Atticus Pünd – Susan Ryeland

Magpie Murders (2017) de Anthony Horowitz (Inglaterra, 1956) es una novela de detectives doblemente interesante: hay un doble enigma al estilo “whodunnit” y es un casi tratado de las características del estilo clásico de las novelas de detectives.

Hay una trama, dentro de otra trama, una contemporánea y la otra ubicada a finales de los años cuarenta; dos crímenes, dos asesinos y, por supuesto, dos detectives. Y sólo descubriendo al primer asesino, se podrá descubrir al otro asesino.

Hacia la mitad del libro, sabemos que la narradora se llama Susan Ryeland y que es la editora en jefe de ficción de Cloverleaf Books.  Charles Clover, su jefe le había dado el último libro de Alan Conway, el principal autor de la editorial y ambos habían pasado el fin de semana leyendo Magpie Murders, la que sería la última entrega de la serie del detective de origen alemán llamado Atticus Pünd, a quien su autor lo había condenado con una enfermedad terminal.  El lunes siguiente se enteran que Alan Conway se había suicidado, tal vez porque sufría una enfernedad terminal, y que a su novela Magpie Murders le faltaban los últimos capítulos. Susan, contrariando a su jefe Charles Clover, se pone a investigar la muerte del autor para encontrar los últimos capítulos del libro y, por supuesto, descubrir el asesino de la novela.

I grew up on Agatha Christie and when I’m on a plane or on a beach there’s nothing I’d rather read than a whodunnit. I’ve watched every episode of Poirot and Midsomer Murders on TV. I never guess the ending and I can’t wait for the moment when the detective gathers all the suspects in the room and, like a magician conjuring silk scarves out of the air, makes the whole thing make sense. So here’s the bottom line. I was a fan of Atticus Pünd. I didn’t need to be a fan of Alan Conway too.

Horrowitz logra crear dos ambientes paralelos semejantes en muchos aspectos y duplicar el enigma y el suspenso.  Reproduce esa parte íntima de las novelas de detectives inglesas clásicas, las del estilo “whodunnit”, con pocos personajes, pero  complicados;  el mismo contexto de los casi ideales pueblos ingleses; todos con motivo y oportunidad; y en las que al finalizar, siempre se sabe quién es culpable. Porque en el “whodunnit” “absolutamente todo tiene que ser completado”, por eso Susan tiene que encontrar los últimos capítulos y en su búsqueda,  vamos leyendo con ella la novela de Conway, conocemos sus interpretaciones y observaciones sobre todo lo que se debe saber de este estilo, y además, participamos en su investigación de la muerte de Conway.

…you can’t beat a good whodunnit: the twists and turns, the clues and the red herrings and then, finally, the satisfaction of having everything explained to you in a way that makes you kick yourself because you hadn’t seen it from the start…

…the first law of whodunnits that the most likely suspect never turns out to be the killer.

…Why is it that we have such a need for murder mystery and what is it that attracts us – the crime or the solution?

…the detective enjoys a , indeed  a unique relationship with the reader. Whodunnits are all about truth: nothing more, nothing less. In a world full of uncertainties, is it not inherently satisfying to come to the last page with every i dotted and every t crossed? The stories mimic our experience in the world. We are surrounded by tensions and ambiguities, which we spend half our life trying to resolve, and we’ll probably be on our own deathbed when we reach that moment when everything makes sense. Just about every whodunnit provides that pleasure. It is the reason for their existence. It’s why Magpie Murders was so bloody irritating.

…Of course, it’s the first rule of whodunnits that you discard the most obvious suspect.

 Anthony Horowitz. Inglaterra, 1956.

 Anthony Horowitz. Magpie Murders: A Novel. New York: HarperCollins. 2007. 496 págs. Kindle Edition.

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