“El Destino me hacía guiños …” se dijo a sí misma Alejandra Varela, “Lex”, cuando Mauricio Bosque, propietario y editor de Brnan Wood, editorial especializada en libros de arte, le solicitó que se convirtiera en su “scout” para encontrar a “Sniper”.

El contexto es el muy peculiar mundo del grafiti, una manifestación artística que ya tiene un lugar en la Historia del Arte. El grafiti es uno de los cuatro elementos, del  “hip hop”: música rap (oral), turntablism o  DJing  (auditivo), el break dance (físico) y el grafiti (visual).  La novela muestra sus códigos, sus leyes internas; una estética con parámetros diferentes y antagónicos a la tradicional, donde el lenguaje se desdobla para transmitir otros significados que están a la vista de todos, cotidianamente, en muchas ciudades del mundo, sin que tengamos conciencia de ello. El grafiti es ilegal porque si fuera legal no sería grafiti;  es clandestino, territorial, individualista, transgresor. Es la guerrilla del arte, las calles son el lienzo y los grafiteros sus escritores. No tiene la perversión del mercado, es un arte vivo que denuncia las contradicciones de nuestro tiempo y su mayor exponente, en la ficción de la novela, es conocido como “Sniper”, el grafitero que busca Lex, la detective y narradora de este thriller, con un papel como el del Dr. Sheppard en el El asesinato de Roger Ackroyd, de Agatha Christie (1928) y con diferentes grafiteros en el papel de Poirot.

El impresor Mauricio Bosque contrata a Lex como “scout” –o ella se deja contratar- para que busque y logre convencer a un grafitero que firma como “Sniper” para que acepte salir a la luz pública con un gran libro que presente su obra, organizar restrospectivas en los grandes museos del mundo y llevarlo a las casas de subastas. En la jerga editorial “scout”, es una persona que se encarga de localizar autores y libros interesantes, “Una especie de rastreador culto, cualificado, con buen olfato : alguien que frecuenta ferias internacionales de libros, hojea los suplementos literarios, toma el pulso a las listas de más vendidos, viaja en busca de novedades”. O sea, un buen detective.

Sniper, es una leyenda del “arte urbano”.  No se conoce su nombre, no hay fotos de él, no se sabe dónde se encuentra, sólo se sabe que tiene alrededor de cuarenta años y que luego de una estancia en México introdujo las calaveras o calacas influenciado por José Guadalupe Posada. Su firma o “tag” es un círculo blanco con una cruz, la mira telescópica del francotirador, el tirador de élite a grandes distancias y desde lugares ocultos, maestro del camuflaje que espera pacientemente y luego se retira sin ser visto. Pero en vez de rifles sus armas son los aerosoles y los rotuladores, la pintura y su enorme poder de convocatoria para, a través de claves por internet, pintas callejeras, mensajes de móviles o de boca a boca, atraer a “la comunidad internacional de escritores de paredes”, jóvenes con mochilas con aerosoles y rotuladores para realizar  “actuaciones” o “intervenciones” cada vez más difíciles y riesgosas. Las “intervenciones” son los montajes en cualquier tipo de pared, edificio, escultura, vagones de metro, de ferrocarril, donde expresan  según su individualidad, el tema propuesto por Sniper, primero un marcaje inicial y luego los trazos rápidos de aerosol que rellenan con color.

Lex empieza recorriendo Madrid buscando grafiteros que la ayuden en su investigación y al mismo tiempo buscando el tag de Lita “Espuma”, la joven grafitera de la que estaba enamorada y que murió en una intervención.  Se entera que el millonario dueño de una cadena de tiendas de ropa llamado Lorenzo Biscarrués, ha puesto precio a la cabeza de Sniper. Lo culpa de que su hijo menor de diecisiete años, Daniel, al igual que su amada Lita,  muriera al caer de una “intervención” convocada por Sniper en el techo del edificio de la Fundación Biscarrués sobre la Gran Vía en Madrid. Ahí quedó el tag de Daniel “Holden”, como Holden Caulfield. Su investigación la lleva a Lisboa, considerada capital del grafiti y que en una ocasión Sniper la había bombardeado con la imagen de un ojo tachado, en homenaje a Saramago; se entrevista con grafiteras quien le avisan que en internet hay una nueva convocatoria: “Sniper. Movida en Italia”. Lex se da cuenta de está siendo seguida por un hombre y una mujer que la siguen a Italia. En Verona admira la estatua de bronce en tamaño natural de Julieta, en el supuesto patio de su casa, con el cuerpo empapelado con billetes de cinco euros pegados y el rostro cubierto por una máscara de luchador mexicano y en el pedestal la firma y el círculo cruzado de francotirador, montaje  que convoca a veroneses y extranjeros ante la mirada estupefacta de las autoridades; luego presencia cómo sombras pintan corazones en fachadas, paredes o monumentos en el amanecer del 14 de febrero. En Roma se reúne con un especialista en el grafiti que le cuenta que Sniper siempre regresa a Nápoles porque los grafiteros napolitanos lo protegen como “una guardia pretoriana” y acepta una invitación de Lorenzo Biscarrués quien le ofrece una gran recompensa si le avisa dónde encontrar a Sniper.

Las descripciones de Lex en Nápoles son extraordinarias, así como las de los personajes que va conociendo en su búsqueda: el taxista, la amante napolitana, el grafitero consagrado convertido en artista. Cuando lo encuentra, Sniper la lleva a conocer su taller, “genial laboratorio de guerrilla urbana” y la invita a que lo acompañe a una de las intervenciones más riesgosas que ha realizado, en un hueco que forma una especie de nicho en uno de los túneles más profundos del metro de Nápoles, un lugar en el que los vagones al pasar forzosamente iluminarían su montaje. Ahí entre el estrépito de los vagones al pasar y el peligro que corren de ser aplastados, Lex vio en Sniper al francotirador paciente que piensa como un terrorista, que no busca un mundo mejor sino que cree que todos se merecen una bala en la cabeza.

“—Puede que recuerdes el depósito de la plaza de Castilla, en Madrid … ¿Te acuerdas, Sniper ?… Aquella actuación tuya de hace unos años. Una de las primeras. Dos chicos muertos: Lita y su compañero. Cayeron desde arriba cuando intentaban descolgarse con cuerdas de montañero para pintar la pared de ese depósito. Por sugerencia tuya . Para, en tus palabras de hace un momento, denunciar las contradicciones de nuestro tiempo. —Hiciste arte auténtico, desde luego… Dos chicos estrellados abajo, al pie de tu propuesta. Como el hijo de Biscarrués. Como los otros… —¿ Cuántos muertos, Sniper? ¿Los contaste alguna vez?… ¿Cuántas balas disparaste a la cabeza? ….. —¿ También con Lita vomitaste sobre su sucio corazón?…. —También en esto te equivocaste, francotirador. Tú como los otros ……

AutorArturo Pérez-Reverte. España. 1951.

 FichaPérez-Reverte, Arturo. El francotirador paciente. España: Alfagura. 2013. 312 págs. Kindle Edition.