el humo y el estremecedor ronquido de las bombas rusas, entre los cadáveres que el flanco derecho había dejado atrás en el desorden de la retirada, en mitad del infierno desatado frente a Sbodonovo, un solitario, patético y enternecedor batallón con las guerreras azules de la infantería francesa de línea, avanzaba en buen orden, águila al viento y erizado de bayonetas, en línea recta hacia el enemigo”.

 

En septiembre de 1812 la Grand Armée de Napoleón Bonaparte -el Petit Cabrón, el enano-, sus mariscales (Labraguette, Lafleury , Dufour, Murat, Legrand), se enfrentaron con los rusos en Sbodonovo, la batalla estaba perdida.  En el ejército de Napoleón había un batallón, el 326, formado por 450 españoles de infantería que vestían, muy a su pesar, el uniforme “gabacho”. “Raas-zaca-bum-cling-clang una y otra vez, y nosotros procurando mantener el paso y la formación a pesar de lo que estaba cayendo”.

Desde lo alto de una colina Napoleón y su estado mayor, miraban con estupor y desconcierto cómo el batallón de los españoles avanzaba sin detenerse, siguiendo la bandera con el águila francesa que enarbolaba uno de los españoles. Seguían a su capitán, el capitán García, hacia los cañones rusos, sin contemplar cómo a sus espaldas los “alonsanfán” estaban siendo aniquilados por los rusos.  El soldado que enarbolaba la bandera francesa traía escondida, debajo de su casaca, una bandera blanca.  Porque los españoles, aborrecían a los franceses más que a los rusos y su objetivo era “en buen orden y con tambores y banderas al viento”, pasarse a las filas de los “ruskis enemigo. “Con dos cojones”.

La narración de Arturo Pérez Reverte concluye que “Durante mucho tiempo, los historiadores militares han intentado explicarse lo que ocurrió en Sbodonovo, sin resultado”.

Irónica, hilarante, una breve y magnífica “joya”.

§

Los que saben han escrito que Arturo Pérez-Reverte conoce bien la historia de la campaña rusa de Napoleón, la conformación, tácticas y estrategias del ejército napoleónico.  Que conoce muy bien La Guerra y la Paz de Tolstoi. Y que mientras estos españoles luchaban con los franceses, en España con José “Pepe Botella” Bonaparte, se vivía la Guerra de la Independencia, y que sí hubo españoles en septiembre de 1812 en la batalla de Borodino.

Leer más reseñas de Arturo Pérez-Reverte

Arturo Pérez Reverte. La sombra del águila. España: Penguin Random House Grupo Editorial. 1993. 160 págs. Edición de Kindle.