La hora azul (2005) del escritor peruano Alonso Cueto empieza con la curiosidad de Adrián, el deseo de saber, de conocer, que se convierte en investigación y que evoluciona conforme la curiosidad inicial se transforma en obsesión, en pasión y finalmente en fascinación, la del Adrián por Miriam.

Pero la novela es más que una novela policíaca porque es testimonio de un momento histórico, Perú durante la muy sangrienta lucha contra Sendero Luminoso y sus repercusiones en la década de los noventa; y porque sus extraordinarios retratos psicológicos en este contexto de escisión y violencia nos ayudan a explorar la condición humana dejándonos profundamente conmovidos.

Además su prosa nos ubica sin confusión, es el habla del peruano, “…quieren contarnos sus cosas, eso nomás quieren”, con su ritmo lento, la repetición de posesivos y palabras, el peculiar “nomás” y la colocación del verbo después del predicado, al final de la frase: “…con tu marido, hemos estado, “…vimos puros cadáveres, bien torturados estaban”, “…pero su cuerpo, no tenemos”.

“…hay una chica, una mujer que conocí una vez, o sea, no sé si puedes encontrarla, allá, búscala si puedes, cuando estaba en la guerra. En Huanta. Una chica de allí. Te lo estoy pidiendo por favor. Antes de morirme” fueron las últimas palabras que le dijo su padre a Adrián Omarche.  Luego, cuando murió su madre, Adrián encontró entre sus cosas una carta intencionalmente dejada u olvidada por ella que le recordó la súplica que le había hecho su padre.  Los amigos de su padre sólo dijeron su nombre Miriam. Viajó a Huanta y Huamanga, en la región de Ayacucho, al sur de Lima, en lo que fue territorio del movimiento terrorista armado “Sendero Luminoso” y buscando a Miriam encontró los horrores de una guerra monstruosa que causó miles de muertos.  Supo que padre fue uno de esos militares sanguinarios que desde la trinchera gubernamental compitió en crueldad con los senderistas. Siendo el comandante del cuartel de la marina en Huanta, su soldados robaban jóvenes, casi niñas para su placer; luego de gozarlas se las entregaba a la tropa para que pasaran por todos y para que al final, las mataran. Una de esas niñas-jóvenes había sido Miriam, quien una noche logró escapar del cuartel vestida de soldado y corrió sin parar “antes de que llegara la mañana, antes de que llegara la claridad donde estaba en peligro, la hora azul de la primera madrugada”, hasta refugiarse en Huamanga.

“…una carta suya, he encontrado”. Cuando el abogado Adrian Ormache regresa a Lima de su viaje a Ayacucho, la curiosidad ya se había transformado en obsesión por encontrarla.  Por una carta que Miriam había enviado años atrás se enteró que había trabajado de sirvienta y que su apellido era Anco.  En el registro catastral aparecieron un par de propiedades a nombre de Vittorino Anco, quien resultó ser su tío “ …todo el tiempo buscándola, y ella estaba aquí nomás” se dice, cuando la encontró trabajando como peluquera en “La Esmeralda de los Andes”, en la municipalidad de San Juan de Lurigancho, el distrito de Lima más poblado del Perú, tan cerca y tan lejos de su casa en San Isidro.

“Que usted me andaba buscando, así me contaron” le dice cuando se encuentran.  Adrián se obsesiona, ya no podrá dejar de pensar en ella, la visita, la invita, le hace el amor, le hace preguntas sobre su hijo Miguel. Miriam, lacónica le habla de su preocupación por su hijo, por sus silencios, quiere tener, quiere darle esperanzas pero, “es difícil cuando uno tiene tantos muertos que te hablan”.  A Adrián que había nacido con todos los privilegios, abogado con un despacho con prestigio, con una esposa refinada, culta, elegante, Miriam le abrió “las puertas del palacio de la indiferencia”.

Alonso Cueto ha dicho que La hora azul es un cuento de hadas, pero al revés, pues  Adrián desde su estado de bienestar se enfrenta con una realidad terrible: la escisión social de Perú, en un momento doblemente trágico con una clase media y alta ilustrada viviendo muy cómodamente y una mayoría sobreviviendo con todos los problemas inherentes a la pobreza, que además había sido víctima de la sangrienta lucha entre los senderistas y el gobierno.  Los extraordinarios retratos psicológicos de los personajes, la madre, la esposa, los suegros, las hijas, el hermano ausente, su socio, su secretaria, sus clientes y frente a ellos el padre militar, Miriam y Miguel, nos permiten explorar la conducta humana y nos conmueve profundamente esa curiosidad que inexplicablemente se hizo obsesión, se transformó en pasión y finalmente se conviritó en fascinación por Miriam.

 Alonso Cueto, Perú. 1954.

 Alonso Cueto. La hora azul. Perú: Planeta. 2012. 299 págs.