Falcó

Agente secreto, espía y también asesino…

Las novelas de espías Falcó (2016), Eva (2017) y Sabotaje (2018) de Arturo Pérez-Reverte (España, 1951), son ejemplos de cómo la literatura puede ser un instrumento de reflexión de todo tipo de acontecimientos, y de cómo entender esa reflexión como una disquisición intelectual perspectivista, esto es ver los acontecimientos desde diferentes puntos de vista y bajo diferentes concepciones existenciales. En este caso la Guerra civil española, setenta años después y a través de tres novelas de espías, que recuperan extraordinariamente el ambiente, creando o recreando acontecimientos que pudieron haber sucedido.

Lorenzo Falcó*, es el “halcón elegante”, 37 años, siempre al filo de la muerte, pero con un cigarro en la boca e impecablemente vestido (trajes de Savile Row, corbatas Charvet, camisas Burgos, zapatos de Scheer, sombreros Montecristi o Borsalino), mujeriego que atrae y es atraído por mujeres, supuestamente “teniente de la Armada” y realmente encantador mercenario, ex traficante de armas, convertido en agente secreto y espía y lo que se requiera a las órdenes de los servicios secretos y de inteligencia del Servicio Nacional de Información y Operaciones del bando nacionalista, o sea, de Francisco Franco.** Un “señorito jerezano” que acabó siendo un espía, crítico, irónico, y adictivamente seductor. Mercenario al servicio del mejor postor.

 

Falcó. 1936, primeros meses de la Guerra Civil española, Salamanca, el cuartel general del bando nacionalista (franquistas, falangistas, nacionales españoles, alemanes, italianos).  El jefe del Servicio Nacional de Información y Operaciones, el almirante, “el jabalí”, con su ojo de vidrio, ordena a Lorenzo Falcó a viajar a Alicante en la zona roja, republicana, para liberar a José Antonio Primo de Rivera, preso en la cárcel de Alicante.  Falcó se une a otros nacionalistas, entre ellos Eva Rengel, el nombre que usa Eva Neretva, la agente doble rusa del NKVD (precursor del KGB), al servicio de los republicanos e infiltrada en el equipo de Falcó.

 

Eva. 1937. En un Tánger fascinante con una población de mitad extranjeros y mitad marroquíes y gobernada por gobiernos extranjeros***, Falcó tiene la orden de recuperar los treinta mil seiscientos cuarenta y nueve kilos de oro de la República escondidos en el barco “Mount Castle”, atracado en el puerto de Tánger, esperando poder zarpar hacia Odessa.  En el mismo muelle está atracado el “destructor” de los nacionalistas, el “Martín Álvarez”, listo para detener el barco republicano.  Falcó recorre sin cansancio la ciudad, presencia las reuniones de los marinos de los dos bandos en bares y prostíbulos, visita y usa la casa de Moira Nikolaos para reunir a los dignos capitanes de los barcos enemigos. Su apoyo es el fabuloso “matón” Paquito Araña. Y su rival es la no menos fabulosa Eva Neretva, a cargo de que el “Mount Castle” zarpe a Rusia con el oro de la República.

Sabotaje. 1937.  Su jefe, el muy ácido “almirante”, encomienda a Lorenzo Falcó una doble misión, en un Paris todavía cosmopolita y vibrante, pero ya con la sombra del nazismo y el fascismo. En esta “entrega”, Pérez Reverte hace a Falcó más mujeriego, más matón y “un perfecto hijo de puta”.  Su misión es acabar con el intelectual francés comprometido con “los rojos” (¿alter ego de André Malraux?) y destruir la pintura de Pablo Picasso, el “Guernica” que se exhibiría en el pabellón español de la Exposición Universal de París.  En el camino le da una paliza al famoso escritor norteamericano Gatewood (¿alter ego de Ernest Hemingway?) en un bar de Pigalle y besa a Marlene Dietrich. Al final de Sabotaje, Falco camina por los muelles del Sena con el agente ruso “Pablo” Kovalenco.

“…Falcó todavía analizaba el hecho de hallarse en compañía jefe de los servicios de inteligencia sovieticos para España, y sobre todo lo insólito de que él mismo siguiera vivo en vez de ser un cuerpo arrastrado por la corriente… Al principio[Kovalenco] había hecho algunos comentarios banales sobre la situación en España,  el ambiente en la retaguardia, las disputas políticas en Valencia,  el desorden republicano que ponía en peligro el desarrollo de la guerra…. Nada que Falcó no supiera…”

 

Escuchar los audiolibros de Falcó, Eva y Sabotaje es una experiencia diferente pero igualmente grata:  estuve en Salamanca, Alicante y París, escapé en el barco alemán al fracasar el atentando, presencié el secuestro de Eva y la angustia de Falcó por salvarla.  Caminé por todo Tánger y sufrí con Falcó sus migrañas y las golpizas que recibió, sin que  nunca perdiera el “estilo”. Finalmente, estuve en París y Picasso me pintó un retrato.

Arturo Pérez-Reverte. España, 1951.

Arturo Pérez Reverte. Falcó. España: Alfaguara. 2016. 296 págs. Kindle Edition. Audiobook by Audible, Amazon. 2017.

Arturo Pérez Reverte. Eva. España: Alfaguara. 2017. 296 págs. Kindle Edition. Audiobook by Audible, Amazon. 2017.

Arturo Pérez Reverte. Sabotaje. España: Alfaguara. 2018. 376 págs. Kindle Edition. Audiobook by Audible, Amazon. 2018.

Del mismo autor: ver la reseña  El francotirador paciente

*“Arturo Pérez-Reverte y el mundo de Falcó” escrito por Arturo Pérez-Reverte en “El País Semanal”, Octubre 8, 2017: https://elpais.com/elpais/2017/10/09/eps/1507500324_150750.html

**Wikipedia. La guerra civil española, o guerra de España, fue un conflicto social, político y bélico —que más tarde repercutiría también en una crisis económica— que se desencadenó en España tras el fracaso parcial del golpe de Estado del 17 y 18 de julio de 1936 llevado a cabo por una parte del Ejército contra el gobierno de la Segunda República. Tras el bloqueo del Estrecho y el posterior puente aéreo que, gracias a la rápida colaboración de la Alemania nazi y la Italia fascista, trasladó las tropas rebeldes a la Península en las últimas semanas de julio, comenzó una guerra civil que concluiría el 1 de abril de 1939 con el último parte de guerra firmado por Francisco Franco, declarando su victoria y estableciendo una dictadura que duraría hasta su muerte el 20 de noviembre de 1975.

***Wikipedia: El 24 de junio de 1925, Bélgica, España, Estados Unidos, Francia, Países Bajos, Portugal, el Reino Unido y la U.R.S.S. firmaron un acuerdo (Conferencia de Algeciras), por el que se establecía el condominio de estos países en lo que pasará a ser conocido como Zona Internacional de Tánger. Poco después, en 1928, se incorporaría también Italia. Esta situación se mantuvo durante toda la década de 1930.